Abel Guzmán, el estilista de 45 años acusado de asesinar a su compañero de trabajo en una peluquería de Recoleta en marzo de 2024, declaró: “Me escapé, tenía miedo de quedar preso y me angustié por todo lo que hice”. La primera jornada de audiencia contó con la intervención de la Fiscalía N°15, representada por la fiscal general Ana Helena Díaz Cano y el auxiliar fiscal Nicolás Tecchi.
Según el requerimiento de elevación a juicio, presentado por el fiscal Patricio Lugones, el 20 de marzo de 2024, Guzmán le disparó a Germán Gabriel Medina dentro de la peluquería "Verdini", ubicada en Beruti 3017, mientras la víctima se encontraba con sus compañeros al finalizar la jornada laboral.
El requerimiento detalla: “En ese contexto, Guzmán extrajo un arma de fuego de la cintura, le quitó el seguro, apuntó directo a la cabeza de la víctima y le disparó, provocando su fallecimiento unos instantes después”. Tras el ataque, Guzmán huyó por una ventana y permaneció prófugo durante más de 70 días, hasta que fue capturado en Moreno, provincia de Buenos Aires, gracias a una investigación de la Unidad Fiscal Especializada en Investigación Criminal Compleja (UFECRI).
La investigación reveló que Guzmán tenía conflictos con sus compañeros, principalmente por el uso de formol en sus trabajos de alisado, una sustancia prohibida debido a sus efectos tóxicos. A pesar de las advertencias de sus colegas y de su jefe, Guzmán continuó utilizando el formol.
El estilista enfrenta cargos por homicidio agravado por alevosía (por el crimen de Medina) y por privación ilegítima de la libertad agravada (por haber mantenido encerradas a la víctima y a otras cuatro personas en la peluquería, momentos antes del homicidio).
"No controlé y disparé"
En su declaración ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°24, integrado por los jueces Javier Esteban de la Fuente, Maximiliano Dialeva Balmaceda y Marcelo Roberto Alvero, Guzmán afirmó conocer al dueño de la peluquería desde 2006, ya que habían estudiado juntos. Cuando el dueño abrió su propio negocio, le ofreció trabajo.
Guzmán relató que los problemas con el dueño comenzaron cuando éste decidió cambiar la calidad de los productos utilizados. Sin embargo, aseguró que nunca se le prohibió usar formol, sino que solo se le indicó que debía reducir la cantidad.
Ante las preguntas de su defensa, Guzmán mencionó que ganaba un sueldo de 3 millones de pesos mensuales, lo que también generaba tensiones con su empleador. En este contexto, afirmó que habían discutido una posible indemnización de 55 millones de pesos, pero nunca se concretó. Justificó la posesión del arma de fuego argumentando que había sido asaltado dos veces al regresar a su casa en Merlo y, aunque no realizó la denuncia, comenzó a portar el arma cuando llevaba dinero.
Al recordar el día del homicidio, Guzmán dijo que iba a hablar con su jefe sobre la indemnización, pero éste le respondió que lo discutirían con los abogados.
Según su relato, escuchó a la víctima decir sobre él que lo iban a echar porque era "un empleado más". “Me enojé, no controlé ni mi ansiedad ni mi bronca. Agarré el arma y disparé, no medí las consecuencias”, confesó entre lágrimas.
Añadió que mantenía una relación cordial con Medina y que no habían tenido problemas. Tras el homicidio, dijo que arrojó el arma y el teléfono porque "había hecho algo muy malo" y se sentía "desahuciado".
“Me escapé porque tenía miedo de quedar preso, me angustié por lo que hice, me arruiné la vida y la de mi familia”, manifestó, y concluyó: “Quedé desempleado, sin indemnización, sin futuro, no tengo palabras para transmitir la bronca”.
El tribunal dispuso que las declaraciones de los testigos comenzarán el próximo martes 21 de abril.