La ANSES atraviesa un nuevo cambio en su conducción: el director ejecutivo Fernando Bearzi presentó su renuncia y será reemplazado por Guillermo Arancibia, en una decisión que, según fuentes oficiales, responde a una transición acordada en el marco de una nueva etapa para el organismo.
Desde el Ministerio de Capital Humano, encabezado por Sandra Pettovello, señalaron que la gestión entrará en una fase centrada en la digitalización y modernización de los procesos, con el objetivo de agilizar trámites y optimizar la administración. En ese contexto, la elección de Arancibia apunta a consolidar un perfil técnico que pueda implementar esos cambios, aunque el recambio también se da en medio de una dinámica de ajustes y movimientos constantes dentro del Estado.
Arancibia no es un nombre ajeno al organismo: hasta ahora se desempeñaba como subdirector Ejecutivo de Prestaciones, cargo al que había accedido en marzo de 2024. Previamente, había ocupado la jefatura de la Dirección General Unidad de Gabinete de Asesores, consolidando un perfil técnico con fuerte inserción en la estructura interna de la ANSES. Su designación confirma una tendencia del Gobierno a promover cuadros con experiencia operativa, aunque también deja en evidencia cierta dificultad para estabilizar liderazgos en áreas sensibles.
Con antecedentes que se remontan a distintas gestiones, Arancibia fue gerente general de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo durante el gobierno de Mauricio Macri. Antes, había desarrollado una extensa carrera en la Ciudad de Buenos Aires: en 2007 fue designado como Director General de la Dirección General de Estudios y Tecnología de la Información, cargo que ocupó hasta diciembre de 2015. Este recorrido muestra un perfil técnico-administrativo con continuidad en el sector público, más vinculado a la gestión que a la política partidaria.
Desde el Ministerio de Capital Humano, el nombramiento fue presentado como parte de una estrategia de “modernización” del organismo. El Gobierno de Javier Milei busca profundizar la digitalización de procesos, con el objetivo de agilizar trámites y optimizar la gestión de un sistema que concentra buena parte del gasto social. Sin embargo, estos anuncios conviven con un contexto de ajuste fiscal y reestructuración estatal que plantea interrogantes sobre el verdadero alcance de esas transformaciones.
La salida de Bearzi también resulta significativa. Con un perfil más ligado al mundo financiero y cercano al ministro de Economía, Luis Caputo, su paso por la ANSES fue breve pero alineado con la lógica de gestión económica del Gobierno. Antes de su llegada al organismo, había desarrollado carrera en el sector privado y académico, y ocupó roles en entidades como el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).
Su renuncia se inscribe en una serie de ajustes internos que en las últimas semanas alcanzaron distintas áreas de la administración nacional. En ese marco, la llegada de Arancibia puede leerse más como una continuidad técnica que como un cambio de rumbo. No obstante, el desafío es mayúsculo: la ANSES no solo administra jubilaciones y asignaciones, sino que es uno de los pilares del sistema de protección social en Argentina.
En definitiva, el nombramiento refuerza una lógica de gestión basada en perfiles técnicos y objetivos de eficiencia administrativa. Pero en un escenario de fuerte tensión sobre el sistema previsional, la clave no estará únicamente en la digitalización o en la optimización de procesos, sino en las decisiones de fondo sobre el alcance y el financiamiento de las prestaciones. Allí es donde la gestión de Arancibia comenzará a ser puesta a prueba.