Mientras el proceso legal avanza con lentitud, Nicolás Rodríguez y Daniela Silva Muñoz, figuras prominentes del kirchnerismo y empleados del Senado bonaerense, enfrentan un laberinto judicial cada vez más intrincado.
Su detención, a la espera de una resolución sobre su situación procesal, se ve ahora ensombrecida por la imputación de cinco nuevos episodios de abuso sexual, un eco doloroso que resuena con la incorporación de dos nuevas voces a la causa.
A pesar de las persistentes sospechas que han orbitado a su alrededor durante años, Rodríguez y Silva Muñoz lograron ascender en el ámbito político y consolidar su presencia dentro de la Legislatura provincial.
Él continuó ejerciendo como docente, mientras que ella se postuló como precandidata a concejala en 2021, bajo la bandera del Frente de Todos.
Un hilo de la investigación, tejido con paciencia por la fiscal bonaerense Betina Lacki, busca ahora desentrañar si existieron funcionarios que, a sabiendas de los abusos, optaron por mirar hacia otro lado. O, aún más grave, si participaron activamente en su encubrimiento.
Nuevos casos sacuden la investigación
Fuentes con acceso al expediente, consultadas por Infobae, revelan que las nuevas denunciantes son dos mujeres que compartieron la militancia con los detenidos. Sus relatos describen abusos sexuales que habrían ocurrido en 2015, marcando el inicio cronológico de los hechos que la investigación está reconstruyendo. Estos testimonios han sido incorporados a la causa abierta en 2019, una causa que no había experimentado avances significativos hasta el momento. La persistencia de la fiscal Lacki, sin embargo, ha logrado que la Justicia ordene la detención de Rodríguez y Silva Muñoz.

A diferencia de otros testimonios, estas nuevas víctimas no aluden a la existencia de una secta. Otras mujeres, en cambio, sí habían mencionado que Nicolás Rodríguez se autoproclamaba como un “Dios Kiei”, mientras que Daniela Silva Muñoz asumía el rol de “sensei” de “La Orden de la Luz”, una organización mística cuyos participantes, más allá de los imputados y las denunciantes, permanecen en las sombras, al menos por ahora.
En cambio, sus testimonios convergen en la descripción de múltiples actos de abusos que surgieron de sus vínculos en la militancia, subrayando la relación de poder asimétrica que existía entre ellas y sus referentes políticos. Una dinámica de control que, según sus relatos, facilitó la perpetración de los delitos.
Entre los cinco hechos denunciados, la fiscal Lacki ha identificado los siguientes delitos: abuso sexual con acceso carnal agravado por haber causado un grave daño en la salud mental de la víctima, privación ilegal de la libertad y violación de domicilio.