La Casa Rosada celebró. Fotos, declaraciones grandilocuentes y la promesa de un lugar “preferencial” en el mundo. Pero apenas se secó la tinta del acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos, en el Congreso se encendieron las luces de alarma. Diputados de Provincias Unidas y la Coalición Cívica presentaron un proyecto de resolución para citar al ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, y pedirle algo bastante básico: que explique qué se firmó.
El pedido no es caprichoso. En la oposición advierten un fuerte desbalance en la reciprocidad del acuerdo y ponen la lupa sobre una cláusula tan amplia como inquietante. El texto establece que si Estados Unidos adopta “una medida fronteriza u otra acción comercial” para proteger su economía o su seguridad nacional, la Argentina “cuando sea apropiado” adoptará una medida de efecto similar. Traducido al lenguaje llano: Washington decide, Buenos Aires acompaña. Cuándo, cómo y hasta dónde, nadie lo aclara.
Uno de los impulsores de la citación, el diputado Esteban Paulón, fue contundente en diálogo con Gente de Salta. “Los compromisos que asume la Argentina en términos de apertura comercial y de vínculo con Estados Unidos son muchísimo más profundos que los que asume EE.UU.”, sostuvo. Y agregó un dato clave: esa asimetría se da entre economías que ya son, de por sí, desiguales.
Paulón detalló que, mientras se anuncia una ampliación en la cuota de exportación de carne, se igualan cupos de importación y se habilita el ingreso de maquinaria, equipamiento médico, insumos agrícolas y medicamentos estadounidenses. A eso se suma —no menor— lo que Argentina cede en propiedad intelectual y en la industria del conocimiento.
“Es un acuerdo muy asimétrico. Queremos que el ministro nos explique cuáles son los beneficios concretos y qué análisis de riesgo y beneficio se hizo antes de firmar”, remarcó.
La pregunta incómoda apareció sola: ¿no debería haberse trabajado este acuerdo antes en el Congreso? Paulón fue claro en lo formal y ácido en lo político. “Reglamentariamente el Ejecutivo negocia y el Congreso ratifica. Pero esto compromete al país más allá de un gobierno. Lo lógico hubiera sido trabajar antes, con información. Desde el año pasado pedimos que vengan a informar y no vienen”, dijo. Y lanzó la comparación que duele: “Después te mandan 4.000 páginas y en un día quieren dictaminar y al otro ir al recinto, como pasó con el acuerdo con la Unión Europea, que lleva 25 años de discusión. Esto se hizo entre gallos y medianoche y hoy nos enteramos”.
Mientras tanto, desde el oficialismo el relato es otro. El vocero presidencial y jefe de Gabinete, Manuel Adorni, aseguró que el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocas “es para las 24 provincias y los 47 millones de argentinos” y celebró que Argentina sea “el primer país de América del Sur” en lograr un acuerdo de este tipo con Estados Unidos. Según Adorni, el pacto consolida el liderazgo regional y demuestra que el camino correcto es “el capitalismo y el libre comercio”, lejos del “estatismo proteccionista”.
El propio Quirno reforzó la épica: dijo que no se trata de un hecho aislado, sino del resultado de una estrategia sostenida, basada en la confianza y la previsibilidad. Habló de un modelo de apertura, desregulación y de un mercado de 340 millones de habitantes listo para recibir productos argentinos.
En un tono acorde al Gobierno Nacional, el exvicepresidente Carlos Ruckauf también salió a bancar el acuerdo. Para él, el mundo no es multipolar, sino una nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China-Rusia, con Europa fuera de juego y África directamente inexistente. En ese tablero, alinearse con Washington sería —según su visión— una decisión acertada.
El problema es que, entre las consignas ideológicas, los aplausos oficiales y las frases de manual, hay un acuerdo concreto con cláusulas concretas que todavía no pasaron por el tamiz del Congreso. Y cuando la diplomacia avanza a toda velocidad y el Parlamento corre de atrás, la pregunta no es si el mundo nos va a recibir bien. La pregunta es quién revisa la letra chica antes de pagar la cuenta.