Desde hace casi tres semanas, el Gobierno nacional logra sortear uno de los desafíos más sensibles para cualquier administración: el armado de las comisiones bicamerales que controlan y analizan temas estratégicos. Amparado en el receso estival y en una oposición fragmentada y sin una estrategia clara, el oficialismo consiguió postergar definiciones que generan fuerte interés político dentro del Congreso.
Sin embargo, la presión opositora promete incrementarse tras el anuncio —anticipado— del llamado a sesiones extraordinarias a partir del próximo 2 de febrero. En ese escenario, el Senado quedará obligado a avanzar con la integración de al menos dos comisiones unicamerales, lo que permitirá a la Casa Rosada comenzar a desplegar la agenda legislativa que considera prioritaria.

En diciembre pasado, la Cámara alta ya dio algunos pasos en ese sentido al conformar las comisiones de Trabajo y Previsión Social, que quedó bajo la presidencia de la jefa oficialista Patricia Bullrich (Capital Federal), y de Presupuesto y Hacienda, que continúa encabezada por el libertario Ezequiel Atauche (Jujuy). Ambas comisiones dictaminaron en plenario la reforma laboral, el principal objetivo del Ejecutivo para la primera quincena de febrero.
En la misma sesión, fueron reelectos los radicales Edith Terenzi —senadora por Chubut, con buen vínculo con el gobernador Ignacio Torres y actualmente fuera del bloque de la UCR— y Flavio Fama (Catamarca) al frente de las comisiones de Ambiente y Desarrollo Sustentable, y de Minería, Energía y Combustibles, respectivamente.
Aun así, el oficialismo evita acelerar la conformación de otras bicamerales que, incluso durante el receso, podrían funcionar sin inconvenientes. Entre ellas se encuentra la de Trámite Legislativo, encargada de revisar los decretos de necesidad y urgencia, un órgano clave para el control parlamentario del Ejecutivo.
La verdadera disputa: Gira en torno a una comisión mucho más codiciada: la bicameral de Inteligencia
Legisladores de ambas Cámaras reconocen en privado que se trata del espacio más “apetecible” del Congreso, ya que es el único que administra fondos reservados y permite un acceso privilegiado a información sensible del sistema de inteligencia. “Ya nos pasó de jugarle bien a diputados y senadores que, a la primera de cambio, miraron hacia un costado y nos complicaron. No hay apuro ahora”, admitieron el fin de semana pasado desde un despacho alineado con el presidente Javier Milei.
En el oficialismo también advierten sobre la volatilidad de algunos acuerdos parlamentarios. “Hay bloques que redujeron su integración pero siguen siendo fiables. En cambio, otros te hablan en nombre de supuestos votos que, cuando los chequeás, son menos”, señalaron. Además, remarcan que el escenario político no es el mismo que dos años atrás y que el temario de las sesiones extraordinarias será determinante antes de avanzar con nuevos repartos de poder interno.
El kirchnerismo, por su parte, aparece más fragmentado en el Senado que en Diputados, una situación que, según fuentes parlamentarias, explica la menor presión para reclamar espacios clave. “Si los cristinistas empiezan a quedarse con los mejores lugares, como hicieron siempre, se les revienta todo”, deslizaron desde el oficialismo.
Con las extraordinarias en el horizonte, el Gobierno apuesta a sostener el control de los tiempos y evitar concesiones prematuras en un Congreso donde cada comisión estratégica puede convertirse en un campo de batalla política.

