Ignacio Devitt llegó la semana pasada a la mesa política del gobierno de Javier Milei en un momento sensible, aunque ya hace tiempo trabaja junto a Manuel Adorni. Ahora más fuerte porque están en plenas negociaciones por la reforma laboral y con el Congreso como campo minado.
Sin embargo, su principal agenda no parece estar puesta en el tira y afloje parlamentario sino en otro frente igual de estratégico, aunque menos visible: sumar respaldo político en las provincias para habilitar el vapeo, una vieja aspiración de la tabacalera Philip Morris.

La multinacional tabacalera Massalin Particulares, controlada por Philip Morris, consiguió lo que durante años le había resultado esquivo: colarse en el corazón del vínculo entre la Casa Rosada y el Congreso y empujar su agenda desde adentro del poder. Ya no se trata de lobby externo, sino de influencia directa en los pasillos donde se deciden las leyes.
Devitt, segundo de Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete y enlace parlamentario de la Casa Rosada, estuvo la semana pasada en San Juan con ese objetivo. El dato no es menor: hasta noviembre pasado era gerente de Asuntos Externos de Philip Morris, la tabacalera líder a nivel mundial, con filial local en Massalin Particulares. Hoy, desde el Estado, empuja una agenda que el sector privado conoce de memoria.

Surgido de la Juventud del PRO, Devitt desembarcó en el círculo de los hermanos Milei de la mano del jefe de Gabinete. La señal política fue clara: ya aparece en la foto oficial de la mesa política difundida por el Gobierno, sentado al lado de Adorni, mate en mano. En los pasillos de Balcarce 50 lo definen sin rodeos como “el dos de Adorni”, con quien mantiene un vínculo de larga data y que fue clave para su llegada al corazón del poder.
No se mueve solo. A veces se lo ve acompañado por Aimé Vázquez, otra integrante del núcleo cerrado de la Jefatura. Y más allá de su despacho formal, Devitt entra y sale con frecuencia del ala Martín Fierro, donde orbitan Santiago Caputo y sus equipos, el verdadero laboratorio estratégico del mileísmo.

Su perfil académico completa el cuadro: licenciado en Ciencias Políticas por la UCA, magíster en Dirección de Empresas y Negocios por el IAE Business School y con formación como becario en Estados Unidos y Chile. Un currículum prolijo para alguien que pasó sin escalas del lobby empresarial al diseño de la estrategia política desde el Estado.
Mientras el Gobierno proclama la motosierra, la desregulación y el fin de los privilegios, la presencia de un exalto ejecutivo tabacalero empujando una agenda sensible desde la Jefatura de Gabinete deja una pregunta flotando en el aire: ¿dónde termina la gestión pública y dónde empieza el interés corporativo?
El discurso oficial invoca libertad, modernización y una regulación “inteligente”, lo que empieza a quedar a la vista es un mecanismo viejo y conocido: la captura del Estado por intereses privados. No hay épica libertaria ni innovación institucional cuando las decisiones públicas terminan alineadas con agendas corporativas de siempre.


