PolíticaConsecuencias de una crisis de liderazgo

El peronismo y la tentación del Frankenstein político

La política busca milagros donde debería haber ideas y, en ese vacío, un pastor mediático se convierte en opción. Entre la fe, el rating y la desesperación partidaria, el sistema vuelve a preguntar si necesita un programa de gobierno… o una señal divina.

Silvia Guzmán Coraita
por Silvia Guzmán Coraita 4 Febrero de 2026
4 Febrero de 2026
Dante Gebel en una de sus funciones
Dante Gebel en una de sus funciones .

¿Qué le pasa al peronismo que, en lugar de discutir una política en serio, busca armar su propio Frankenstein electoral? ¿En qué momento una fuerza que supo organizar a las mayorías decidió que su salida era coquetear con un pastor evangelista convertido en influencer global? La pregunta no es por Dante Gebel. La pregunta es por la política.

Mientras la dirigencia argentina se consume en su propia combustión interna, Dante Gebel sonríe desde California. No baja línea, no confirma candidaturas pero tampoco se desentiende. Simplemente deja hacer. Y ese gesto —aparentemente inocente— es hoy uno de los movimientos más elocuentes del tablero político: dejar que otros construyan, midan, operen y se desgasten, mientras él permanece puro, intacto, fuera del barro.

Gebel nunca dice que sí. Pero tampoco dice que no. Esa ambigüedad, tan ajena a la liturgia partidaria tradicional, es precisamente lo que lo vuelve atractivo para sectores desesperados por una salida rápida. Peronistas huérfanos de liderazgo, libertarios desencantados del primer mileísmo y dirigentes sin anclaje social real encontraron en el pastor influencer una posible síntesis: popularidad sin pasado político, discurso emocional sin programa explícito, fe sin dogma partidario… pero fe al fin.

Dante Gebel con IA
Dante Gebel con IA

La construcción comenzó a tomar forma durante diciembre y enero. Juan Pablo Brey y Eugenio Casielles recorrieron despachos, tantearon gobernadores, intendentes y legisladores, y empezaron a tejer un armado territorial todavía verde, todavía frágil, todavía más deseo que realidad. El objetivo, sin embargo, es claro: instalar a Gebel como opción presidencial

Gebel no es un improvisado en términos de exposición pública. Nacido en San Martín, vive hace más de quince años fuera del país y oficia desde hace once en la River Church, una megaiglesia en California con capacidad para casi cinco mil personas. Tiene más de 3,2 millones de suscriptores en YouTube y llena teatros con su show “Presidante”, una mezcla calculada de humor, reflexión y fantasía política que coquetea, sin decirlo, con el deseo de poder.

Conduce “Dante Gebel Live”, que se emite en distintos países, y el “Dante Night Show”, un late night transmitido en todo Estados Unidos. Es conferencista, actor, orador, comunicador profesional. Un producto mediático sólido. Y eso, en tiempos de redes, vale más que cualquier plataforma partidaria.

Su relato fundacional es conocido y repetido: una infancia atravesada por el dolor, la enfermedad y la fe. Un diagnóstico de Asperger, una madre con cáncer terminal, un padre alcohólico. La entrada a una iglesia en Del Viso como punto de quiebre. La sanación, el milagro, la misión. Desde entonces, el pentecostalismo como lenguaje y como identidad. Su hermano Diego, también pastor, eligió un camino distinto, más disruptivo, más marginal. Murió en 2010. Esa ausencia atraviesa su biografía y también su construcción simbólica. 

Juan Pablo Brey (derecha) conoció a Gebel a través de su padrino, Daniel Darling (izquierda), el CEO de River Church
Juan Pablo Brey (derecha) conoció a Gebel a través de su padrino, Daniel Darling (izquierda), el CEO de River Church

El armado político, sin embargo, todavía depende de la coyuntura. Febrero aparece como fecha clave, una vez superado el debate por la reforma laboral y con la pata sindical del espacio en pleno plan de lucha. Mientras tanto, el grupo “Consolidación Argentina” suma nombres, diagnósticos y contactos bajo una premisa inquietante: la campaña ya empezó, aunque el candidato todavía no lo admita.

En tiempos de descreimiento, la política vuelve a mirar hacia el espectáculo, la fe y las redes sociales. No es la primera vez, pero sí una de las más explícitas. Cuando los partidos se vacían de ideas, buscan carisma prestado. Cuando no hay proyecto, se apuesta al relato. Cuando no hay conducción, se mira al púlpito.

Dante Gebel observa todo desde lejos, sin mancharse los zapatos, mientras otros hacen el trabajo de hormiga, muchas veces un poco sucio. Tal vez esperando una señal divina. O, más probablemente, el momento justo para bajar del escenario y entrar a la Casa Rosada.

El problema no es que un pastor pueda hacer política. El problema es que la política, otra vez, parezca no poder hacerse sin un mesías.

Últimas noticias