El Senado de la provincia aprobó este jueves la reforma electoral impulsada por el oficialismo, que introduce modificaciones clave en el sistema de votación. La iniciativa impacta directamente en las categorías de legisladores e intendentes, con el objetivo —según sus impulsores— de ordenar la competencia electoral y evitar la dispersión de votos. Cabe destacar que la categoría de gobernador fue retirada del proyecto antes de su tratamiento en la Cámara de Diputados, lo que moderó parcialmente el alcance de los cambios.
Las nuevas disposiciones comenzarán a regir en las próximas elecciones provinciales para cargos legislativos, concejales e intendentes, y forman parte de una estrategia política más amplia para reorganizar el mapa electoral en el distrito.
En este contexto, uno de los puntos que suele aparecer en el debate sobre reformas electorales es la llamada ley de lemas, un sistema que ha sido aplicado en distintas provincias argentinas y que genera posiciones encontradas. Este mecanismo permite que un mismo partido o alianza (el “lema”) presente varias listas internas de candidatos (los “sublemas”) para un mismo cargo. Es decir, distintos postulantes compiten entre sí dentro de un mismo espacio político.
Al momento del conteo, los votos de todos esos sublemas se suman y el lema que obtiene la mayor cantidad total de votos resulta ganador. Luego, dentro de ese lema, se consagra el candidato más votado individualmente. Esto significa que puede darse la situación de que un candidato que no fue el más votado en términos individuales termine ganando la elección, gracias a la suma de votos de su espacio político.
Quienes defienden este sistema sostienen que permite ampliar la participación interna y evitar fracturas dentro de los partidos, ya que distintas corrientes pueden competir sin romper la estructura general. Sin embargo, sus críticos señalan que puede distorsionar la voluntad del electorado, al no garantizar que el candidato más votado de manera directa sea quien resulte electo.

El analista político Francisco D’Andrea sostuvo que la reforma electoral debe leerse más como una herramienta de organización interna que como una garantía de triunfo: “Si bien dicen que es favorable al gobierno, si la presenta el oficialismo es porque considera que le sirve, pero no sé si en términos de resultados”, explicó.
En ese sentido, remarcó que el principal objetivo sería “ordenar el lío de candidatos que tiene para adentro”, especialmente en distritos clave como la capital, donde —según señaló— el oficialismo necesita “ponerle más músculo” a su oferta electoral. D’Andrea advirtió que el impacto real es incierto: “Lo veo más como una cuestión ordenadora que de ganar, porque el resultado es una moneda al aire”, y agregó que incluso podría terminar beneficiando a otros espacios, como La Libertad Avanza o el peronismo, que podrían sumar fuerzas sin dividir votos.
“Hoy parece que le favorece al gobierno, pero mañana puede favorecer a otro”, analizó D’Andrea .
La reforma aparece, en parte, como un intento de contener fugas internas y evitar que figuras como la del actual intendente capitalino, Emiliano Durand se desprendan del armado oficialista. Sin embargo, en el propio oficialismo reconocen que la herramienta puede volverse en contra, ya que su efecto final es difícil de controlar en un escenario cambiante. No es casual, en ese sentido, que “la categoría de gobernador haya quedado afuera”, dice D’Andrea : una señal clara de que, cuando el riesgo es mayor, prefieren no experimentar con las reglas de juego.
Otro punto clave será cómo impacte esta reforma en la dinámica interna de los espacios políticos. Según advierten analistas, la experiencia previa con la ley de lemas mostró que muchas veces las disputas internas terminan debilitando a los propios partidos, generando una especie de “carnicería” entre candidatos del mismo espacio que es aprovechada por rivales con listas únicas. “Así los renovadores les ganaban a los justicialistas”, grafican, al recordar cómo la fragmentación interna facilitaba triunfos ajenos. Además, si bien el nuevo esquema introduce límites —como un máximo de cuatro listas—, esto también podría derivar en acuerdos cerrados o decisiones más verticales (“a dedo”) al momento de definir candidaturas. En ese marco, aunque hoy sectores como La Libertad Avanza o el peronismo cuestionan la reforma, no descartan que en el futuro también puedan beneficiarse, especialmente si logran confluir en frentes amplios que potencien votos sin dividirlos.
En el marco de esta reforma, si bien no se ha confirmado la implementación plena de este mecanismo, el debate sobre la ley de lemas vuelve a tomar relevancia, especialmente en lo que respecta a cómo se organizarán las candidaturas y se canalizará la competencia política en las próximas elecciones.