El exsenador nacional Esteban Bullrich formalizó este 24 de junio su renuncia irrevocable al Pro mediante una carta dirigida a Mauricio Macri, en la que expuso motivos políticos y personales para justificar su alejamiento de la fuerza que integró desde su fundación. La decisión marca un quiebre significativo con el espacio en el que desarrolló gran parte de su trayectoria pública.
“Una parte importante de mi vida está unida a la historia del Pro”, afirmó Bullrich en el inicio del texto, en el que repasa el recorrido compartido y el objetivo original de construir “una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones”.
Sin embargo, sostuvo que en los últimos tiempos dejó de reconocer ese espíritu en la conducción partidaria. “No se trata de diferencias tácticas ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos”, advirtió.
Bullrich hizo especial hincapié en lo que definió como una obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales. En ese marco, señaló que su permanencia en el Pro implicaba “aceptar silencios y decisiones” con las que ya no podía identificarse, lo que terminó de precipitar su decisión.
En la carta menciona como punto de inflexión la “protección brindada a Manuel Adorni”, a la que considera un ejemplo de cómo “la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética”. Según planteó, es en esos momentos donde las organizaciones “revelan su verdadera identidad”.
El exsenador aclaró que su salida no responde a sentimientos de enojo ni resentimiento, sino que se trata de una decisión tomada con serenidad. “Conservo intacto el afecto por quienes siguen creyendo de buena fe en el Pro”, expresó, al tiempo que reconoció a Macri por haber impulsado un espacio que “cambió para siempre el mapa político argentino”.
Bullrich padece esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta progresivamente la movilidad y el habla, y que lo llevó a alejarse de la actividad política activa en los últimos años. En la carta, reconoce que esa condición modificó su forma de ver la vida. “Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia”, escribió.
Desde ese enfoque, reivindicó una idea de liderazgo vinculada a la coherencia más que al poder: “El verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos”.
Bullrich también dejó en claro que su compromiso con el país continúa vigente, aunque por fuera de la estructura partidaria. Señaló que seguirá trabajando “desde donde Dios me permita” para promover una cultura política que entienda el poder como servicio y la verdad como un deber.
En el cierre de su mensaje, Bullrich dejó un deseo dirigido a su antiguo partido: que logre reencontrarse con los principios que le dieron origen. “Los partidos políticos, como las personas, solo perduran cuando tienen el coraje de volver una y otra vez a esos valores”, concluyó.
La carta completa de Bullrich a Mauricio Macri
Al Ing. Mauricio Macri
Presidente del PRO
De mi mayor consideración:
Por medio de la presente quiero presentar mi renuncia irrevocable al PRO, partido que tuve el honor de fundar junto a vos hace más de veinte años.
No es fácil escribir estas líneas. Una parte importante de mi vida está unida a la historia del PRO. Compartimos el sueño de construir una nueva forma de hacer política, basada en la honestidad, la cercanía, la vocación de servicio y el respeto por las instituciones. Desde ese sueño asumí responsabilidades que marcaron mi vida y puse siempre lo mejor de mí para honrar la confianza que el partido y la sociedad depositaron en mí.
Justamente por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales.
Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos.
Mi enfermedad me obligó a mirar la vida desde otro lugar. Me enseñó que el tiempo es demasiado valioso para vivir en contradicción con la propia conciencia. También me confirmó una convicción que atraviesa Liderazgo espiritual: el verdadero liderazgo no nace del poder ni del éxito electoral; nace de la coherencia entre los valores que proclamamos y las acciones que elegimos cuando esos valores son puestos a prueba.
En ese camino de reflexión fui comprendiendo que permanecer en el partido implicaba aceptar silencios y decisiones con las que ya no podía identificarme.
La protección brindada a Manuel Adorni fue, para mí, el hecho que terminó de hacer evidente esa distancia. No porque crea que una persona defina el destino de un partido, sino porque las organizaciones revelan su verdadera identidad en aquello que deciden justificar, tolerar o defender. Cuando la conveniencia política comienza a pesar más que la responsabilidad ética, el liderazgo pierde su sentido más profundo.
No escribo estas palabras desde el enojo ni desde el resentimiento. Siento un profundo agradecimiento por el camino recorrido, por las oportunidades que recibí y por tantas personas valiosas con las que compartí este proyecto. Conservo intacto el afecto por quienes, desde distintos lugares, siguen creyendo de buena fe en el PRO.