En el corazón del bosque patagónico, donde el aire huele a tierra húmeda y resina, Juliana Awada (51) encuentra su refugio, una tradición que se extiende por más de quince veranos.
Este año, sin embargo, el paisaje es diferente. Tras su separación de Mauricio Macri (66), la ex primera dama se ha instalado en su fabulosa residencia de Villa La Angostura junto a sus hijas, Valentina Barbier (22) y Antonia Macri (14), buscando la paz que solo la naturaleza puede ofrecer, según la revista Hola!
Conocida discretamente entre los lugareños como "la casa negra", una referencia a su diseño moderno y minimalista, la morada se alza en Bahía San Patricio, dentro del exclusivo Cumelén Country Club. Este rincón privilegiado, que antaño albergara las vacaciones del matrimonio presidencial, ahora resuena con nuevos matices y silencios reveladores.

Fiel a su compromiso con la naturaleza y la sustentabilidad, Awada insistió en que ni un solo árbol fuera talado durante la construcción. La casa, por lo tanto, se adaptó al entorno, integrándose armoniosamente con la flora nativa.
Los techos, diseñados para recolectar agua de lluvia para el riego, son un testimonio de esta filosofía, al igual que la espaciosa área destinada a los huéspedes. Por sus estancias han pasado Elsa "Pomi" Baer (89), la madre de Juliana, irradiando sabiduría; Agustina (42) -la hija mayor de Macri-, acompañada de su mujer, Bernardita Barreiro (32); y, recientemente, Delfina Rossi, sobrina de Awada e hija del arquitecto que dio forma a este hogar.
También fue el escenario donde Antonia, la hija menor del ex matrimonio presidencial, recibió a sus amigas este verano, creando recuerdos que perdurarán más allá de las estaciones.