El conflicto entre Israel, Estados Unidos e Irán entró este lunes en una nueva fase de escalada simultánea, marcada por ataques cruzados, advertencias cada vez más duras y gestiones diplomáticas que avanzan en paralelo.
Durante la jornada, Irán e Israel volvieron a bombardearse mutuamente, en un escenario que profundiza la inestabilidad en la región. En ese contexto, el expresidente Donald Trump lanzó su amenaza más explícita hasta el momento a través de Truth Social: advirtió que podría ordenar la destrucción de infraestructuras clave iraníes —como centrales eléctricas, pozos petroleros, la isla de Kharg y plantas desalinizadoras— si no se alcanza un acuerdo “en breve”.

Sin embargo, en un mensaje que refleja la complejidad del momento, también aseguró que las negociaciones con Teherán avanzan y que el régimen permitiría el paso de 20 buques por el estratégico estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio energético global.
La escalada también golpea otros frentes. En el sur del Líbano, la misión de paz de la ONU confirmó la muerte de dos cascos azules indonesios en menos de 24 horas, ambos en ataques separados. Un tercer efectivo permanece en estado crítico, lo que incrementa la preocupación internacional.
En ese contexto, la ministra de Defensa de España, Margarita Robles, calificó la situación como “gravísima” y reclamó tanto a Israel como a Hezbollah el cese inmediato de las hostilidades. Los 700 militares españoles desplegados en la zona, según informó, se encuentran ilesos.
El impacto del conflicto ya se siente con fuerza en la economía global. El precio del petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares ante la incertidumbre y la falta de perspectivas claras para una resolución, en una crisis que ya supera el mes de duración.

En paralelo a la escalada externa, el gobierno iraní endureció su frente interno. Según denuncias de organizaciones de derechos humanos, dos presos políticos de la oposición fueron ejecutados en la prisión de Ghezel Hesar, acusados de pertenecer al grupo disidente MEK. Las ONG interpretan estas ejecuciones como una estrategia de intimidación para silenciar la disidencia en medio del conflicto regional.

La violencia también golpea otros frentes. En el sur del Líbano, la misión de paz de la ONU confirmó la muerte de dos cascos azules indonesios en menos de 24 horas, en ataques separados. Un tercer efectivo permanece en estado crítico.
Ante este escenario, la ministra de Defensa de España, Margarita Robles, calificó la situación como “gravísima” y exigió a Israel y a Hezbollah el cese inmediato de los ataques. Los 700 militares españoles desplegados en la zona, según informó, se encuentran ilesos.
El impacto del conflicto ya se siente con fuerza en la economía global
El Fondo Monetario Internacional advirtió que los efectos de la guerra sobre la inflación y el crecimiento serán desiguales según cada país, dependiendo de su exposición energética y capacidad fiscal. Señaló además que los precios de la energía, las cadenas de suministro y los mercados financieros son los principales canales de transmisión de la crisis, iniciada el 28 de febrero tras una operación conjunta de Estados Unidos e Israel.
En los mercados, la volatilidad es evidente. Las principales bolsas europeas cerraron en alza pese a la incertidumbre: Londres subió 1,43%, Fráncfort 1,18%, Milán 1,02%, Madrid 0,99% y París 0,92%. En contraste, en Asia hubo pérdidas: Tokio cayó 2,8% y Hong Kong 0,8%.

En Estados Unidos, los índices también mostraban tendencia positiva, con subas en el Nasdaq, el Dow Jones y el S&P 500.
El petróleo, en tanto, sigue siendo el termómetro central de la crisis. El barril de WTI superó nuevamente los 100 dólares, mientras que el Brent se mantiene en niveles elevados en comparación con los cerca de 60 dólares previos al conflicto.
En paralelo, continúan los intentos diplomáticos. Los cancilleres de Turquía, Pakistán, Egipto y Arabia Saudita se reunieron en Islamabad para explorar posibles vías de desescalada.
Mientras tanto, el Pentágono evalúa escenarios de mayor intervención, incluyendo operaciones terrestres con fuerzas especiales. Un buque anfibio con 3.500 marines ya se encuentra desplegado en la región, en una señal clara de preparación ante un posible agravamiento del conflicto.