Qué hay detrás del polémico término "chineo"

La política no le encuentra la vuelta: En pleno siglo XXI siguen debatiendo cómo frenar la violencia sexual contra mujeres indígenas en Salta

La Cámara de Diputados aprobó con modificaciones un proyecto de ley que busca visibilizar y abordar el problema estructural del norte argentino al que califica como crímenes de odio. Vuelve al Senado, pero no hay claridad al respecto.

Por Equipo de Investigación Gente de Salta

Comunidad Wichi — (Foto: Javier Corbalán)

En pleno siglo XXI, la violencia sexual contra niñas y mujeres indígenas en el norte argentino persiste como un problema estructural. En la provincia de Salta, la discusión sobre el denominado “chineo” –término que describe abusos sexuales cometidos contra mujeres indígenas por hombres no indígenas– vuelve a ocupar la agenda pública, aunque la respuesta estatal sigue siendo insuficiente.

Aunque los casos existen desde hace décadas, e incluso adentrándose en la historia nace desde la propia colonización, la visibilización del “chineo” es relativamente reciente. Estudios de antropólogos y organizaciones de derechos humanos documentaron patrones de violencia sexual sistemática con componente racista, que afectan a comunidades como las Wichí, Toba, Qom y Guaraní. La distancia geográfica, las barreras lingüísticas y la impunidad histórica todavía dificultan las denuncias y el acceso a la justicia.

Mujer Wichi (Foto: Javier Corbalán)

La polémica de los términos: “Chineo” y “ramiada”

El término "chineo" es controvertido y se acuñó como parte de una cultura popular hasta que las propias mujeres indígenas se animaron a levantar la voz, como lo hizo en su momento la referente Octorina Zamora, para denunciar que de cultural no tiene nada, es abuso sexual en contextos de violencia extrema y vulnerabilidad de todas las formas posibles.

La palabra “china” en el contexto colonial y rural del Cono Sur se usa todavía para referirse a mujeres indígenas o mestizas, muchas veces de manera despectiva, aunque algunos lo adoptaron en términos cariñosos “mi china, la china”. El término “chinear” empezó a utilizarse en ámbitos rurales para describir el acto de acceder sexualmente a mujeres indígenas, adolescentes y en contextos de vulnerabilidad, como prácticas de dominación del “hombre blanco”. 

También aparece la palabra “ramiada”, una práctica abusiva en la que arrastran de los cabellos a las adolescentes para abusarlas, en contextos de carnaval o “celebraciones” tradicionales en las que convergen indígenas de comunidades Coya y criollos, en regiones andinas de Salta y Jujuy, según indicó a este medio una psicóloga social que recorre las zonas rurales. 

Carnaval andino (ilustrativa)

La profesional agregó que denunciar un abuso sexual puede convertirse en una carrera contra el abandono estatal. Abundan historias de violencia contra mujeres indígenas que siguen emergiendo entre silencios, miedo y barreras institucionales, especialmente en el ámbito de estos cruces culturales donde se abren espacios de vulnerabilidad donde ocurren abusos.

Hay situaciones que evidencian malas prácticas institucionales en la atención de víctimas de abuso sexual, desde lo policial como así también en salud, agregó. "Las dificultades no terminan allí. En muchas comunidades indígenas denunciar implica atravesar múltiples barreras: racismo, discriminación, falta de intérpretes y grandes distancias geográficas para acceder a una comisaría o fiscalía. En ocasiones, las propias dependencias policiales no cuentan con personal capacitado para abordar casos de violencia sexual en contextos interculturales.

Lamentablemente, de acuerdo a testimonios recopilados por Gente de Salta entre mujeres de las comunidades originarias, los propios varones de sus comunidades, caciques o incluso padres de familias, repitieron estas practicas sobre las menores de sus comunidades y de sus propias familias, trayendo consigo el drama del incesto y nacimientos de niños con patologías propias de la consanguinidad.

Octorina Zamora en 2020  (Foto: Javier Corbalán)

Investigadores consideran un término nacido dentro de una lógica colonial y racista, con el riesgo de naturalizar o trivializar la violencia, invisibilizando que se trata de abusos y violaciones. Otras organizaciones indígenas y feministas, en cambio, decidieron mantener el término pero resignificarlo, porque:

  • Permite nombrar una práctica histórica de violencia racial
  • Ayuda a visibilizar un fenómeno específico del norte argentino
  • Tiene impacto político y mediático

Más allá del término, especialistas coinciden en que el verdadero conflicto es otro: la falta de investigaciones judiciales suficientes, dificultad para denunciar, ausencia del Estado en territorios rurales, impunidad histórica. Por eso el debate lingüístico existe, pero no reemplaza la necesidad de políticas concretas y justicia efectiva.

Debate legislativo y medidas recientes

En la provincia de Salta, la Cámara de Diputados aprobó esta semana con modificaciones un proyecto de ley destinado a prevenir, visibilizar y educar sobre crímenes de odio y agresiones sexuales contra pueblos originarios, que ahora vuelve al Senado para su revisión.

La iniciativa incluye la intervención del Ministerio Público Fiscal de Salta, a través de la Defensoría Especializada en Violencia contra las Mujeres, para el seguimiento de los casos y la protección de las víctimas.

Si bien estas medidas buscan generar concientización y capacitación, referentes comunitarios alertan que por sí solas no alcanzan. La ausencia de fiscalías especializadas, la falta de presencia institucional en territorios rurales y la impunidad histórica limitan el impacto real de estas políticas.

A pesar de la visibilización mediática y los debates legislativos, la respuesta efectiva sigue siendo limitada. Las víctimas enfrentan obstáculos para denunciar, barreras culturales y geográficas, y una justicia que no siempre actúa. Se requieren acciones integrales: investigación penal efectiva, protección de víctimas, presencia territorial del Estado y educación comunitaria con enfoque de derechos humanos.

Mientras tanto, el debate sobre el “chineo” sigue vivo, reflejando que la sociedad reconoce el problema, pero aún no logra convertir el diagnóstico en soluciones concretas.

Legislatura de Salta. (Foto: Javier Corbalán)

Violencia sexual contra niñas indígenas que persiste desde la colonización

Durante la colonización, la llegada de la menstruación a una niña era celebrada dentro de las comunidades indígenas como un rito de paso hacia la adultez. Hacían fiestas y fogones típicos, con danzas. Los colonizadores españoles, al enterarse de estas celebraciones, se filtraban en ellas y "a la rastra" violaban a las niñas para luego convertirse en sus patrones, estableciendo un patrón de violencia sexual con componente racial que se reproduciría durante siglos.

Hoy, este fenómeno sigue vigente en provincias como Salta, Chaco, Tucumán y Jujuy. Las víctimas, muchas veces provenientes de contextos de extrema pobreza, enfrentan escenarios de abandono social: desnutrición, familias vulnerables, y barreras lingüísticas y culturales que dificultan la denuncia. 

Octorina Zamora en 2020 (Foto: Javier Corbalán)

Los abusos no son casos aislados, sino prácticas sistemáticas con complicidad social y política, perpetradas por hombres con poder —que hoy alcanza a policías, comerciantes, gendarmes y funcionarios—, y en ocasiones toleradas incluso por miembros de la comunidad a cambio de prebendas.

Estas violaciones generan consecuencias devastadoras: embarazo precoz, lesiones físicas graves, suicidio y mortalidad infantil; sin fallos ejemplares que responsabilicen a los agresores.

La campaña #BastaDeChineo

La campaña #BastaDeChineo nació como iniciativa de activistas, organizaciones indígenas y movimientos feministas que venían denunciando la práctica desde finales de 2019, cuando comenzaron a exigir públicamente que esta violencia sexual sistemática fuera reconocida y enfrentada como un problema estructural, racista y colonial (durante movilizaciones como la ocupación pacífica del Ministerio del Interior y encuentros de mujeres indígenas por el Buen Vivir).

Basta de chineo - Campaña

A nivel institucional, la campaña cobró forma oficial a mediados de julio de 2022 con el lanzamiento de la acción “El chineo es abuso sexual infantil – #BastaDeChineo”, presentado por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y el gobierno de Salta en la localidad de Santa Victoria Este, con actividades de sensibilización y diseño de rutas de denuncia ante esta violencia en comunidades originarias.

La campaña también reclama la creación de defensorías territoriales de mujeres indígenas bajo la tutela del Ministerio de Justicia de la Nación, encargadas de relevar los casos, proveer mecanismos de resguardo y ofrecer asistencia psicológica, sanitaria y de seguridad a las víctimas.