El intendente de La Caldera, Diego Sumbay, se reunió en las últimas horas con autoridades provinciales y logró el envío de maquinaria pesada para intervenir en la zona sur del municipio. Desde este lunes, cinco máquinas trabajan en el sector con el objetivo de desviar el cauce del río y avanzar en obras de contención y protección. Sin embargo, para muchos vecinos de la zona, la respuesta vuelve a llegar cuando el riesgo ya es inminente o el daño está hecho.
Del encuentro participaron el ministro de Gobierno y titular de Aguas del Norte, Ignacio Jarsún; el secretario de Interior, Javier Diez Villa; y el secretario de Obras Públicas, Hugo de la Fuente. Tras la reunión, comenzaron los trabajos con dos orugas —una aportada por la Secretaría de Recursos Hídricos—, una retroexcavadora municipal, una topadora de Vialidad Provincial y una máquina de Aguas del Norte. En los próximos días se sumarán camiones enviados por la Municipalidad de Salta, tras la colaboración ofrecida por el intendente capitalino Emiliano Durand.

Las tareas buscan reforzar defensas, proteger viviendas y desviar el río, en una localidad atravesada y rodeada por ríos y arroyos. El propio Sumbay reconoció ante las autoridades provinciales que existen barrios asentados en zonas inundables, algunos de ellos autorizados en sectores que, según dictámenes técnicos de la Secretaría de Recursos Hídricos, se encuentran directamente sobre el lecho del río.
Si bien desde el Municipio recuerdan que en los últimos años se ejecutaron distintas obras hídricas —encauzamientos de arroyos, defensas, canalización de desagües, apertura de caminos rurales y la construcción de badenes—, los vecinos del sur de La Caldera sostienen que las intervenciones suelen ser reactivas y no preventivas. Cada crecida vuelve a poner en evidencia la falta de soluciones de fondo y la vulnerabilidad de las familias que viven en las zonas más expuestas.
A lo largo del tiempo también se realizaron pedidos reiterados a Vialidad Nacional para el mantenimiento y mejora de la Ruta Nacional 9, otro punto sensible durante las lluvias intensas. Mientras tanto, en el territorio, la sensación que se repite entre los habitantes es la misma: “las máquinas llegan, pero siempre después de la alarma, cuando el agua ya avanzó y el miedo volvió a instalarse en los barrios”, dijo una vecina del lugar.

