El Poder Ejecutivo dispuso finalmente el traslado del Sable Corvo del Libertador General Don José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional hacia la sede del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín y generó un fuerte rechazo político e institucional.
La medida se formalizó a través del Decreto 81 de 2026, publicado en el Boletín Oficial, y establece que el símbolo histórico será trasladado a la Avenida Luis María Campos 554 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde el Regimiento tendrá la responsabilidad de su preservación, seguridad e integridad conforme a las normas y protocolos aplicables.

El Sable Corvo integra el patrimonio histórico de la Nación Argentina y constituye uno de los símbolos más representativos de la soberanía nacional y de la consolidación de la independencia, según destacan los considerandos del decreto. El bien fue donado al Estado Nacional en el año 1897 con la finalidad de asegurar su preservación y custodia estatal.
Dirigentes políticos de la oposición y asociaciones de historiadores expresaron su profundo rechazo a la decisión del presidente Milei de retirar el Sable Corvo de San Martín del Museo Histórico Nacional, donde permanecía exhibido desde el 2015, para trasladarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo.
Argentina Humana, la plataforma social de Juan Grabois, presentó una medida cautelar para que el jefe de Estado “no se robe el sable de San Martín” y calificó la decisión como “un caprichito de Milei”.
“Este traslado es solo un carpichito de Milei: en el decreto en ningún momento se justifica los motivos por el que no puede permanecer más en el Museo Histórico Nacional ni se menciona el modo en que será conservado el Sable”, cuestionaron en la organización.

Por su parte, la diputada nacional por Córdoba Natalia de la Sota presentó un proyecto de ley que establece la permanencia del Sable Corvo de San Martín en el Museo Histórico Nacional, a la vez que deroga el decreto 81/2026 que dispuso su traslado al Regimiento de Granaderos.
La directora del Museo Histórico Nacional, María Inés Rodríguez Aguilar, presentó su renuncia indeclinable luego de que el Gobierno dispusiera el traslado del sable corvo del general José de San Martín al Regimiento de Granaderos a Caballo.
Rodríguez Aguilar confirmó su decisión en declaraciones al diario Clarín, donde sostuvo que el traslado responde a “una interpretación muy original” del proceso de donación del sable. “Este conflicto no es nuevo en la Nación, ya pasó en 1844 cuando San Martín se lo dona a Rosas, luego cuando interviene Sarmiento. Forma parte de los sectarismos extremos de la sociedad”, afirmó.
La historia del sable
El historiador Felipe Pigna ilumina el pasado con sus palabras, recordando que fue Manuelita Rosas, hija de Juan Manuel de Rosas, quien donó el sable. San Martín, en un gesto de reconocimiento, había legado su arma a Rosas.
En 1897, Adolfo P. Carranza, visionario director del Museo Histórico Nacional, solicitó formalmente el sable para que pudiera ser exhibido al público. El sable corvo, forjado en las batallas por la independencia, merecía ser contemplado por todos.
Adquirido en Londres en 1811, el sable exhibe un origen árabe. Era un arma común entre los oficiales ingleses y europeos de la época, apreciada por su sencillez y funcionalidad. Lejos de ostentar oro o adornos suntuosos, su valor reside en su historia y en la mano que lo empuñó.
En su testamento, San Martín expresó su deseo de que, tras su muerte, el sable fuera entregado a Juan Manuel de Rosas, un acto de agradecimiento por la defensa del honor nacional.

En 1896, Adolfo Carranza apeló a los herederos de Rosas para que donaran el sable al pueblo argentino. Así, el arma encontró su lugar en el museo, donde permaneció durante casi siete décadas.
La historia del sable está salpicada de peripecias. Durante los años del peronismo proscrito, fue sustraído en dos ocasiones, pero siempre regresó a su vitrina, como un símbolo indomable.
Durante la dictadura de Onganía, el sable volvió a ser custodiado por el Regimiento de Granaderos, un episodio que se repite ahora, generando debate y controversia. En 2015, tras un periodo de ausencia, regresó al Museo Histórico Nacional.
Hoy, el sable corvo comparte espacio con otras armas de figuras destacadas de la historia argentina:
- Espada del general Miguel Estanislao Soler
- Espadín del general Matías Zapiola
- Espadín del general Gregorio Las Heras
- Sable del general Eustoquio Frías
- Espada del general Lucio Norberto Mansilla
- Espada del general Enrique Martínez
- Sable del general José Antonio Álvarez de Arenales