Oscar Centeno
Una audiencia clave

Oscar Centeno, el hombre que escribió los Cuadernos de las Coimas: “En la época de Cristina también llevábamos los bolsos con dinero”

Este jueves se realizó la tercera audiencia del juicio, en el cual la ex presidenta Cristina Kirchner y otros exfuncionarios de su gobierno están entre los principales acusados de corrupción

por Federico Aspiazu 20 Noviembre de 2025
20 Noviembre de 2025

En el juicio por los Cuadernos de las Coimas, la atmósfera en la sala de audiencias se espesó este jueves al resurgir los fantasmas del pasado. La lectura de la confesión de Oscar Centeno, el antiguo chofer de Roberto Baratta, pintó un cuadro sombrío de una era marcada por la sospecha y el secretismo.

Las palabras de Centeno, pronunciadas con un tono que oscilaba entre la resignación y el remordimiento, revelaron una rutina clandestina que persistió incluso después de la muerte de Néstor Kirchner. Tras el fallecimiento del ex presidente, según su relato, el destino de los misteriosos bolsos tomó un giro inesperado.

“Recuerdo que después de la muerte de Néstor Kirchner, cambiamos y ya no llevábamos a Uruguay 1306 sino que llevamos todo a la casa de Baratta y él a la noche o al otro día venía con los dos bolsos, uno el de él, normal, y otro vacío. No sé si dejaba el dinero ahí o la llevaba a otro lado, muchas veces íbamos a la Quinta de Olivos. Todos los viernes se juntaban funcionarios a comer un asado con Néstor Kirchner, entre ellos iba Baratta. Néstor le dijo ‘¿cómo vas a tener ahí al chofer?’ Y después de ahí comenzó a ir con su auto”.

En esa confesión, que marcó un punto de inflexión en su rol de arrepentido, Centeno ofreció detalles escalofriantes: “Cuando íbamos a llevar los bolsos a la quinta de Olivos Baratta me decía ‘Negro vos sabés qué hacer, lo que significaba que me tenían que ir a tomar mate por ahí. Ahí era cuando venía con Muñóz y sacaban los bolsos de mi auto. A Néstor se lo veía caminando por ahí. En la época de Cristina Kirchner también llevábamos los bolsos con dinero. En esas ocasiones se la veía a ella en jogging que desde la casa donde vivía se cruzaba hacia el chalet donde se dejaba el dinero”. 

Cristina en la Quinta de Olivos
Cristina en la Quinta de Olivos

La imagen de Cristina Kirchner en jogging, cruzando despreocupadamente hacia el chalet, contrastaba fuertemente con la magnitud de las acusaciones que pendían sobre ella.

“Las veces que iban a la quinta de Olivos -relató Centeno- antes de ir para allá pedíamos por el teléfono las indicaciones para ir o no, entonces Rodríguez, secretario de Cristina, daba el ok y nos íbamos del Ministerio a Olivos, o pasábamos por un lugar a retirar y de ahí íbamos a Olivos. Cuando llegábamos le avisaban al de la puerta y nos autorizaban el ingreso”

José López, el hombre de los bolsos

La confesión de José López, extensa y cargada de referencias a Cristina Kirchner, añadió más leña al fuego. El ex funcionario, visiblemente afectado por el peso de sus declaraciones, compartió fragmentos clave de su conocimiento interno.

Recordó un momento crucial: “En el año 2010 con la muerte de Kirchner, todo, y en enero de 2011, me llama la presidenta al despacho en Olivos en el sector de la Jefatura de Gabinete, y me dice ‘podés ser parte del problema o de la solución’”. 

En ese momento el exfuncionario agregó: “Me muestra el cuaderno que siempre escribía Néstor. Kirchner era de hacer audiencias personales y lo que se desarrollaba en esas reuniones lo anotaba en esos cuadernos que solían ser marca ARTE, yo conocía esos cuadernos porque ahí generalmente anotaba todo”. 

“A Cristina le conté todo: que había un sistema de recaudación con las obras viales, le conté el mecanismo que en el resto de los sectores del Ministerio lo conocía… Esa reunión duró una hora aproximadamente. No me dio ninguna instrucción en esa reunión. Según tengo conocimiento la operatoria de recaudación se detuvo por lo menos en cuanto a lo que a mí respecta”, añadió López, dejando en el aire la interrogante sobre el verdadero alcance de la participación de la ex presidenta.

El tribunal también repasó la confesión de Claudio Uberti, el extitular de los Corredores Viales, un hombre cuyo vínculo con el matrimonio Kirchner era innegable. Sus palabras ofrecieron una visión aún más detallada del entramado de corrupción.

“En alguna oportunidad fui al departamento de Uruguay y Juncal, después del encuentro que relaté con Ferreyra, él entrego en dos o tres ocasiones más, bolsos de más de diez kilos con dinero. Eso lo entregué en el departamento de Juncal. Él ya me había dicho que cuando tuviera un paquete de dinero chico lo llevara al despacho de Balcarce, que si el bulto era grande debía coordinar con él, y es así como me puso en contacto con Daniel Muñoz que me recibía el dinero en la calle Juncal”, detalló Uberti, su voz apenas audible en el silencio de la sala.

Carlos Ernesto Stornelli​
Carlos Ernesto Stornelli​

“En una ocasión -contó ante el fiscal Carlos Stornelli- subí al departamento, allí había otras valijas en el palier y en su dormitorio había muchas otras más, en el departamento en esa ocasión no había nadie, pero por referencias de Muñoz esas valijas con dinero las iba a llevar a Santa Cruz”. La imagen de un departamento repleto de valijas llenas de dinero pintaba un cuadro grotesco de riqueza ilícita.

Claudio Uberti abundó en detalles sobre el destino final de las valijas

“Eran tantas, alrededor de veinte valijas de distinto tamaño, que Muñoz me dijo ‘después de esto voy poner un negocio de valijas’. Las valijas tenían por destino la casa de Néstor y Cristina Kirchner en Rio Gallegos, ubicada en esquina de la calle 25 de Mayo donde se encontraban bóvedas que había comprado al Banco Hipotecario”, puntualizó, su mirada fija en un punto indefinido en el horizonte.

¿Cómo se realizaba el traslado? Uberti lo explicó sin rodeos: “Las valijas con el dinero las trasladaban a Santa Cruz en el Tango 01, las cargaban en el aeropuerto Base Aérea Militar en Aeroparque y las descargaban en el aeropuerto de Rio Gallegos. Esto es lo que yo vi”. 

“Un baño y una modesta sala”
 

En medio de la vorágine judicial, el juez Germán Castelli, miembro del Tribunal Oral Federal (TOF) 7, aprovechó la oportunidad para poner de relieve las precarias condiciones en las que se había llevado adelante la investigación de la megacausa Cuadernos durante los últimos seis años: una "pequeña sede" con un "único baño y una modesta sala de audiencias" en el Palacio de Justicia de Talcahuano 550. Un contraste asombroso con la magnitud del caso.

Fue durante la tercera audiencia de la megacausa, que tiene imputada a la ex presidenta Cristina Kirchner junto a otros 86 acusados, y en la que se investiga la existencia de una asociación ilícita entre 2003 y 2015.

Castelli, flanqueado por sus colegas Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Néstor Costabel, señaló que "con peticiones de recursos e infraestructura satisfechos solo parcialmnete a lo largo de 6 años, el tribunal logró iniciar el juicio oral y público en las condiciones que pudo". Una declaración que dejaba entrever las enormes dificultades logísticas enfrentadas.

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“Con su pequeña sede, su único baño y modesta sala de audiencia en el Palacio de Justicia”, acotó, añadiendo un tono de resignación a sus palabras.

Castelli recordó que “también se ofrece la conocida Sala AMIA de Comodoro Py, aun cuando este tribunal ha solicitado la Sala de Derechos Humanos ubicada en la planta baja de este edificio”. La falta de recursos adecuados parecía ser una constante en este proceso judicial.

“Corresponde la notificación a las partes, habida cuenta de que, como se destacó el jueves pasado, el debate oral y público ya se inició y se han activado especiales reglas de transparencia procesal y constitucional que comprometen a este tribunal”, añadió.

El TOF 7 concluyó de esa forma con la lectura de los descargos de 32 de las personas imputadas y los aportes de 19 imputados colaboradores, en el primer tramo de la causa Cuadernos, cerrando así un capítulo inicial de esta compleja trama judicial.

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