Cuando un nombre empieza a circular con insistencia en la política, rara vez es casualidad. En Salta, en las últimas semanas, Jorge Brito comenzó a sonar con fuerza en conversaciones de café, pasillos empresarios y mesas políticas. No por un anuncio concreto, sino por algo más sutil —y muchas veces más efectivo—: las mediciones.
El hombre detrás del Banco Macro, expresidente de River Plate y una de las figuras más influyentes del poder económico argentino, rompió el silencio en una entrevista con Luis Majul en El Observador. Allí habló de economía, fútbol y, casi como quien no quiere la cosa, de los rumores que lo ubican como posible candidato a gobernador de Salta.
Brito eligió un tono medido, casi quirúrgico. Destacó el rumbo macroeconómico del país, habló de una Argentina “muy cerca de que se le abran los mercados internacionales” y subrayó señales de confianza como la baja del riesgo país. No fue una entrevista improvisada: fue un mensaje al círculo rojo, al empresariado y, también, a la política.
Cuando llegó la pregunta inevitable sobre Salta, el banquero hizo algo clásico en estos casos: negar sin cerrar la puerta. Recordó que tiene domicilio en la provincia desde hace 22 años, reivindicó su vínculo afectivo con el territorio y elogió con énfasis al gobernador Gustavo Sáenz, a quien definió como un dirigente con proyección, carisma y visión económica. Luego, la frase clave: “No es algo que yo tenga pensado en mi vida ser gobernador de Salta”. Una negación que, lejos de apagar rumores, suele alimentarlos.
¿Por qué entonces su nombre aparece en mediciones? Porque las encuestas no siempre miden intención de voto: muchas veces miden viabilidad. Se testean apellidos, perfiles, niveles de conocimiento, imagen y rechazo. Brito reúne varias condiciones atractivas para ese ejercicio: poder económico, perfil técnico, bajo desgaste político y una narrativa posible de “gestión” en tiempos donde la antipolítica sigue fuerte.
Además, su figura dialoga bien con el clima de época: empresarios que opinan, opinólogos que gobiernan y una sociedad que —para bien o para mal— empieza a mirar al sector privado como sinónimo de eficiencia. En ese escenario, tantear no cuesta nada. Medir no compromete. Decidir, sí.
El cierre de la entrevista sumó otro dato político: sus críticas veladas a la AFA y a Claudio “Chiqui” Tapia, a quien ubicó como heredero del grondonismo, recordando que River fue el único grande que no participó del Comité Ejecutivo durante su gestión. Brito volvió a mostrarse como alguien que no esquiva el poder, pero que prefiere disputarlo desde afuera del barro.
Brito niega jugar, pero ya está en la cancha: su nombre circula en encuestas mientras el poder económico empieza a mirar el tablero político salteño con ambiciones de 2027.