Aunque el director técnico de la Selección argentina, Lionel Scaloni, intentó bajar la tensión frente al próximo cruce de semifinales contra Inglaterra, dos diplomáticos de ambos países hicieron todo lo contrario.
El mismo canciller argentino, Pablo Quirno, sostuvo en sus redes que las Malvinas son argentinas, pero un exasesor de la “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher, buscó frenarlo: “Este asunto se resolvió de manera decisiva en 1982 con tu derrota contundente”.
Quirno respondió con un documento de la ONU para sostener que el reclamo argentino de soberanía sobre Malvinas continúa vigente.
Sin embargo, horas después apareció otra respuesta desde un frente muy distinto: las fuerzas armadas británicas volvieron a difundir imágenes de sus ejercicios militares en las islas.
En la previa de uno de los partidos con mayor carga simbólica del Mundial, la cuestión Malvinas atravesó inevitablemente distintas conversaciones. Aunque para Lionel Scaloni se trate solamente “de un partido de fútbol”, en las redes sociales Pablo Quirno no dejó pasar la oportunidad de recordar el reclamo argentino sobre las islas, al compartir una columna titulada “Malvinas: la fuerza de una causa justa”.
La publicación del canciller provocó la respuesta de Nile Gardiner, analista de política exterior, colaborador de medios británicos y exasesor de Margaret Thatcher. “Este asunto se resolvió de manera decisiva en 1982 con tu derrota contundente. No lo intenten otra vez”, escribió el dirigente británico.
Quirno le respondió también en inglés y con una referencia directa al marco diplomático posterior a la guerra: “No, no fue así. Abrazos. PD: por favor, remitirse a la Resolución 37/9 de la ONU de noviembre de 1982”.
El documento citado por el funcionario argentino fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 4 de noviembre de 1982, meses después del final del conflicto armado.
Allí se instó a los gobiernos de la Argentina y el Reino Unido a reanudar las negociaciones para alcanzar una solución pacífica a la disputa de soberanía.
La respuesta de Quirno apuntó así contra la idea de que el resultado militar hubiera cerrado la discusión. La posición argentina sostiene que la guerra no modificó la naturaleza jurídica de la controversia y que el reclamo continúa vigente en los organismos internacionales.
Horas después de aquel intercambio, las fuerzas británicas difundieron una nueva serie de fotografías del ejercicio Cape Upholder, desarrollado en las Islas Malvinas durante la etapa final de la rotación del 5º Batallón del Regimiento The Rifles.
Las imágenes muestran a soldados británicos durante prácticas con fuego real, morteros, francotiradores y ametralladoras. La unidad cumplió funciones como compañía de infantería de relevo desplegada en el archipiélago y completó allí las últimas fases de su entrenamiento.
Las maniobras también incluyeron ejercicios de coordinación con cazas Typhoon FGR4 de la Real Fuerza Aérea británica, que simularon tareas de apoyo aéreo cercano. Las actividades permitieron ensayar comunicaciones entre las tropas terrestres y las aeronaves operadas desde la base de Monte Agradable.
Parte del entrenamiento tuvo lugar en Wireless Ridge, uno de los escenarios donde se produjeron combates durante la guerra de 1982. La elección de ese sector añadió una carga histórica a las fotografías divulgadas por el aparato militar británico.
Aunque la coincidencia quedó marcada por el momento —el cruce diplomático ocurrió primero y, pocas horas después, las fuerzas británicas difundieron las imágenes—, los ejercicios militares en las islas forman parte de una actividad habitual, según explicaron a este medio especialistas en Relaciones Internacionales.
La publicación del material a apenas 48 horas del partido, sin embargo, reforzó la carga política y simbólica que rodea al encuentro entre Argentina e Inglaterra.
Sin embargo, la sucesión de los hechos colocaron, una vez más, la cuestión Malvinas en el centro de la conversación pública pocas horas antes del partido entre Argentina e Inglaterra.
Mientras desde el cuerpo técnico argentino buscaron quitarle connotaciones políticas al encuentro, el reclamo diplomático y la exhibición militar británica recorrieron un camino diferente.