Victoria Villarruel, marginada por el gobierno libertario, reapareció hoy en su cuenta de X y salió al cruce de la Dirección Nacional de Vialidad por haber exigido el pago de un canon a la iglesia de Misiones para autorizar la tradicional peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Loreto.
La multa se presentó como un hecho inédito, al ser la primera vez en 24 años que el evento religioso enfrenta este tipo de exigencia por parte del estado nacional. La suma por la que tendría responder la diócesis alcanza los 560 mil pesos.

Desde sus redes, la presidenta del Senado criticó directamente al administrador general del organismo, Marcelo Campoy:
“El funcionario a cargo de Vialidad Nacional debiera responder por semejante insensatez. ¿Quién puede pensar que es de sentido común que en un gobierno libertario se obligue a peregrinantes a pagar por caminar a la vera de una ruta? La libertad, bien, gracias”.
El reproche público se suma a una cadena de tensiones internas entre Villarruel y el Gobierno de Javier Milei. La vicepresidente mantiene cortocircuitos recurrentes no solo con el jefe de estado, sino también con distintos frentes dentro de la Casa Rosada, desde áreas políticas hasta organismos descentralizados.
La distancia política no es nueva y se refleja en distintos episodios desde la asunción del gobierno libertario: agendas divergentes, escasa coordinación y un creciente aislamiento institucional de la vicepresidenta dentro del oficialismo.
A diferencia de su relación con el Ejecutivo, Villarruel nunca pierde la oportunidad de respaldar los intereses de la Iglesia Católica, un sector con el que tiene un lazo histórico y que representa buena parte de su base social y política.
Villarruel, que también preside el Senado y fue compañera de fórmula de Javier Milei en las últimas elecciones presidenciales, también impulsa en la cámara alta los proyectos de ley que promueven desde el sector eclesiástico.
La abogada y fundadora del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV) mantiene un perfil asociado al conservadurismo religioso, lo que explica su rápido posicionamiento frente al cobro a la peregrinación y su intento por capitalizar el malestar que generó en la comunidad misionera.
El episodio de la peregrinación, aunque puntual, recuerda una vez más la fragilidad del vínculo Milei–Villarruel y muestra cómo la vicepresidenta busca posicionarse públicamente cada vez que encuentra un tema donde pueda diferenciarse del Gobierno y reforzar su propio perfil.
