El 5 de noviembre de 2023, cerca de las 6 de la mañana, un patrullero llegó hasta barrio Los Tarcos, en la zona sur de la ciudad, con una noticia que le cambiaría la vida a la familia Oviedo.
Liliana, madre de Edgardo, recuerda esa mañana cuando los policías llegaron hasta su domicilio “con lo que había quedado del carro con el que Edgardo y su esposa Erika Salcedo salieron a trabajar la noche anterior”.
Su instinto maternal le decía que algo malo había ocurrido con su hijo, pero jamás imaginó que se trataba de la tragedia que les cambió la vida por completo a esta familia.
Los policías solo se limitaron a informarle que su hijo había tenido un accidente sobre avenida Paraguay y, sin mayores detalles, le pidieron que se acerque al hospital San Bernardo, donde la pareja había llegado en código rojo, por la gravedad de las heridas.
El padre de Edgardo salió inmediatamente al nosocomio, el parte médico no era para nada alentador por esas horas: “los médicos le pidieron a mi familia que se despidan porque el cuadro era muy grave y no sabían si íbamos a sobrevivir”, recuerda Edgardo.
La noche trágica
El domingo por la mañana, mientras la pareja de trabajadores, Erika Salcedo y Edgardo Oviedo intentaban cruzar de forma peatonal la avenida Paraguay al 2200, junto a su carro sandwichero, tres jóvenes alcoholizados los arrasaron sin piedad.
Las víctimas fueron ferozmente embestidas, el hombre sufrió la amputación en el acto de una de sus piernas, mientras la otra quedó apenas unida por la piel.
“Sólo sentí un golpe seco y no recuerdo más, me volví a despertar seis días después, en la terapia intensiva del hospital”, relata Edgardo a Gente de Salta.
Por su parte, Érika, que nunca perdió el conocimiento, tras ser atropellada fue arrastrada unos 100 metros y quedó enganchada al vehículo, mientras el conductor, Sebastián Albornoz, en su raid por intentar escapar, la atropelló dos veces más y huyó del lugar.
El cuadro era gravísimo para la pareja, que había quedado tendida sobre la ruta, con decenas de personas sin saber cómo reaccionar, hasta que “apareció un ángel” entre la multitud.
Era Nahuel Jesús Maximiliano Salva, integrante del Servicio Penitenciario de la provincia, que actualmente trabaja en la Penitenciaria 5, de Tartagal.
En el momento del hecho, Salva cruzó “sin dudarlo” y con unos guantes que tenía en el bolsillo pudo hacerle dos torniquetes en las piernas, sino Edgardo podía morir desangrado en dos minutos.
El dinero que habían recaudado aquella noche, con la venta de los sandwichs, “voló por todos lados” y la gente la agarraba, por lo que Salva se quejó de eso y “recibió golpes”, contó Edgardo.
Luego, el penitenciario se abocó a él, pudo asistir también a su señora y llegó la ambulancia, donde intervino para que lo trasladen primero a Edgardo porque estaba inconsciente.
Partes del carro sandwichero quedaron desparramadas por la avenida, mientras que el conductor del automóvil marca Volkswagen Bora y sus secuaces no tuvieron otra idea que darse a la fuga, abandonando a la pareja y agravando su situación penal.
Fuentes policiales dieron a conocer, horas después, la identidad de quienes iban a bordo del Bora: Juan Sebastián Albornoz, Norma Alejandra Díaz y David Maximiliano López.
La ayuda no tardó en llegar y las “promesas vacías también”
A medida que transcurrían los días, la solidaridad de los salteños para con la familia fue total: cadenas de oración, donaciones, mensajes de aliento fueron solo algunas muestras de apoyo para con la pareja.
En medio de semejante angustia tampoco se hicieron esperar las promesas de algunos políticos, como es costumbre en este tipo de casos, donde la conmoción social es tan grande como las promesas vacías.
Según relató Edgardo a Gente de Salta, mientras atravesaba las horas más críticas en el hospital, la secretaria de la esposa del gobernador salteño se comunicó con la familia para ponerse a disposición de lo que necesitaran.
Como en ese momento estaba internado, la hermana de Edgardo le comunicó que estaban bien atendidos, pero que si salían adelante era importante que pudieran tener un techo propio, ya que económicamente y con secuelas, sería imposible afrontar esos gastos.
Con el correr de las semanas, Edgardo y la familia presentaron todos los papeles en el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) como le habían indicado, los mensajes de que todo avanzaba siguieron unos meses más hasta que “todos se empezaron a borrar, ni el Gobernador, ni la esposa, ni la asistente social, nadie me volvió contestar”, reveló Edgardo.
El juicio que dejó más impotencia que calma
En mayo de 2025, la Justicia salteña dictó sentencia contra Sebastián Juan Albornoz, de 27 años, por el siniestro vial ocurrido en noviembre de 2023 que dejó como saldo a un hombre con lesiones gravísimas y a una mujer con heridas de gravedad.
En juicio abreviado, el juez Federico Diez, de la Sala VII del Tribunal de Juicio, condenó a Albornoz a cinco años de prisión efectiva, pero al unificar la pena con una condena previa por narcotráfico en el ámbito federal, se estableció una pena única de 10 años de prisión de cumplimiento efectivo.
Además, fue inhabilitado por una década para conducir vehículos automotores.
En la audiencia quedó demostrado que Albornoz manejaba bajo los efectos del alcohol, con 1,79 gramos de alcohol en sangre.
La calificación legal fue de lesiones gravísimas y lesiones graves con dolo eventual, es decir, con conciencia del posible daño.
Durante la audiencia, se acordó un resarcimiento económico a favor de las víctimas, y se dispuso que tanto ellas como sus hijas menores de edad reciban asistencia psicológica. También se ordenó que Albornoz sea incorporado al Banco de Datos Genéticos.
En cuanto a David Maximiliano López y Norma Alejandra Díaz, quienes habían llegado al juicio como coautores de encubrimiento, fueron sobreseídos tras retirarse la acusación en su contra.
Sin embargo, lo más curioso e indignante que dejó la sentencia fue sin dudas la orden de la Justicia para que la pareja recibiera “como resarcimiento económico” el mismo vehículo que los atropelló y les arruinó la vida.
El sueño de Edgardo y su familia
Dos años pasaron desde aquella fatídica madrugada y las secuelas físicas y emocionales quedarán para siempre.
Cada día es “empezar de nuevo y no quedarse llorando”, dice Edgardo con lágrimas en los ojos, “porque no me puedo quedar en la cama, tengo a mis hijas que necesitan un ejemplo de su papá y por eso sigo adelante, hoy agradezco estar con vida”.
Sus ganas de salir adelante no se detienen, ya consiguió las prótesis que necesitaba para volver a pararse, continúa con su rehabilitación, practica natación y otras actividades, pero también ansía con todo su corazón un trabajo que lo dignifique, porque pese a sus limitaciones físicas, no solo quiere reinsertarse en el mercado laboral, sino tener el dinero para “alquilar algo que nos permita volver a estar los cuatro juntos”.
Y es que, después del siniestro vial, él tuvo que volver a la casa de sus padres y Érika alquilar una pequeña pieza “porque no entramos todos en la casa”.
“Antes del accidente con mi esposa trabajábamos duro, podíamos pagar el alquiler de un departamento modesto y vivíamos todos juntos, Éramos muy felices, estábamos los cuatro juntos”, cerró Edgardo con la voz quebrada.
Edgardo todavía enfrenta diversos gastos mientras aguarda alguna novedad por trabajo, los salteños que quieran colaborar pueden hacerlo mediante transferencia a: Edgardo2782 cuyo titular de la cuenta es Edgardo Oviedo.