“Ahora puedo comer con mi hija y sacar a pasear al perro”

La señora, la hija y hasta el perro le agradecen a Tito el haberse convertido en chofer de pasajeros, y yo le agradezco el haber escuchado su testimonio porque me hizo reflexionar.

Por Marianela Mamaní

Chofer — Pexels

Dicen que el destino pone las personas correctas en el momento indicado, no sé si será siempre así, pero encontrarme con Tito y conocer su historia de vida, me hizo pensar en la mía y ayudarme a replantear decisiones. 

Era una mañana soleada y por cuestiones de trabajo usé, como pocas veces, dos viajes gestionados a través de aplicación de celular.   

El conductor del viaje de ida apenas esbozó 12 palabras. Las conté. Pero el de regreso, no hizo falta más que preguntarle “si ganaba bien”, para que se anime a contar un largo testimonio. 

Cuando abordamos el vehículo con mi compañero de trabajo, grata fue nuestra sorpresa al ver que el chofer nos esperaba con una sonrisa y con evidentes ganas de conversar.  

Comenzó contando que había tenido, tiempo atrás, a su cargo una flota de distribución de bebidas energizantes, algo así como una pequeña empresa terciarizada con no más de tres empleados a cargo, tema en el que nos metimos después. Antes le pregunté:   

 ¿Hace cuánto tiempo sos chofer de la aplicación? 
No hace mucho.  
¿Ganás bien, como dicen? - indagué un poco más.  
 “Y ..., lo suficiente como para comer todos los días, pagar algunas cuentas, pero lo más importante, ahora manejo mis tiempos”, dijo con una sonrisa.  

Después de eso, no hicieron falta más preguntas y se despachó como quien quisiera que conociéramos los detalles de su importante decisión

Indicó que su trabajo anterior lo absorbió a niveles que no esperaba, “lo que comenzó como una pyme familiar y la distribución de bebidas, luego se amplió con la incorporación de más vehículos, más personas y una zona que casi cubría toda la ciudad de Salta”.  

"La cosa iba bien...  las ganancias iban en aumento y aplacaban cualquier síntoma de cansancio. Y así pasaron los años, sin darse cuenta, fueron nueve en total”.  Almuerzos en casa, cenas, cumpleaños familiares, momentos especiales, todo se fue relegando a un segundo plano, “las exigencias de ganar más y más, pero no para mí sino para el dueño que cada vez quería más”, dice resignado, lo llevaron a explotar.  

“Fue un jueves”, recordó, “hablé con mi señora y le dije que ya no podía más, me dolían las piernas, 12 horas, 14 o más, ya ni me acuerdo cuantas horas trabajaba, había perdido hasta la noción del tiempo”.  El estrés terminó por ganar la pulseada y así, un jueves por la noche, tiró la toalla. Sostiene que después de tantos años, las tres noches siguientes durmió de corrido más de 12 horas, “quizás más”, dice, “el estrés me había quitado hasta las ganas de dormir”.  

Dejó todo... pero había que salir a rebuscársela, así que decidió salir a probar “esto de la aplicación que le habían contado algunos conocidos”.  “No se ganan millones, pero alcanza”. 

Tirame un número

En un día quizás 80 o 100 mil pesos, no es fijo, a veces es más a veces es menos, pero ahora retiro a mi hija del colegio, es mi única hija, y eso no tiene precio. SI quiere hacer algo, lo hacemos, almorzamos en familia y compartimos cosas que antes no podíamos”, cuenta entusiasmado.  

Ahora trabaja sin presiones, duerme bien de noche, algo que para cualquier ser humano es tan sencillo, para este hombre es todo un logro; hasta su perro corre con buena suerte, “toda la vida solo le compré alimento y le ponía agua, ahora dos o tres veces por semana lo saco a pasear antes de irme a trabajar, antes sólo sabía que teníamos un perro, ahora lo conozco”.  

“No hay dinero ni trabajo que pueda comprar la felicidad de hacer cosas que antes no podía”, y me quedó ese mensaje retumbando, a veces es necesario y hasta urgente resignar unos pesos en una época tan difícil, cuando la ganancia es gigante: tranquilidad y afectos.