En el corazón de Salta, un eco de Chernobyl resuena con fuerza. La alarma la levantan las comunidades originarias, que ven cómo la tierra que los cobija se desangra lentamente, teñida por la sombra de un desastre ambiental silencioso pero implacable. Un pozo petrolero abandonado a su suerte en medio del bosque, se ha convertido en una herida abierta, un foco de contaminación que amenaza con arrasar la biodiversidad y desplazar a quienes han hecho de estas tierras su hogar.
Sustancias y gases peligrosos emanan sin control, extendiéndose como una plaga invisible. El suelo y el agua, fuentes de vida, se ven envenenados, mientras la flora y la fauna agonizan bajo el peso de esta negligencia. Greenpeace ha alzado la voz, describiendo este escenario como un "Chernobyl salteño", una catástrofe que se desarrolla a tan solo 250 kilómetros de la capital provincial y que avanza a un ritmo alarmante.
Puesto Guardián, Lomas de Olmedo, un área reconocida por la provincia como Ecosistema Prioritario para la Conservación (EPC), es decir, un enclave de incalculable valor natural y cultural que demanda protección urgente, se ha convertido en el epicentro de este desastre. En menos de seis meses, la expansión de los fluidos y gases contaminantes ha causado la muerte de cientos de animales, el desplazamiento de decenas de familias y la devastación de un ecosistema que parece encaminado a la extinción.

Desde la COP 30 en Belém, Hernán Giardini, vocero de Greenpeace, no duda en expresar su indignación: “Es insólito que mientras en la cumbre sobre Cambio Climático que se desarrolla en la Amazonía brasilera se están buscando consensos para abandonar el petróleo y frenar la deforestación, en Argentina tengamos un pozo petrolero abandonado en medio de los bosques de Salta, contaminando y poniendo en serio riesgo de incendios a toda la zona. Los gobiernos provincial y nacional deben actuar urgente y remediar este chernobyl salteño”. Sus palabras resuenan con la urgencia de quien observa una tragedia en desarrollo y clama por una intervención inmediata.
A qué hacen referencia cuando hablan de Chernobyl
El área afectada, documentada minuciosamente por Greenpeace, se ubica en la zona de transición entre las ecorregiones del Chaco Seco y la Selva de Yungas, un crisol de vida donde habitan especies emblemáticas como el oso hormiguero, el pecarí labiado, el ocelote y la tortuga acuática chaqueña, además de una rica avifauna que incluye al ñandú, el pato criollo, el águila coronada y el halcón pecho naranja. Un paraíso natural que se desvanece ante la mirada impasible de las autoridades.
Matías Arrigazzi, especialista en biodiversidad, describe la situación con crudeza: “Aunque los pobladores denuncian este desastre ambiental, aún no hay cambios. La empresa responsable no dio soluciones y se retiró del lugar. Las autoridades aún no dan una solución. El reclamo es urgente, el bosque está siendo destruido y sus habitantes fueron desplazados y es imprescindible remediar este desastre; basta de petróleo en los bosques”. Sus palabras son un llamado desesperado a la acción, una súplica para evitar que la negligencia y la inacción terminen por consumar la destrucción de este valioso ecosistema.

Los informes recientes de Greenpeace revelan que la fuga de gases y fluidos a alta presión se ha intensificado en los últimos tiempos. Una densa nube tóxica se cierne sobre el bosque, envenenando la flora, diezmando la fauna doméstica y silvestre, y volviendo el aire irrespirable. Se estima que la contaminación abarca ya un área de 20 hectáreas, incrementando exponencialmente el riesgo de incendios en los bosques circundantes. Los habitantes, obligados a abandonar sus hogares, exigen a gritos una solución.

