Recuperar una marca con historia y transformarla en un símbolo de identidad fue el desafío que asumieron los actuales socios de Hidalgo. La firma había sido creada en 2020 por el emprendedor mendocino Patricio Vallejos, quien rescató una receta familiar —heredada de su abuela—, desarrolló la identidad de la marca en su homenaje y puso en marcha la producción artesanal desde cero. Durante esa primera etapa, Vallejos fue el dueño, director y principal responsable de las decisiones comerciales de la empresa.
Tiempo después, la marca cambió de rumbo al ser adquirida por los salteños Lucas David Tapia, Facundo Martín Acosta quienes formaron la sociedad CAFAL SAS y Simón Martínez Durand, quienes decidieron conservar el nombre, pero reinventar completamente su propuesta.
Lucas Tapia y Simón Martínez se conocieron años atrás cuando Tapia era propietario junto a sus padres de Mak Lucas y Simón formaba parte del equipo de trabajo. Esa relación profesional fue el punto de partida de una sociedad que hoy apuesta a posicionar a Hidalgo como una marca con identidad propia y fuerte arraigo salteño.

“Hidalgo no nace con nosotros, sino que se reinventa con nosotros”, resume uno de sus fundadores, Simón Martínez Durand, al contar el origen de un proyecto que decidió recuperar una marca tradicional salteña para darle una nueva identidad. Junto a su socio Lucas, apostaron por transformar una firma que había quedado detenida en el tiempo en una experiencia moderna, cercana y cargada de recuerdos. “No queríamos solamente vender alfajores; queríamos construir una identidad, una marca con personalidad”, sostiene. Bajo esa premisa, los alfajores se convirtieron en el corazón del emprendimiento y, con el tiempo, el café apareció como una consecuencia natural, reforzando la idea de crear un espacio donde cada cliente pudiera asociar el sabor con un momento especial y con una forma auténtica de vivir Salta.
"Un buen café y un rico alfajor van de la mano", sostiene Simón Martínez. Esa combinación terminó consolidando un espacio pensado para que el cliente no solo consuma, sino que disfrute del momento.
La apuesta de Hidalgo también está vinculada al crecimiento del turismo gastronómico, un segmento que en los últimos años ganó protagonismo en todo el país. "Hoy el turista ya no busca solamente conocer un lugar, sino vivirlo. Y la gastronomía es una de las formas más auténticas de descubrir la identidad de una provincia", afirma.

En ese sentido, considera que Salta posee un enorme potencial por mostrar. "Tenemos paisajes increíbles, cultura, tradición, productores y emprendedores que están haciendo las cosas muy bien. Todavía hay muchísimo para mostrarle al país y al mundo."
Por eso, el desafío de la empresa va más allá de su propio crecimiento. “Queremos que alguien se lleve un alfajor nuestro o se siente a tomar un café y sienta que se está llevando un pedacito de Salta. Si logramos que un turista vuelva a su casa hablando de esa experiencia, ya hicimos mucho más que vender un producto.” Incluso imaginan un objetivo que resume la esencia del proyecto.
"Me entusiasma pensar que algún día alguien diga: 'No podés irte de Salta sin pasar por Hidalgo'. Queremos construir una marca que represente a la provincia y haga sentir orgullosos a los salteños."
La experiencia vale más que la venta
Para Simón Martínez Durand, el verdadero desafío de una marca no termina cuando concreta una venta, sino cuando logra convertirse en una experiencia que las personas quieren repetir. "Yo siempre digo que vender un producto es fácil. Lo más importante es que el cliente vuelva", afirma. Bajo esa filosofía, cada detalle en Hidalgo está pensado para generar un vínculo con quienes cruzan sus puertas. "La gente recuerda todo: cómo se sintió, cómo fue atendida y la experiencia que vivió. Una buena experiencia hace que el cliente vuelva, te recomiende y te vuelva a elegir", sostiene.
Esa convicción, asegura, es la que explica el crecimiento de la marca: entender que la fidelidad del cliente no se compra, sino que se construye a partir de la calidad del producto, la atención y las emociones que deja cada visita.
Como ocurre en muchas pequeñas empresas argentinas, los primeros años estuvieron marcados por la multitarea. “Al principio uno produce, vende, compra, resuelve... hace absolutamente todo.” Sin embargo, el crecimiento obligó a cambiar la forma de pensar.
“El mayor desafío fue entender que crecer no significaba solamente vender más, sino aprender a construir equipos, ordenar procesos y confiar en otras personas.” Ese cambio de mentalidad permitió profesionalizar la empresa y proyectarla a largo plazo. "Dejamos de pensar como emprendedores para empezar a pensar como una empresa. Parece un cambio simple, pero implica medir resultados, organizar procesos y tomar decisiones con visión de futuro."
Emprender en Argentina, con creatividad y adaptación
Los fundadores reconocen que el contexto económico argentino obliga a tomar decisiones de manera permanente, aunque prefieren verlo como una oportunidad antes que como un obstáculo. "El contexto nos obliga a adaptarnos todos los días. Pero lejos de verlo como una excusa, lo tomamos como una ventaja. Nos hizo ser más eficientes, más creativos y mucho más rápidos para reaccionar."
Esa capacidad de adaptación, aseguran, terminó convirtiéndose en uno de los principales activos de la empresa. “Hoy entendemos que una empresa sólida no es la que nunca tiene problemas, sino la que desarrolla la capacidad de resolverlos y seguir creciendo.” El presente de Hidalgo también está sostenido por un equipo que fue creciendo junto con el proyecto.

"Por suerte tenemos un equipo hermoso. Con mi socio Lucas nos complementamos muy bien y esperamos que en el futuro siga creciendo junto con la empresa."
Con esa filosofía, Hidalgo busca consolidarse como una de las marcas gastronómicas que mejor representen a Salta, un lugar donde un alfajor y un café sean apenas el comienzo de una experiencia que deje huella en quienes visitan la provincia y en quienes la eligen todos los días.