Desde hace algunos años, cada tercer lunes de enero vuelve a circular la misma idea: que se trata del día más triste del año. El llamado Blue Monday se instaló en la agenda mediática y en las redes sociales, aunque su origen y su sustento científico son, como mínimo, discutibles, según especialistas en salud mental salteños.
Entre los argumentos que suelen mencionarse para explicar por qué esta jornada sería la de menor ánimo aparecen la llamada “resaca emocional” posterior a las fiestas de fin de año y el regreso a la rutina para quienes no salen de vacaciones en este período. Enero, señalan muchos, se vuelve un mes “eterno” tras el paréntesis de diciembre.
A ese escenario se suman los gastos acumulados de las semanas previas, que comienzan a sentirse con mayor fuerza. Y aunque en el hemisferio sur el verano se encuentra en plenitud, en Salta no faltan las tardes enteras de lluvia ni los días completamente nublados, un combo que también impacta en el ánimo cotidiano.
El concepto de Blue Monday nació a comienzos de 2005 a partir de una “fórmula” publicitaria atribuida al psicólogo británico Cliff Arnall. En ese cálculo se mezclaban variables como el abandono temprano de los propósitos de año nuevo, el nivel de motivación en descenso tras las celebraciones y otros factores subjetivos. El resultado apuntaba, en realidad, a vender viajes para la agencia Sky Travel, según explica Rodolfo Ceballos, psicólogo y periodista que estudió el fenómeno.
En ese sentido, Ceballos señaló en diálogo con Gente de Salta que el planteo de Arnall representa una “realidad a medias”, más vinculada al oportunismo del marketing que al rigor científico.
“La fórmula de Arnall no necesitaba demostrarse verdadera, solo necesitaba ser eficaz, construir un relato verosímil”, sostuvo.
En la misma línea, remarcó que no se trata del día más triste del año, sino del día de la mejor publicidad del turismo.
Por qué prende igual
Aunque la ciencia no lo respalde, el Blue Monday funciona porque conecta con sensaciones reales que atraviesan muchas personas en enero: la fatiga financiera posterior a las fiestas y las vacaciones, la vuelta a la rutina laboral o académica, el impacto del clima —con menos horas de luz en el hemisferio norte y calor extremo en el sur— y la distancia entre las expectativas del inicio de año y una realidad que rápidamente se impone.
El error está en confundir ese contexto emocional frecuente con la idea de un pico universal y medible de tristeza.
Qué dice la evidencia
Organismos y especialistas en salud mental coinciden en que no existe un “día más triste del año” comprobable. El estado de ánimo varía según cada persona, su entorno y las circunstancias que atraviesa. Asociaciones profesionales como la British Psychological Society han señalado que el Blue Monday responde más a una construcción mediática y comercial que a un fenómeno clínico.
Ceballos, por su parte, advierte que, pese a tratarse de un mensaje que cala hondo en redes sociales, la tristeza o las llamadas pasiones “tristes” no tienen una fecha fija, aunque coincide en que existen señales de alerta a las que conviene prestar atención.
Cuándo pedir ayuda
El psicólogo salteño distingue que la tristeza tiene tiempos y explica que, si esas emociones regresan de manera persistente, lo más recomendable es buscar una consulta profesional.
Uno de los primeros indicadores, señala, es la aparición de limitaciones emocionales para realizar actividades cotidianas como trabajar, estudiar o sostener rutinas básicas. Hacer catarsis con amigos, practicar deportes o leer un libro puede ser suficiente para aliviar un malestar puntual, pero si el estado emocional negativo vuelve una y otra vez, la situación amerita atención especializada.
Cuando el peso de la tristeza es tan fuerte que ninguna actividad logra generar interés o alivio, también resulta necesaria una consulta.
Más allá de haber nacido como una campaña publicitaria, agrega Ceballos, el Blue Monday puede convertirse en una oportunidad para revisar el estado emocional propio.
“Hay que ver si con un viaje alcanza. Si es así, enhorabuena. Y si no, hay que pedir ayuda”, resumió.
En su análisis sobre la realidad salteña, especialmente entre los jóvenes, el especialista advirtió que los comportamientos de autolesión se observan con mayor frecuencia. En muchos casos, explicó, dentro del espectro suicida aparece una fuerte injerencia del consumo de drogas y de antecedentes vinculados a ese consumo.
Pero lo más preocupante, como si lo anterior fuera poco, es que, según señalo, las edades de estos fenómenos vienen en descenso: “Cada vez son más chicos los que recurren a estas prácticas”.
El aumento del malestar emocional en menores responde a múltiples factores. Entre ellos el acceso cada vez más temprano a la tecnología y a las redes sociales. Está muy asociado que un acceso precoz a dispositivos electrónicos incremente el riesgo de síntomas ansiosos y depresivos. La exposición a contenidos inadecuados, la comparación constante y la reducción de la interacción con el entorno real afectan al desarrollo emocional y social.
La vuelta al colegio tras las vacaciones también supone un reto. Recuperar rutinas, afrontar la presión académica y volver a relacionarse puede resultar especialmente difícil para niños y adolescentes con rasgos de timidez, introversión o dificultades en habilidades sociales. En algunos casos, sobre todo en perfiles con rasgos de autismo, las primeras semanas pueden llegar a ser especialmente complicadas.