En un contexto donde el ritmo cotidiano muchas veces no deja espacio para la pausa, Lorena Perotti encontró en lo simple una herramienta poderosa: caminar. Así nació Caminatas con Sentido, una propuesta que invita a reconectar con uno mismo a través del movimiento y la naturaleza.
“La idea surge desde mi propia experiencia”, cuenta. “Empecé a caminar en un momento donde necesitaba ordenar cosas internas, y me di cuenta de que el movimiento y el silencio ayudan a procesar lo que uno está viviendo y atravesar lo que nos pasa”.
Lejos de ser solo una actividad física, estas caminatas se plantean como un espacio emocional y reflexivo. El objetivo, según explica Lorena, no es dar respuestas cerradas, sino habilitar procesos: “Busco que las personas se lleven una pausa, un momento para escucharse, conectar con lo que sienten o incluso una nueva pregunta. Y también que sepan que no están solos en lo que sea que estén atravesando”.

Uno de los ejes centrales de la propuesta es el cambio personal. Para Perotti, aceptar que la vida está en constante transformación no es sencillo. “Nos cuesta porque buscamos control, seguridad y certezas, y el cambio viene a romper todo eso. Queremos que las cosas sigan igual, incluso cuando ya no nos hacen bien”, reflexiona.
En ese sentido, propone herramientas simples pero profundas: detenerse, escuchar lo que pasa internamente y cultivar la paciencia. “No todo se resuelve rápido. Hay que aprender a esperar, como en la naturaleza”.
Esa conexión con lo natural es clave en sus caminatas. De hecho, uno de los gestos simbólicos que forman parte de la experiencia es regalar semillas a los participantes.
“Toda una vida está en esas semillas. Hay que plantarlas y saber esperar. Si sabemos observar, la naturaleza nos enseña todo. Por eso la gente que trabaja en el campo tiene una sabiduría distinta”, señala.

El otoño como metáfora
La elección del entorno y del momento del año no es azarosa, sino profundamente simbólica. “El otoño es una invitación a soltar”, explica Lorena Perotti. “Los árboles dejan caer sus hojas sin resistencia, en un gesto natural que nos recuerda que hay procesos que no se pueden forzar ni evitar: simplemente suceden. Y que, muchas veces, es necesario dejar ir para que algo nuevo pueda emerger”.
En ese sentido, el contacto con la naturaleza se vuelve una herramienta transformadora. Aleja del ritmo acelerado, del ruido constante y de la exigencia cotidiana —especialmente la que imponen las pantallas—, y habilita un espacio más íntimo y consciente. “La naturaleza nos ordena desde otro lugar”, señala. “Lo que no logramos procesar en la rutina, aparece caminando, en el silencio, en el paso a paso”. Así, la experiencia se convierte en una especie de meditación en movimiento, donde el cuerpo avanza y la mente, poco a poco, se aquieta.
Transformaciones que se ven
A lo largo de estos encuentros, Perotti fue testigo de cambios concretos en quienes participan. “Algo que me marca siempre es ver cómo alguien llega con una carga y al final de la caminata está distinto, más liviano y en paz”, relata. Esa transformación se percibe en todas las edades, aunque, según cuenta, los niños suelen expresarlo con mayor claridad: “Es increíble ver cómo llegan y cómo se van”.
-¿Hace falta experiencia previa o simplemente ganas de conectar con uno mismo?
-Las caminatas están pensadas para cualquier persona que sienta la necesidad de hacer una pausa o atravesar un momento de cambio. No se requiere experiencia previa: solo disposición y ganas de conectar con uno mismo.
Si tuviera que resumir el sentido de la propuesta, Perotti lo define con claridad: Lo más importante es permitirte transitar lo que estás viviendo, sea bueno o malo, paso a paso. Disfrutar lo hermoso y también aprender a habitar lo que cuesta.

Lorena deja un mensaje final para todos aquellos que atraviesan momentos de transformación: “Que no se apuren a entender todo. Que confíen en el proceso. Está bien no saber. El ‘no sé’ no tiene nada de malo. A veces necesitamos tiempo para que las cosas se aclaren. Tenernos paciencia y abrazar lo que estamos viviendo también es parte del camino”.
Las caminatas se realizan en el entorno natural de Cerro Pelado, en Villa San Lorenzo, un espacio ideal para el contacto con la naturaleza y la exploración consciente. La propuesta está especialmente pensada para niños y niñas de entre 5 y 12 años, quienes pueden vivir la experiencia de manera lúdica, conectando con sus emociones y el entorno a través del movimiento y el juego.