El estilo de vida moderno, marcado por dietas ultraprocesadas, menor exposición al ambiente natural y uso frecuente de antibióticos, redujo drásticamente nuestro contacto con microorganismos beneficiosos. “Consumimos cada vez menos microbios y eso repercute en la diversidad de nuestra microbiota intestinal”, advirtió el investigador del CONICET Gabriel Vinderola durante Microbiota Buenos Aires 2025.
Lejos de ser un detalle menor, los especialistas señalan que esta pérdida de diversidad microbiana impacta directamente en el sistema inmunológico y en la salud metabólica. En el encuentro, referentes de PROFENI, red de profesionales dedicados a la nutrición infantil, destacaron que la infancia es una etapa crítica para consolidar el equilibrio de la microbiota, el ecosistema de bacterias que habita el intestino y que cumple funciones vitales en el metabolismo, la maduración inmunológica y la protección frente a enfermedades.
“La microbiota es un órgano en sí mismo. Su desequilibrio se asocia con trastornos digestivos, inmunológicos, respiratorios y hasta del desarrollo neurocognitivo”, resumía así la pediatra y nutricionista Romina Lambert, del Hospital Italiano Regional del Sur de Bahía Blanca.
En la misma línea, Andrea González, jefa de Alimentación del Hospital de Gastroenterología “Dr. Bonorino Udaondo”, propuso mirar la nutrición infantil desde la comensalidad y explicó que los adultos modelan los hábitos de los niños con el ejemplo y no basta con ofrecer alimentos saludables, sino que debemos enseñar a disfrutarlos y compartirlos.
Los expertos coincidieron en que los alimentos fermentados constituyen una fuente natural y accesible de microorganismos vivos. El yogur, en particular, es el más indicado en la infancia por su perfil nutricional y seguridad alimentaria: aporta calcio, proteínas, vitaminas y bacterias beneficiosas que contribuyen a la producción de butirato, un compuesto esencial para la salud intestinal.
Según Vinderola, “es un alimento seguro incluso si se interrumpe brevemente la cadena de frío, lo que lo convierte en una opción ideal para la vianda escolar”.
Además de promover una dieta más diversa, los especialistas propusieron repensar el modo en que se gestionan los alimentos. En un contexto donde se desperdicia más del 30 % de la producción mundial, plantearon reemplazar las fechas de vencimiento rígidas por etiquetas de “consumo preferente” en productos estables como los fermentados, para reducir el desperdicio y aprovechar mejor los recursos.
Alimentos recomendados
Tanto a nivel nacional como internacional, el criterio en cuanto qué alimentos fermentados tendrían que incorporarse a la dieta de los niños se unifica y coinciden:
- Yogur probióticos/griegos: ya lo tienes, es muy usado y seguro para niños.
- Kéfir: bebida láctea fermentada, con diferentes cepas de bacterias y levaduras y mencionada en estudios tanto para adultos como pediátricos.
- Vegetales fermentados: como chucrut, kimchi son útiles para ampliar la variedad alimentaria y microbiota.
- Cereales o legumbres fermentadas: mencionadas en guías como la de Pediatrics Research Journal de alimentos fermentados para niños, recomiendan coco, batatas fermentadas y manzana triturada.