En una época en la que los drones eran una tecnología lejana y costosa, un joven salteño decidió que no iba a esperar a tener dinero para comprar uno. Lo construiría él mismo. Así comenzó la historia de Nicolás Cuadra, piloto de drones, creador de contenido audiovisual y apasionado de la electrónica, que desde hace más de una década recorre los cielos de Salta con aeronaves diseñadas y armadas por él.
Cuadra comenzó en noviembre de 2015, cuando los drones todavía no eran de uso masivo. La inspiración llegó de manera inesperada mientras estudiaba programación.
"Vi un video de YouTube de Pripyat, la ciudad de Chernobyl, filmado con un dron. Me pregunté cómo habían hecho eso y dije: yo quiero hacerlo", recuerda.
Con conocimientos previos de electrónica y computación, tomó una decisión poco común: construir su propio equipo. Sin recursos para comprar un dron comercial, encargó componentes desde China y utilizó lo que tenía a mano para el resto.
"El primer cuadro lo armé con madera de pino, atado con hilo y pegado con cola", cuenta entre risas.
Aunque para muchos parece magia, Cuadra explica que la estabilidad de los drones depende de la tecnología que llevan en su interior. "Los drones existen gracias a las computadoras. Tienen sensores que analizan miles de veces por segundo cómo se está moviendo el aparato y realizan correcciones constantemente para mantenerlo estable", explica.
A diferencia de muchos modelos comerciales actuales, varios de los drones que construye no cuentan con GPS ni sistemas automáticos de regreso. Eso significa que el control y la seguridad dependen exclusivamente de la experiencia del piloto. "Si pierdo la señal o el video, no sé qué está haciendo el dron. Tengo que apagarlo o hacerlo caer", señala. Por eso, cada vuelo implica una planificación cuidadosa y múltiples medidas de seguridad.
Uno de los trabajos que más repercusión tuvo en redes sociales fue el espectacular vuelo que realizó sobre la Plaza 9 de Julio, donde logró capturar imágenes inéditas entre cientos de personas. Lejos de la impresión que puede generar maniobrar un dron en un espacio tan concurrido, Cuadra asegura que el verdadero desafío está en otro lado: los cables. "He chocado más veces con cables que con personas", reconoce.
Consciente de los riesgos que implica cada vuelo, especialmente cuando utiliza drones construidos por él mismo y sin sistemas automáticos de seguridad, desarrolla distintos protocolos para minimizar cualquier inconveniente. Suele trabajar acompañado por amigos que actúan como observadores en tierra y siguen visualmente el recorrido del equipo gracias a sus luces de navegación.
La experiencia también le enseñó a ser creativo ante los imprevistos: en algunos vuelos colocó identificaciones con su número de teléfono para facilitar la recuperación del dron en caso de una caída o pérdida de señal. Cada despegue combina precisión técnica, planificación y una cuota de audacia que le permite obtener imágenes únicas de la ciudad desde el aire.
La velocidad y las acrobacias aéreas también forman parte del universo de Nicolás Cuadra. Fascinado por los drones de carrera, capaces de realizar maniobras extremas y alcanzar velocidades sorprendentes, el piloto salteño experimenta con este tipo de vuelos, aunque con una dosis extra de prudencia. A diferencia de los competidores que participan en circuitos especializados y cuentan con varios equipos de reemplazo, Cuadra debe enfrentarse a las dificultades de conseguir repuestos desde el interior del país. Un choque puede significar la rotura de una pieza clave y una espera de semanas o incluso meses hasta que llegue un nuevo componente desde el exterior.
Por eso, aunque disfruta de llevar sus drones al límite y poner a prueba sus habilidades, prefiere preservar sus equipos, que hoy no solo son parte de su pasión, sino también una herramienta fundamental para su trabajo y para seguir registrando los paisajes de Salta desde el aire.
Después de más de diez años de experiencia, Nicolás ha registrado algunos de los paisajes más impresionantes de la provincia: Cafayate, La Polvorilla, los Valles Calchaquíes y numerosos rincones poco conocidos. Pero si hay algo que lo sigue fascinando es volar por encima de las nubes.
"Me gusta mucho cuando las nubes están bajas y puedo verlas desde arriba. Son imágenes que desde el suelo no existen", cuenta.
También destaca los paisajes colorados camino a Cafayate y confiesa que todavía mantiene desafíos pendientes, como explorar en profundidad la zona superior de la Garganta del Diablo.
Cuando comenzó, prácticamente no había pilotos de drones en la provincia. Hoy la tecnología está al alcance de cualquiera, pero Nicolás sigue diferenciándose por algo poco habitual: no solo vuela sus equipos, sino que los diseña y construye con sus propias manos.
Lo que nació como la curiosidad de un estudiante que vio un video en internet terminó convirtiéndose en una pasión que le permitió mostrar Salta desde perspectivas inéditas y demostrar que, con ingenio y perseverancia, es posible construir literalmente los sueños desde cero y hacerlos volar.