Después de 20 años, se estrenó la secuela de El diablo viste a la moda, con figuras como Anne Hathaway, Meryl Streep y Stanley Tucci. La película, ya disponible en los cines de Salta y con más de 52 mil espectadores en su preestreno a nivel país, también deja ver un nombre detrás de dos de los vestidos de la protagonista: Gabriela Hearst.
La misma diseñadora rioplatense, por si fuera poco, recientemente anunció que será la encargada de la indumentaria de su selección: Uruguay, país de origen de Hearst. Y es que la nacida en Paysandú suma así un nuevo hito en su trayectoria dentro de la moda de lujo sustentable, con proyección internacional.
En la película, uno de los diseños más destacados pertenece a su colección primavera-verano 2025. Se trata de una pieza trabajada de forma artesanal, donde cada hebra fue intervenida manualmente y ensamblada en un proceso que combinó técnicas textiles con pintura. El vestido, de líneas fluidas y una paleta multicolor, se inscribe dentro del enfoque de la marca, centrado en materiales naturales y producción de bajo impacto.
Detrás de esa prenda hubo un equipo de alrededor de 40 personas, entre bordadores y pintores, que participaron en su confección. Sin embargo, la llegada de sus diseños al film no respondió a un acuerdo directo, sino a la lógica habitual de la industria: las producciones solicitan opciones, las marcas envían piezas y la selección final queda en manos del equipo de vestuario. La propia Hearst contó que suele enterarse de estos usos una vez que ya están en pantalla.
En paralelo, hace menos de un mes, la Asociación Uruguaya de Fútbol confirmó que la diseñadora —radicada actualmente en Estados Unidos— será la responsable de crear los uniformes a medida que utilizará la selección en el Mundial 2026. El anuncio, que tuvo bajo impacto en su momento, vuelve ahora a tomar relevancia en medio del interés global por la película.
El proyecto apunta a ir más allá del diseño. La iniciativa apuntará a poner en vidriera la lana merino uruguaya como insumo principal, con el objetivo de destacar la producción local y posicionarla en un escenario de visibilidad global como el Mundial. De este modo, se articula una cadena que combina campo, industria y marca en un mismo producto.
En cuanto a la película, la secuela se presenta como una de las grandes apuestas comerciales del año. Con un presupuesto cercano a los 120 millones de dólares —más del triple que la original—, una parte importante de la inversión se destinó al elenco, con unos 50 millones, mientras que cerca de 20 millones fueron asignados al vestuario.
Las previsiones iniciales apuntan a una recaudación de unos 66 millones de dólares en su primer fin de semana y a un objetivo global de hasta 600 millones. Aunque todavía no hay cifras consolidadas, el fuerte arranque en distintos mercados y el nivel de preventa refuerzan la expectativa de que la película logre replicar el impacto comercial de la primera entrega.