Lo que empezó como una pasión por las antigüedades y los recuerdos de la infancia, terminó convirtiéndose en un proyecto que combina cultura, salud y tradición. Así es la historia de Cintia Bisceglia Mazanowicz, una sommelier de té salteña que encontró su pasión después de las cuatro décadas, cuando ya pensaba que su profesión estaba marcada por lo que había estudiando antes o por su currículum, un concepto que quedó enterrado cuando entendió que siempre se puede comenzar de cero.
“Ahora me levanto con ganas de trabajar, abro los ojos con entusiasmo y ganas de aventurarme a esta pasión cada día”, expresa quien recibiera en su casa/taller (cuidadosamente ambientada entre lo rústico y las antigüedades) a Gente de Salta para compartir lo que hoy busca difundir: el verdadero universo del Matcha, una variedad milenaria originaria de Asia.
“Yo comencé al revés”, cuenta. Antes de formarse profesionalmente, ya ofrecía un servicio de té a domicilio con vajilla antigua, mantelería y catering completo. La inspiración venía de su abuela: “Abrir la vitrina y ver esos objetos era mágico. Desde chica me quedó ese amor por el té”.
“Yo miraba la belleza desde afuera”, recuerda sobre sus inicios. Su vínculo con el té no empezó desde lo técnico, sino desde lo emocional: “Tengo una memoria muy fuerte de mi infancia, de mi abuela, su casa, sus antigüedades… abrir la vitrina y encontrar esos detalles que me volvían loca”.
Ese recuerdo fue el punto de partida de un camino que, con el tiempo, se transformó en profesión. “Siempre fui fan del té. Pero el verdadero despertar llegó después de la pandemia, por Instagram, cuando descubrí que existía la carrera de sommelier”.
“El té es mucho más que un servicio: es historia, cultura, tradición. Detrás de una taza hay cientos de familias trabajando desde hace generaciones, en China o Japón, en condiciones extremas. Y en Misiones también, donde hay muchísimo sacrificio”.
Misiones, un polo productivo poco visible
En Argentina, la producción se concentra en el noreste: “Misiones está en el octavo lugar a nivel mundial en exportación de té. Es muy fuerte en el mercado, hay eventos y gente que viaja especialmente”.
Sin embargo, advierte una contradicción: “Aunque se produce muchísimo, no hay tanto apoyo económico local. Se prioriza más la yerba mate, incluso siendo el té un producto clave de exportación hacia países como Rusia o Estados Unidos”.
Tradiciones que marcan diferencias
Durante su formación, descubrió que cada cultura vive el té de manera distinta. “La británica es muy protocolar, con bocaditos dulces, salados y pastelería fina. Es hermosa, pero estructurada”.
El cambio llegó al conocer la ceremonia japonesa: “Ahí hice un clic. Encontré el encuentro con el otro, el silencio, la conexión con la experiencia del sabor. Se presta atención a cada detalle, desde cómo se prepara hasta cómo se toma”.
Ese enfoque la llevó a especializarse en el Matcha, una variedad que, aunque muchos asocian con Japón, tiene origen en China. “Los japoneses lo perfeccionaron, con procesos más complejos. Por eso es más caro y más valorado, sobre todo el grado ceremonial”.
Como sommelier, insiste en un punto fundamental: “Cada variedad tiene su tiempo y temperatura. Si no respetás eso, nunca vas a tomar un té como corresponde”.
Beneficios y consumo consciente
Además de lo cultural, destaca sus propiedades: “El matcha te da energía para emprender el día, para entrenar; mejora la piel, el cabello, refuerza el sistema inmune. También ayuda a la concentración, por eso lo usan los budistas para meditar”.
Entre otros beneficios, menciona su aporte en la prevención de enfermedades cardiovasculares y el Alzheimer; además del control del estrés: “Mente despierta y cuerpo relajado, sin la alteración del café”.
Sin embargo, aclara: “No es un medicamento. Pero aporta muchísimo. Basta con ver la calidad de vida de las culturas orientales: no es casualidad”.
Una oportunidad para Salta
Su historia refleja no solo un cambio personal, sino también una invitación a redescubrir el té más allá de lo cotidiano: como experiencia, como cultura y como puente entre tradiciones milenarias y nuevas formas de vivirlo en el norte argentino.
Cuando entró en este mundo y dejó atrás el uso de saquitos, comenzó a trabajar con hebras naturales, entendiendo que el verdadero té proviene de una única planta: la Camellia sinensis. De allí surgen todas sus variedades: blanco, verde, negro, oolong y fermentados.
“Cuando me llegó la caja con muestras, no entendía nada. Pero ahí empezó todo”, relata. Cintia sigue ofreciendo servicios de catering pero ahora con mayores alternativas de experiencias.
De Occidente a Oriente
Si bien su formación comenzó con el tradicional servicio británico, con el tiempo encontró una conexión más profunda en la cultura oriental. Especialmente en la ceremonia japonesa del té, donde el foco no está en el protocolo sino en la experiencia.
“Allí se valora el silencio, la conexión y el momento presente. Es algo completamente distinto”, explica. Esa filosofía, asociada al concepto de armonía y simplicidad, la llevó a especializarse en el matcha.
Una marca propia y una apuesta por la salud
Hace un año lanzó su propia línea de matcha, importado desde Japón. Esta variedad se diferencia del resto porque no es una infusión: se consume la hoja entera pulverizada, lo que potencia sus propiedades.
Entre sus beneficios, destaca:
- Aporte de energía sostenida (por su combinación de cafeína y L-teanina)
- Alto contenido de antioxidantes
- Mejora de la concentración
- Apoyo al sistema inmunológico
“No es un medicamento, pero ayuda muchísimo. Yo lo consumo todos los días”, asegura.
Tradición, cultura y futuro
Además del producto, su propuesta incluye experiencias: desde ceremonias japonesas hasta servicios de té británico con estética clásica. “El té es historia, cultura, tradición. Detrás de una taza hay generaciones trabajando”, afirma en relación al contacto directo que pudo vivenciar con familias de Misiones que se dedican hace generaciones a esta especialidad; “Sí, en la tierra de la yerba mate, donde ambos conviven armoniosamente”, agrega.
Así, entre hebras, vapores y rituales, su historia refleja cómo una tradición milenaria puede reinventarse en clave local, conectando pasado, presente y futuro en una taza de té.