Un espacio tranquilo, donde las letras se convierten en palabras pronunciadas por voces solidarias que se prestan a un servicio. En el Complejo de Bibliotecas y Archivos, la Sala para Personas con Discapacidad Visual “Olga Nélida Yáñez” se prepara para recibir nuevas voces, nuevos corazones, en su convocatoria al Banco de Lectores Voluntarios.

Este espacio de servicio solidario transforma la lectura en una herramienta vital, un puente hacia el conocimiento y la independencia para aquellos usuarios ciegos o con baja visión, permitiendo así que la biblioteca no sea solamente algo que se ve, sino también que se oye, se siente y une.
«Leer en voz alta para otro no es solo un gesto de ayuda, es un acto que conecta con el otro, y genera una enorme satisfacción”, explica Roxana Dib, coordinadora de Bibliotecas y Archivos.
Desde su creación en 1999, la sala trabajó incansablemente para garantizar el derecho fundamental a la lectura y al estudio para las personas con discapacidad visual. Cuentan con una extensa bibliografía en Braille que abarca todos los niveles escolares, desde los primeros pasos hasta la educación superior.

La tecnología adaptada facilita el acceso a la información, pero es el trabajo constante y dedicado de los lectores voluntarios lo que realmente marca la diferencia, acompañando a los usuarios en cada etapa de su trayecto académico, ofreciendo una guía personalizada y un apoyo invaluable.
¿Qué hace un lector voluntario?
Un lector voluntario es mucho más que una voz; es un facilitador, un compañero de viaje en el camino del aprendizaje. Se sumerge en los materiales de estudio y los comparte, en voz alta, con usuarios ciegos o con baja visión.

No se requiere una formación específica previa, solo disposición, compromiso y empatía. La sala brinda las herramientas necesarias y el apoyo constante para que cada voluntario pueda desarrollar su labor de la mejor manera posible.
Para inscribirse o solicitar más información, acercarse directamente a la sala o a través de WhatsApp al 3875150823.