Eutanasia de Noelia Castillo: El abandono y la fragilidad que la mataron antes

El caso de la joven española que accedió a la eutanasia en su país, abre un debate sobre el abandono, la resiliencia, el rol del Estado, el falso moralismo y la falta de contención que marcaron su trágica historia.

Por María Fernanda Navarro de Haz

Noelia Castillo Ramos. — web.

La eutanasia consumada de Noelia Castillo, en España, es un tema del que se habla en todo el mundo, en todas las redes sociales: Los que defienden su postura, los que la cuestionan, los que la condenan, los que la redimen. 

Desconozco cuál habrá sido su saber espiritual sobre la trascendencia, si alguien le habrá hablado de Jesús, de la esperanza, de tener visión o propósito a pesar de su dura vida y sus batallas; o alguien que la aliente. Testimonios de gente que se repone del horror y sale adelante hay infinidad, como así también otros que no llegaron a contarse porque apagaron su voz antes de que alguien pudiera ayudarlos, acabaron con sus propias vidas, sin llegar a pedir ayuda o sin ser vistos a tiempo.  

Es un tema durísimo, inexplicable, atravesado por distintas dimensiones que es imposible resumirlo en un artículo, hay abordajes espirituales, psicológicos, psiquiátricos, sociales e incluso físicos que atañen a la decisión sobre la vida propia o ajena. 

Noelia con su mamá

Desde mi fe cristiana y convicción sostengo que es Dios quien da y quita el aliento de vida, pero no es el punto, ya que desde el momento mismo en que los conceptos multifacéticos “eutanasia” y “aborto” fueron puestos a disposición del vocabulario universal, apareció la posibilidad de naturalizar e incluso legislar en la parte de “quitar vida”. 

El punto aquí es Noelia y todo lo que sucedió a su alrededor, un entramado muy complejo de relaciones rotas, de ausencias, de falta de amor, de cuidado; de dispositivos peligrosos e influencias demoníacas, de comunicaciones fallidas, y tiempos crueles.  

Pero también de fragilidad, de intolerancia al dolor, al sufrimiento, propia de una generación a la que se la apaga a veces demasiado rápido el entusiasmo. Y no porque no duela de verdad, sino porque es inevitable la chocante comparación con generaciones que sobrevivieron a situaciones dolorosas, genocidios, guerras, y todo tipo de abusos, pero pudieron canalizarlo en otras áreas de su vida. ¿Será que ya no es el mismo tipo de resiliencia? 

La polémica que se abre al habilitar la eutanasia por depresión es que crea un antecedente complejo para las miles de personas con diferentes cuestiones psicológicas que no encuentran un camino de resiliencia.

Con el diario del lunes y una muerte anunciada, ¿será que al menos podemos empezar a pensar en trabajar para crear resiliencia como una labor social? Sin esperar que las personas sufran algo catastrófico en sus vidas.

La escuela, los medios, la familia, los amigos, las instituciones, las iglesias, los clubes, ¿deberían tener como objetivo fortalecer desde la niñez para alcanzar la resiliencia en momentos críticos?

Visto desde ese lugar, ¿Noelia se constituye en emblema de una generación que no acepta el sufrimiento? Su caso representa la más triste desesperanza y soledad de este tiempo. Pero nos desafía a explorar qué tenemos para ofrecer al que perdió por completo la motivación.

¿Qué pasó? No hay una respuesta, lo que hay son interrogantes que al menos nos permitan interpelarnos. Por dónde empezamos a mirar a nuestro alrededor a la luz de estos hechos, un caso tan oscuro. 

Antes de concretarse la eutanasia, por dos años, el principal obstructor en la Justicia para que avance el proceso fue su padre; y cualquiera dirá “y claro, es lógico, es el papá”. Y para afianzar su batalla judicial contra la decisión de su hija de quitarse la vida, se asesoró con Abogados Cristianos, una organización que salió a respaldar al “padre salvador” y a defender su postura con toda clase de argumentos morales, algunos bíblicos, y la bandera de una batalla librada y al final perdida frente a la muerte consumada de Noelia Castillo. 

Las palabras finales de Noelia connotan parte de las razones por las cuales no vio salida posible: “para qué me quiere viva”.

Noelia fue quitada del seno familiar por la adicción de sus padres, un asunto que requiere otro debate y abordaje, no desde el señalamiento sino la comprensión, pero eso la llevó a depender del Estado desde que era una niña, de los famosos orfanatos u hogares de niños en donde los vínculos que se construyen son siempre dudosos y de temer. Uno de esos dispositivos, que debía protegerla, fue su sentencia de muerte, hace varios años, cuando sus propios compañeros la violaron en manada. 

Abogados Caso Noelia

Un tiempo después se quiso suicidar en dos oportunidades, en una de ellas se arrojó de un quinto piso para terminar con su vida. No logró su cometido, pero se lesionó gravemente quedando parapléjica. Pero ya se sentía muerta. 

A partir de ahí su vida se confinó a otro dispositivo del Estado, un hospital, y a un calvario marcado por dolor, físico y emocional, y basta con escucharla y verla en su última entrevista. 

“No soporto más a esta familia” (...) “Mi padre no me llama, no me escribe, tiene camioneta, moto y no me visita”. 

Afirmaba una y otra vez que estaba sola, que no tenía nada por qué luchar, pero miraba a los “abogados cristianos” y a otros militantes por televisión y los escuchaba opinar acerca de lo que es la vida, la muerte, Dios, el poder, la justicia, pero estaba sola en una sala de hospital. Y aunque volvió su madre en los últimos años, con álbumes familiares, y había algunas enfermeras, la ausencia del padre siguió siendo evidentemente clave para ella. Quizás esperaba un hombre arrepentido del abandono, un padre que regresara, que la abrazara, que demostrara que no todo varón es un abusador, pero no volvió como papá, volvió como verdugo judicial, para ganarle una pulseada, no para salvarla. 

El padre de Noelia apeló a Abogados Cristianos

Ella dependía de otros para sus necesidades básicas, ¿podría haber cambiado su calidad de días si ese acompañamiento hubiera sido desde el amor? “Veía todo negro”, ¿Quién le llevó luz? ¿Y qué es la luz?  

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron; estuve desnudo, y me cubrieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a visitarme” ... “De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron.” (Dijo Jesús en Mateo 25:35) 

Esto nos lleva a cuestionarnos, ¿Cuántos de aquellos que salieron a hablar de la eutanasia como un crimen o como un pecado, se acercaron a “esta pequeña”? ¿Cuán cerca se acercaron? ¿Cómo? ¿Desde el juicio, desde la empatía, desde la lástima, desde el amor? No lo sabemos. 

¿Cuántas Noelias hay a nuestro alrededor? Sufriendo en silencio. Es importante dar batalla contra sistemas corruptos, rotos, que en lugar de proteger a los niños los explotan, los descuidan, los arrojan a la muerte; hay que fortalecer los vínculos, dedicarle más tiempo a los tiempos de calidad, también horas, días y años a proyectos que fortalezcan la autoestima y la proyección de las nuevas generaciones; pero también hay momentos en los que hay que dejar de sacar tanta bandera que defienda ideologías a los cuatro vientos, para empezar a sacar pañuelos, secar lágrimas ajenas y extender los brazos, y abrazar.