En busca de nuevas oportunidades de trabajo, Gustavo Soriano de un día para otro dejó todo y se animó a empezar de nuevo lejos de su provincia, a 2690 km, en Comodoro Rivadavia.
La decisión en realidad no se había tomado a la ligera, venía germinando en su interior desde hacía tiempo, pese a que nunca hubiera querido salir de su provincia natal, cuenta Gustavo a Gente de Salta: “Yo de Salta no me muevo, voy a trabajar de lo que estudié, decía siempre, pero la vida me tenía preparado otro camino, otro desafío”.
En Salta, Gustavo de profesión periodista deportivo, había probado trabajando de todo, no era un improvisado, como cualquier otra persona, solo quería “salir adelante”.
Seducido por los comentarios de que “en el sur se vive mejor”, como la famosa canción de Raffaela Carrá y que además se gana bien, emprendió el viaje hacia Comodoro Rivadavia, también conocida como la “Capital del Viento”. Más de dos días de viaje en micro, el tan extenso recorrido le sirvió para buscar entre los recuerdos aquellos momentos compartidos en familia, abrazos y risas con amigos, asados y empanadas con los suyos, la nostalgia le invadía el pecho, pero allá iba dispuesto a conquistar el mundo y solo tenía un objetivo: ganar lo suficiente para tener una vida mejor y que a su hijo, que había quedado en Salta, no le faltara nada.
Su hermano, unos años más chico que él ya estaba instalado junto a su esposa desde hacía algunos años en la ciudad del sur, por lo que, en ese hogar tenía un lugar que lo esperaba.
Sin embargo, la adaptación no fue sencilla, aunque los paisajes eran deslumbrantes para este salteño que nunca había conocido el mar, le llevó algunos días acostumbrarse al frío, al viento que calaba los huesos y a la tierra constante golpeando la cara.
“Cuando llegué a Comodoro yo quedé maravillado con el mar que nunca había conocido y me dediqué unos días a conocer cada rinconcito de la ciudad”, cuenta Gustavo
Así transcurrieron uno, dos, tres, varios meses y, pese a haber dejado currículums en cuanto lugar podía, no lograba conseguir trabajo. Muchas noches la angustia lo invadió, pero regresar a Salta no era una opción, por lo menos, no este primer año así que cada mañana, al levantarse, se repetía a sí mismo, “Aquí vamos de nuevo, hoy será un gran día”, para autoconvencerse que rendirse no era viable.
El objetivo de desprenderse de sus raíces era juntar dinero suficiente para volver a Salta al cabo de un tiempo y emprender algo. “Yo estaba metido en el periodismo 24/7 pero, como a muchos, el dinero no alcanzaba”, cuenta Gustavo a Gente de Salta.
Y agrega: “La situación laboral en general está complicada no sólo para los que venimos desde otras provincias, sino también para el mismo comodorense porque no es fácil conseguir trabajo”.
Fue en una de esas largas noches que una imagen se le vino a la cabeza, por qué no probar vendiendo “tortillas a la parrilla”, esas que tantas veces le habían halagado cuando vivía en Salta por lo sabrosas que las preparaba, con la receta de la abuela quien le había dado “el secreto estrella” y las proporciones justas para que la textura de la masa sea única y su sabor quede en la memoria gustativa de quien la probara.
Fue así como su hermano le facilitó un “chulengo” muy pequeño (un tipo de parrilla o asador hecho con un tambor reciclado, o un carro de carga pequeño), en el que sólo entraban dos tortillas medianas, lo que hacía más complicado poder asarlas. A las pocas semanas y con esfuerzo, ya pudo comprar una parrilla más grande para el emprendimiento.
Pronto la variedad de pan fue creciendo y hoy ofrece no sólo la tortilla a la parrilla común, sino también tortilla rellena y “pan con chicharrón”, lo que en Salta se conoce como “bollos”.
Fue todo un éxito entre los comodorenses y aunque el emprendimiento no deja de crecer, en la actualidad le permite ayudar a su hijo y darse unos pequeños gustos, no cree que esto sea “para siempre”, porque el amor por el periodismo sigue latente y no deja de creer que pronto volverá a ejercer.
“La vida del emprendedor es muy difícil, te puede ir bien o mal, pero todo depende de uno, de la constancia y la responsabilidad que le pongas, ya que si bien no tenés jefes, hay que aprender a manejarse con tanta libertad y administrar tus propios horarios”, reflexionó el salteño.
Mientras tanto, los comodorenses siguen “deleitándose” con esta tortilla “única” que preparan las manos de este salteño que hace furor en el sur del país.