En la búsqueda constante de nuevas alternativas para combatir el dolor crónico —una condición que afecta la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo—, la ciencia argentina acaba de dar un paso clave.
Un equipo de investigación del CONICET, con base en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM, CONICET-UNCUYO), demostró que medicamentos tradicionalmente utilizados para regular la presión arterial (antihipertensivos) podrían ser eficaces para el tratamiento del dolor crónico patológico, según se informó desde el reconocido organismo argentino.
Este hallazgo, publicado en la prestigiosa revista científica Frontiers in Pharmacology, representa la primera demostración de un nuevo uso -estrategia conocida como reposicionamiento farmacológico- para compuestos que regulan los receptores de la angiotensina 2.

Esta hormona, perteneciente al sistema renina-angiotensina, es famosa por regular la presión arterial, pero también se libera como respuesta a los estímulos dolorosos.
"La idea era reutilizar drogas existentes, con perfil seguro, para explorar nuevos usos en otras patologías, evitando el largo proceso de aprobación de nuevos compuestos. En este estudio, nos enfocamos en los receptores AT1R y AT2R de la hormona angiotensina 2, que regulan funciones como la presión arterial, y la función renal y cardiovascular, entre otras", explicó Cristian Acosta, investigador del CONICET y líder del estudio.
La gran ventaja del reposicionamiento farmacológico es el tiempo, ya que desarrollar una molécula desde cero, probar su seguridad y obtener la aprobación de los entes reguladores puede demorar más de una década, mientras que reutilizar drogas que ya pasaron esos filtros acorta drásticamente el camino hacia los pacientes.
Para probar la hipótesis, los científicos trabajaron con un modelo experimental de lesión crónica del nervio ciático en animales de laboratorio, y evaluaron el comportamiento de dos compuestos:
- Telmisartán: un antihipertensivo de uso común en humanos.
- PD123319: un compuesto químico utilizado en investigación médica.
El equipo analizó el efecto de administrar estas drogas de forma individual y combinada.
"Demostramos que el telmisartán bloquea la unión de angiotensina al receptor AT1R y el PD123319 hace lo mismo con el AT2R", detalló Acosta.
Los resultados del estudio fueron contundentes, y demostraron que el bloqueo de ambos receptores redujo indicadores asociados al dolor neuropático, originado por lesiones en el sistema nervioso-, especialmente cuando ambos receptores fueron inhibidos de manera simultánea.

Además, los investigadores observaron que la manipulación farmacológica de AT1R y AT2R causa cambios en la expresión de TWIK1, un canal permeable a iones potasio presente en neuronas sensoriales, alterando los niveles circulantes de citoquinas pro-inflamatorias, proteínas coordinadoras de la respuesta inflamatoria celular.
En este sentido, el estudio aportó información sobre un mecanismo biológico hasta ahora desconocido, que asocia el sistema renina-angiotensina con canales iónicos en un modelo de dolor.
Asimismo, se observaron cambios en los niveles de citoquinas pro-inflamatorias, las proteínas que coordinan la respuesta inflamatoria del cuerpo.
Este descubrimiento conecta, por primera vez en un modelo de dolor, al sistema encargado de la presión arterial con los canales iónicos de las neuronas que transmiten el sufrimiento físico.
Aunque se trata de una etapa experimental, el estudio abre una ventana de esperanza para el desarrollo de terapias clínicas más accesibles y rápidas de implementar contra el dolor crónico.
Hacia el futuro, el equipo de científicos continuará profundizando en la interacción entre el sistema renina-angiotensina y las citoquinas inflamatorias.
El objetivo final es desentrañar con precisión milimétrica cómo cooperan estos mecanismos, un paso fundamental para que este hallazgo de laboratorio se transforme, eventualmente, en un tratamiento real en los hospitales.