Detrás de cada joya hay una historia, y en el caso de Antonieta Barreiro, hay muchas: la de una vocación por el diseño que empezó en la infancia, la de un emprendimiento que nació en su casa, casi por casualidad, y la de un amor de la niñez que décadas después reapareció para acompañarla en la expansión internacional de su marca.
Barreiro, que hoy tiene 50 años y es mamá de cuatro hijos, habló con Gente de Salta y contó que es diseñadora de interiores de formación, pero creativa por naturaleza, y desde pequeña se sintió atraída por el mundo del diseño: “Estudié corte y confección, diseño de moda, cerámica, yesería y hasta carpintería, todo en talleres independientes”.
Más tarde cursó Diseño de Interiores en la Universidad Católica de Salta y trabajó durante años en ese rubro, aunque abrirse camino no fue fácil.

“En esa época era complicado entrar en el mercado del diseño. Los arquitectos estaban acostumbrados a hacer todo y el núcleo era bastante cerrado”, recordó, tras lo que reveló que, aún así, logró “desarrollar proyectos" y consolidarse profesionalmente.

El descubrimiento de la joyería
La pasión por las joyas, sin embargo, venía de mucho antes, y paradójicamente, su condición de hiperalérgica le impedía usarlas con libertad: “Me encantaban, pero casi no podía usar más que mis aritos de oro”.
Mientras estudiaba, se mantenía vendiendo artículos artesanales que traía de una proveedora de Buenos Aires, pero algo empezó a pasar: las piezas no la convencían y terminaba desarmándolas para rehacerlas a su gusto.
Esa intervención le permitió descubrir que el armado de joyas la fascinaba, y comprobar que había heredado de su padre, que es arquitecto, su habilidad con las manos.

Autodidacta, con algunos talleres en Buenos Aires y la base del diseño ya incorporada, comenzó creando piezas para ella misma, pero la respuesta no tardó en llegar: En la puerta del colegio de sus hijos, otras madres le preguntaban por los collares o pulseras que llevaba.
“Me decían: ‘haceme uno por favor’. Y así empezó todo”, precisó.
En 2009 decidió probar formalmente: hizo 15 collares y los vendió en una semana, y el emprendimiento creció de forma orgánica, con el boca a boca.
Pronto su casa se transformó en un showroom improvisado, con clientas golpeando el timbre, a toda hora.

“Llegó un momento en que era demasiado. No había horarios, se mezclaba la vida familiar con el trabajo. Ahí entendí que tenía que abrir un local a la calle”, recordó.
El salto llegó en 2014. Recién entonces dimensionó el crecimiento: al organizar su base de datos descubrió que ya tenía cerca de 2.000 clientas.
“Desde el primer día que abrí, empecé a vender. Fluyó solo”, resumió.
Arte, diseño y experiencia
Barreiro define su espacio no solo como una joyería, sino como “un lugar de arte, diseño y joyas”, ya que, además de diseñar sus piezas, pinta y trabaja otras expresiones artísticas.
“Muchas clientas llegan por un collar y terminan llevándose un cuadro”, develó Antonieta.
Su producción combina plata 925, oro, piedras preciosas y semipreciosas, con una premisa clara: piezas con diseño, buenas terminaciones y carácter atemporal.
“La ropa pasa; la joya es para toda la vida. Tiene que poder acompañarte siempre”, explicó.

El proceso creativo es constante, y es la parte de su trabajo que más le gusta.
Viaja y recolecta piedras que luego se transforman en nuevas piezas y, aunque hoy delega parte del trabajo de taller, sigue ocupándose del ensamble final para garantizar la calidad, al tiempo que mantiene el contacto directo con el público en el salón, algo que considera esencial en su negocio.
“No venís solo a comprar una joya, venís a tener una experiencia. Muchas quieren algo especial y lo diseñamos juntas, según los colores, algún evento o el estilo”, expresó.
Su oferta incluye desde aros y tobilleras hasta piezas personalizadas, souvenirs de 15 y casamientos, anillos, alianzas o chapas médicas para personas alérgicas, entre otras.
En los últimos años, además, abrió una línea pensada para hombres, un segmento que —según aseguró— crece de a poco con “las nuevas generaciones”.

La pandemia, el cambio y un amor reencontrado
La pandemia marcó un punto de inflexión en su carrera y en su empresa. El negocio se frenó y la crisis la llevó a replantearse la vida.
Separada y con la certeza de que quería cambios, volvió a pensar en un viejo deseo: instalarse en Europa.
Descendiente de españoles y con ciudadanía, siempre había sentido esa conexión.
En ese contexto ocurrió algo inesperado: A fines de 2021 recibió un mensaje en redes sociales desde Francia. Era Mario Carnuccio, su compañero de tercer grado en Buenos Aires, a quien no veía desde los 11 años.

Se habían conocido a los ocho, se habían enamorado de niños y la vida los separó cuando ella regresó a Salta, a vivir con su padre.
“Cuando yo era chica vivía en Buenos Aires y Mario fue mi compañero de tercer grado", resaltó Antonieta.
Ambos concurrían a la Escuela número 1 de Monte Grande: “nos conocimos a los 8 años y fue así, una cosa impensada, como cuando dos almas que se ven, se reconocen y se enamoran”, manifestó.
Y resaltó: "Teníamos ocho años pero nos amábamos, andábamos de la mano, nos sentábamos juntos”.
Perdieron el contacto y cada uno hizo su vida
Luego, Antonieta relató que, en esa época, “las cartas tardaban un mes en llegar, no había celulares, no había comunicación”, por lo que, al separarse, a los 11 años, perdieron el contacto.
No obstante, cada uno siguió su camino. Antonieta se casó y tuvo a sus cuatro hijos mientras que Mario, que nació en Buenos Aires, vivió muchos años en Italia, de donde es oriundo su padre.
“Él viajó un montón, vivió en Australia, en Italia, en Inglaterra, en Suiza, en un montón de lugares, hasta que se estableció en Francia, hace once años”, sostuvo.

Durante décadas no tuvieron contacto, aunque Barreiro conservó una foto suya en un álbum, que le costó mucho conseguir. Él, por su parte, la había buscado sin éxito.
El 25 de noviembre de 2021, en el día de su cumpleaños, Antonieta subió a las redes una foto con una amiga, algo inusual en sus costumbres, y a él, que estaba en Francia, se le apareció en la pantalla: “me había estado buscando durante toda la vida pero no sabía ni dónde estaba ni qué estaba haciendo".

“Ese día vio mi foto y me reconoció en el acto”, narró, tras lo que develó que Mario le mandó un mensaje por una red social que al principio le costó abrir, pero que cuando lo leyó también lo reconoció instantáneamente, por lo que empezaron a hablar y ”fue así, como re fuerte", sostuvo.
El reencuentro fue inmediato: “como si nunca nos hubiéramos separado”, reveló Antonieta, quien también apuntó que durante meses hablaron a la distancia, incluso compartiendo “citas virtuales” en las que cocinaban juntos, conectados por videollamada.
En 2022 decidieron encontrarse en México, un punto intermedio para ambos, y después llegaron los viajes familiares, y finalmente la decisión de emprender juntos.

Así nació la sociedad Antonieta Barreiro & Co, con la apertura de un local en Niza, Francia.
Allí, el mercado turístico resultó desafiante —muy activo en verano y más lento en invierno—, pero la experiencia le permitió trabajar en talleres de marcas reconocidas y aprender nuevas técnicas que planea incorporar a sus colecciones 2026.
Presente y futuro, entre Salta y Europa
Aunque mantiene el proyecto internacional, que está en stand by, Barreiro sigue considerando a su local de Salta como la “casa madre”, y recientemente apostó a un nuevo espacio en San Lorenzo Chico, el shopping WA Sinérgico, que abrirá sus puertas en los próximos meses.
La idea con esta nueva locación es acercarse a generaciones más jóvenes y a un público que aún no la conoce.

“En Salta ya me hice un nombre, y eso me hace feliz, porque lo logré sola”, afirmó.
Su clientela histórica llegó principalmente por recomendación, y hoy incluso atiende a los hijos de aquellas primeras compradoras que comenzaron a visitarla hace más de una década.
Entre la producción, el diseño del nuevo local —que ella misma realizó— y los planes de expansión, reconoce que vive en movimiento constante, pero hay algo que no cambia: la convicción de seguir el propio camino.

“No tengo miedo al cambio ni a volver a empezar. Cuando dejo de ser feliz con algo, lo cambio. Siempre seguí mi felicidad”, dijo.
Tal vez esa filosofía explique por qué, entre joyas, arte y viajes, su historia combina dos pasiones que parecen inseparables: el diseño y el amor.
La historia de amor quedó plasmada en un libro
“El patio cubierto de viruta y aserrín” es el libro que escribió Mario Carnuccio luego de reencontrarse con Antonieta, en 2021, tras años de buscarla.

En la obra, Mario cuenta los pasos que dieron desde el día en que se conocieron: “Era como un ángel caído del cielo, magníficamente representado por una niña”, relató, y le dedicó versos como:
Una bella trigueña,
la más hermosa niña
que en su vida jamás
hubiera podido ver.
Sintió en su pecho el amor
como si siempre la hubiese amado;
no obstante, era pocos minutos
que la acababa de conocer…
A la vez, unos días antes de la llegada de su primer mensaje, en 2021, Antonieta había pintado un cuadro para participar de un concurso de arte, que premonitoriamente nombró “Encuentro de Almas”, y que hoy, tras haber logrado el primer premio, decora el salón de su negocio, donde además de joyas hay pasión, historias de amor y arte.