Sociedad“Salid de ella, pueblo mío”

La alternativa del desierto: desterrando las lógicas de la gran Babilonia

Las escrituras denuncian sistemas opresivos y ofrecen un camino para crear una alternativa comunitaria basada en el amor de Cristo y su justicia.

Daniel  Scott
por Daniel Scott 20 Marzo de 2026
20 Marzo de 2026
Desierto
Desierto .

Apocalipsis 18 denuncia a “la gran Babilonia”, símbolo tanto del Imperio romano de su tiempo como de todos los sistemas opresivos que se han levantado a lo largo de la historia. Entre sus características se afirma que:

- Los comerciantes de la tierra se enriquecieron con ella, despilfarraron, traficaron, se volvieron magnates y engañaron a las naciones.

- “Se ha convertido en morada de demonios”.

Hoy podemos reconocer ese mismo rostro: un sistema que obedece a la lógica del egoísmo, del mercado y de la crueldad, a costa de la voluntad de Dios, la dignidad humana y el bienestar de los pueblos. El ser humano le da la espalda a Dios y en consecuencia se hace su propio dios, se convierte en mercancía, se adueña de tierras, mira al prójimo como enemigo, explota, lastima y margina para acumular gloria, riqueza y placeres. Una lógica diabólica que nos oprime y deshumaniza.

Sin embargo, ante esta radiografía, el Apocalipsis también anuncia una buena noticia: “¡Ha caído! ¡Ha caído la gran Babilonia!”

Desierto

La Luz vencerá a la oscuridad. Por eso el texto lanza un imperativo urgente:

“Salid de ella, pueblo mío”

Salir no es huir del mundo. Es no pertenecer a su lógica cuando se opone a la propuesta de Cristo. Es crear una alternativa comunitaria que nace en la periferia al seguir a Jesús fuera de todo orden dominante y centralista. Y salir del sistema nos lleva a una especie de desierto. Al mismo desierto de los profetas para encontrarnos con Dios y, al mismo tiempo, con el otro.

Allí comienza una forma de vida distinta: una vida que prioriza la gracia sobre la meritocracia, el perdón sobre la venganza, el desprendimiento sobre la acumulación, el amor sobre el odio.

Desierto

Por eso en el desierto aprendemos a caminar tras las huellas de Jesús. Ese camino estrecho que transforma nuestro corazón y, desde ahí, nuestros hogares, comunidades, barrios y pueblos. Rompe con el statu quo de nuestro pecado y nos hace volver al modelo original de la creación.

Una nueva tierra donde el Sol de justicia hará brotar definitivamente el perdón, la paz, la solidaridad, la igualdad, la justicia y el amor para siempre.

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