“Las infancias no se etiquetan"

En el Día de los Jardines de Infantes, la maestra jardinera Milagros Ibarra compartió una profunda reflexión sobre el valor de las infancias, el poder del juego, la música y la literatura en el aula, y la importancia de acompañar a cada niño sin etiquetas ni fórmulas mágicas, entendiendo que educar también es construir futuro.

Por Redacción Gente de Salta

Día de las infancias — .

Cada 28 de mayo, en Argentina se celebra el Día de los Jardines de Infantes y de la Maestra Jardinera, una fecha que reconoce el enorme trabajo de quienes acompañan los primeros pasos de millones de niños en su etapa educativa más importante: la infancia.

En este marco la docente Milagros Ibarra compartió una emotiva reflexión sobre el verdadero significado de educar en la primera infancia. Con palabras cargadas de sensibilidad y experiencia, destacó la importancia del amor, la contención y el acompañamiento en los primeros años de vida de los niños.

Milagros contó que el mes de mayo la emociona profundamente, especialmente porque suele ser convocada a distintos jardines de infantes para compartir música, canciones y momentos con los más pequeños. “Eso me conmueve muchísimo”, expresó, al recordar la magia que se genera en esos encuentros llenos de inocencia y alegría. En ese sentido, contó que siempre vuelve a un fragmento de una poesía de María Elena Walsh que la moviliza especialmente: “Quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor”. Para ella, esas palabras resumen la esencia de la infancia y el verdadero espíritu de los jardines: un espacio donde jugar, imaginar y crecer siguen siendo lo más importante.

Día de las infancias

—¿Qué es lo más lindo y lo más desafiante de trabajar todos los días con niños pequeños?

 Sobre todo lo aprendido durante sus años frente a las salas de jardín y aseguró que una de las enseñanzas más importantes fue comprender que las infancias son diversas y únicas. No existen tips ni fórmulas mágicas que indiquen exactamente por dónde ir, lo comparo con el rol de un faro que acompaña, guía y facilita el camino de cada niño. Trabajar con las infancias implica un descubrimiento permanente y también una enorme responsabilidad social y políticaY es muy importancia de no rotular ni etiquetar a los chicos, cada infancia encierra mucho más de lo que muchas veces se ve a simple vista. Siempre hay un devenir que puede seguir construyéndose, y ese es el gran desafío..

—Después de tantos años acompañando infancias, ¿qué creés que nunca debería perder un jardín de infantes?

Hay cosas esenciales que nunca deberían faltar en un jardín de infantes: la música, la literatura, los juegos y las canciones. Para la docente, el jardín debe seguir siendo ese universo mágico donde los niños puedan explorar, imaginar y aprender a través del juego. Además, remarcó la importancia de entender el error como parte natural del crecimiento y no como un fracaso, ya que cada niño construye su aprendizaje a su propio tiempo. “Los niños tienen esa enorme posibilidad de construir y transformarse constantemente, porque ellos son el futuro”, expresó con emoción.

La conmemoración se realiza en homenaje a Rosario Vera Peñaloza, una destacada docente nacida en la provincia de La Rioja, considerada una de las grandes impulsoras de la educación inicial en el país. Con una visión adelantada a su tiempo, dedicó su vida a promover espacios educativos para los más pequeños, cuando todavía muchas personas veían a las guarderías únicamente como lugares de cuidado y no como ámbitos fundamentales para el aprendizaje y el desarrollo emocional.

Rosario Vera Peñaloza entendió que la educación comienza desde los primeros años de vida. Por eso trabajó intensamente en la formación de maestras especializadas en nivel inicial, convencida de que quienes estuvieran al cuidado de los niños debían contar con preparación, sensibilidad y herramientas pedagógicas. Su tarea fue clave para sentar las bases de lo que hoy conocemos como jardín de infantes.

A lo largo de los años, la educación inicial fue transformándose. Cambiaron los métodos de enseñanza, las dinámicas familiares y las necesidades de la infancia moderna. Sin embargo, el rol de las maestras jardineras continúa siendo esencial: no solo enseñan colores, letras o canciones, sino que también contienen, acompañan y ayudan a construir la autoestima y la socialización de los niños.

La elección del 28 de mayo no es casual: ese día, en 1950, falleció Rosario Vera Peñaloza, dejando un legado educativo enorme que sigue vigente en cada sala de jardín del país. Además de fundar escuelas y bibliotecas, también impulsó materiales didácticos y nuevas formas de enseñar a través del juego y la creatividad.

Hoy, en tiempos donde las infancias enfrentan nuevos desafíos vinculados a la tecnología, la estimulación temprana y los cambios sociales, el trabajo de los jardines de infantes cobra todavía más relevancia. Son espacios donde los niños comienzan a descubrir el mundo, aprenden a convivir y desarrollan habilidades emocionales fundamentales para toda la vida.

Por eso, esta fecha no solo celebra a las maestras jardineras, sino también el valor de educar con amor, paciencia y compromiso desde los primeros años.