La Argentina ocupa el tercer lugar en toda América en cuanto a consumo de alcohol: 9,1 litros alcohol puro per cápita/año.
Según el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que recopila estadísticas con sus 194 Estados Miembros, la Argentina se colocó detrás de Canadá (10 litros) y los Estados Unidos, con 9,3 litros, en el continente americano, y superó por primera vez a Chile (9 litros), que en el informe anterior (2014) estaba por delante.
Sin embargo, detrás de estas estadísticas existen historias de vida de personas alrededor del mundo que luchan a diario por controlar el alcoholismo, una enfermedad progresiva que no puede curarse, pero que, al igual que muchas otras enfermedades, se puede contener.
Gente de Salta llegó hasta la iglesia San Alfonso, ubicada en Leguizamón 848, para entrevistarse con Martín, hoy servidor y encargado de relaciones públicas del grupo Alcohólicos Anónimos que funciona allí, con reuniones semanales de apoyo a personas que padecen esta adicción.
“El alcoholismo se puede definir como una enfermedad que combina la alergia física al alcohol y una obsesión por la bebida, sin tener en cuenta sus consecuencias, y que es imposible contenerla con sólo la fuerza de voluntad”, detalla el hombre con vehemencia.
Y agrega: “Alcohólicos Anónimos es una comunidad mundial de hombres y mujeres cofundada en 1935 con sedes en todas partes del mundo, que se financia con la ayuda voluntaria de quienes asisten”.
Siguiendo esa línea, nos revela que el grupo de Alcohólicos Anónimos está formado por hombres y mujeres “que hemos llegado a entender y admitir que no podemos controlar el alcohol. Nos hemos dado cuenta de que tenemos que vivir sin la bebida, a fin de evitar el desastre para nosotros mismos y para la gente más allegada a nosotros”.
“Somos parte de una hermandad internacional de carácter informal con grupos locales en miles de comunidades, y que en la actualidad tiene miembros en 150 países. Tenemos un único objetivo primordial: mantenernos sobrios y ayudar a otros que recurran a nosotros a lograr la sobriedad”, expresa Martín y da paso a algunos pasajes de su historia personal, de lucha y superación para llegar a la actualidad a ser un servidor del grupo y ayudar a otras personas que, como él, alguna vez llegaron devastados en busca de ayuda.
“Gracias a lo que hicieron mis compañeros en el pasado, yo llegué aquí, pero también tengo un ángel, mi exesposa que me decía que yo tenía un problema con el alcohol, que debía buscar ayuda, ella insistió tanto que la escuché y Dios actuó por medio de ella para que yo llegara aquí”, nos cuenta Martín.
“El alcoholismo es una enfermedad de negación”, explica a Gente de Salta, y recuerda: “Yo pasé mucho tiempo insultando a la madre de mis hijos, señalando a otros y nunca reconociendo que era yo el que estaba mal”.
“Yo me justificaba diciendo que solo tomaba los días sábados y, por lo tanto no era alcohólico, pero aquí no importa cuantos días o la cantidad que tomes, sino el efecto que hace el alcohol. Yo pensaba que el alcohólico era el que tomaba debajo de un puente, el que estaba tirado, pero nunca asumía y me convencía diciéndome que trabajaba todos los días y medianamente era un papá responsable, cuando en realidad yo estaba mal”, reflexiona Martín.
Características y efectos del alcoholismo según la OMS
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el alcoholismo como un trastorno que causa deterioro psicofísico y social, manifestado en la incapacidad de limitar el consumo de alcohol a pesar de las consecuencias negativas.
Afecta tanto la salud física (daños en el cerebro, hígado, etc.) como la mental y genera problemas interpersonales y sociales.
- Deterioro psicofísico: El consumo excesivo y prolongado puede dañar la estructura y el funcionamiento del cerebro.
- Efectos mentales: Cambios en el sistema motivacional, que regula la recompensa, el placer y el control de los impulsos.
- Efectos físicos: Mayor riesgo de desarrollar enfermedades como cirrosis hepática, enfermedades neuropsiquiátricas y otros trastornos relacionados con el consumo.
- Deterioro social: El alcoholismo lleva a problemas en el trabajo, la escuela o en las relaciones familiares y sociales.
- Dependencia: Se caracteriza por la incapacidad de controlar el consumo, la necesidad de aumentar la cantidad para lograr el mismo efecto (tolerancia) y la aparición de síntomas de abstinencia al dejar de beber.
- Impacto en la salud pública: El consumo de alcohol es un factor contribuyente a millones de muertes y enfermedades prevenibles cada año a nivel global.
Sobre cómo se sobrelleva esta enfermedad, el servidor detalla: “Es una enfermedad incurable, el tratamiento es día a día, se trata de un compromiso con uno mismo”.
En este sentido, lamentó que la sociedad estigmatice al alcohólico y sea excluido, dejándolo de lado con palabras y gestos hirientes, “la gente no tiene compasión y lo tratan mal hasta en la misma familia”.
“El borracho es una persona hiperinconsciente de lo que hace y el daño que causa en los seres queridos”, resume en palabras lo que esta enfermedad causa en los demás.
“Al borracho no le importa la familia, el trabajo, la sociedad, no le importa el prójimo, se puede decir que es una mala persona que lleva eso en el alma, al enfermar nuestro cuerpo enfermamos la mente y, por lo tanto, nuestra parte espiritual”, resume.
Sobre cómo fue la primera vez que llegó al grupo y tuvo que enfrentar su realidad, el hombre lo define como un momento crucial, de mucha incertidumbre sobre lo que iban a enseñarle, “yo pensaba que me iban a enseñar a tomar de a poco o me iban a poner un psicólogo, y estaba completamente equivocado”.
“En una parte muy interna de mi ser yo lloraba, quería salir del lugar donde estaba y no sabía cómo pedirles ayuda, yo estaba muy mal y tuve dos intentos de suicidio”, recuerda Martín sobre esos días sombríos donde parecía no haber salida a más de 25 años de adicción a las bebidas alcohólicas.
“Cuando llegué sentí la contención de un grupo que con el tiempo se hicieron amigos y hasta familia, que me contuvieron, apoyaron y me hicieron sentir de nuevo como una persona”, destaca sobre la humanidad que encontró en ese grupo que se terminó convirtiendo en una parte esencial de su vida.
Con dos reuniones semanales, el grupo se conforma por personas de distintas clases sociales, profesiones y oficios, pero con un solo objetivo en común: dejar atrás esa vida que duele y daña al entorno, a los afectos, que hace daño de manera inconsciente y en donde se vive en la oscuridad, la tristeza y la angustia.
“Asisten abogados, ingenieros, arquitectos, pero todos dejan su título afuera, aquí somos todos iguales, es un compañero más te ayudan, te comprenden, te dan amor”, asegura.
En otra parte de la nota también nos relata cómo es el día a día de un tratamiento de este tipo, cómo se hace para frenar las ganas irremediables de volver a consumir alcohol: “Es sumamente importante no dejar el grupo, porque ellos son el principal sostén, pero también hay que poner mucha voluntad y cuando vienen esas ganas fuertes de tomar, hay que reemplazarlo por agua, cosas dulces mientras internamente te repetís: hoy no debo levantar el vaso, alejarse de todas las juntadas de amigos o situaciones donde pudiera haber el alcohol”.
Casi grabado a fuego, en su mente quedó una frase con la que le dieron la bienvenida: “Desde la primera vez que entré me dijeron que este no era un programa para inteligentes, sino para obedientes, mis compañeros me decían: vos hacé lo que nosotros te decimos y te aseguramos que no vas a tomar durante ese día y así fue, ya pasaron 11 años que no pruebo alcohol”, reveló.
Su relación con un poder superior
Si bien el tratamiento no es de carácter espiritual, ya que al grupo se han unido hasta personas agnósticas, el hombre aclara que sí cree en un ser superior, en su caso en Dios, quien lo ayudó a sobrellevar todos los desafíos que se le pusieron por delante, incluso en esos momentos en que parecía flaquear, “aprendemos a manejarnos y a frenar nuestra enfermedad, el compañero que aprende a respetar este programa aprende a vivir sin alcohol”.
Si bien dice que aprendió a perdonarse a sí mismo, hay cosas que todavía laten en su interior y queman como fuego, algunos recuerdos lo remontan a los momentos más oscuros donde no medía daños ni consecuencias: “Para comprar alcohol yo llegué a robarle hasta mi mamá, empeñé y vendí todas mis herramientas de trabajo, me quedé sin nada”.
Sin embargo, uno de los recuerdos más dolorosos es con una de sus hijas, a quien dañó profundamente dejándole heridas psicológicas que hasta en la actualidad trata de remediar: “Yo le rompí la alcancía a mi hija y le saqué su plata para ir a tomar. El daño que le hice a mi hija fue tremendo, hacía cualquier cosa para tomar”.
Sin embargo, la vida le dio otra oportunidad: con fe, perseverancia y mucha contención logró salir adelante, en un desafío diario pero permanente, para tratar de subsanar más de dos décadas de abandono personal: “Uno llega cargado de culpa y de tristeza, uno le hace mucho daño a la familia, siempre me sentí en deuda con ellos, tuve que aprender a perdonarme y pedirles perdón, pero hoy le digo a la persona que está pasando por lo mismo que se dé la oportunidad, escuche a la familia y busque ayuda, mientras tengan vida hay tiempo”.