María Asunción Pastrana, la historia de la tamalera que embellece el paisaje de Salta

Hace casi 50 años la mujer va por las calles de la ciudad salteña montada sobre su caballo vendiendo sus tradicionales tamales, que lleva en dos grandes cestos de mimbre. La gente la reconoce y sabe que sus productos, además de ricos, tienen historia.

Por Marianela Mamaní

María Asunción Pastrana nació en Salta el 13 de mayo de 1.948 y tiene en su haber una larga historia de esfuerzo y dedicación. Creció en el seno de una familia de campo, donde aprendió el significado del trabajo desde que era una niña, primero ayudando a sus padres y más tarde sosteniendo a su familia.

María Asunción Pastrana, histórica tamalera salteña (Foto: Javier Corbalán)

La mujer es todo un emblema dentro de la provincia debido a que, a lo largo de los años, se ha ganado su lugar gracias a lo sabroso de sus comidas como su entusiasmo por el trabajo. Se la llama la “arganera” dado que las árganas eran canastos que llevaban a los costados de sus caballos, mulas o burros para transportar la mercancía.

María Asunción Pastrana, histórica tamalera salteña. (Foto: Javier Corbalán)

La mujer recordó que desde muy temprana edad comenzó ayudando a su madre en la venta de empanadas y bollos, a veces “cuando se podía” se sumaban otros productos, como empanadillas o quesillos que comenzó a traer en sus canastos desde el paraje La Costa para vender y ayudar en la economía familiar. 

En su juventud, contó Asunción, trabajó como empleada doméstica, pero no tiene recuerdos lindos sobre esos tiempos: “no me gustó por el trato que tenían conmigo las patronas, ni siquiera me daban de comer así que me volví a casa”.

Casi por casualidad, un día de paseo por Chicoana, conoció a una mujer que le enseñó la verdadera receta de los tamales, y al poco tiempo se convirtió en toda una experta sobre cómo elegir los mejores ingredientes y el armado. Desde ese momento, hace ya casi 50 años, nunca dejó de hacerlos. 

María Asunción Pastrana, histórica tamalera salteña. (Foto: Javier Corbalán)

“Antes la gente me compraba mucho, pero muchos ya fallecieron y ahora cada vez se vende menos, a veces solo te compran de a dos y todo cuesta más”, sostuvo la mujer. Eso no la desanima y cada día emprende temprano con la preparación de los ingredientes, el armado de los tamales y hasta el ensillado del caballo. Ella se encarga de todo, “no tengo ayuda de nadie, desde chica aprendí a ser independiente y salir adelante”, indicó. 

María Asunción Pastrana, histórica tamalera salteña. (Foto: Javier Corbalán)

Con esfuerzo y dedicación, María Asunción logró sacar a su familia adelante. Madre de siete hijos, esta salteña pudo complementar muy bien su emprendimiento con las tareas del hogar y la crianza de sus hijos. 

Asegura que quedarse en casa no es opción, ya que “no me puedo quedar quieta, si yo me quedo en la casa, estoy aburrida, estoy mal y me enfermo”, por eso es que no duda en salir a vender, además de ayudarse con los gastos que le demanda mantener a sus animales: “Yo cobro la jubilación mínima y tengo cinco animales, tener ese solo ingreso no me alcanza para mantenerlos, ellos necesitan su alfa, maíz y otros alimentos y si me falta para ellos me desespero”. 

María Asunción Pastrana, histórica tamalera salteña. (Foto: Javier Corbalán)

El cariño y el respeto por doña María Asunción hizo que artistas le dedicaran canciones, dibujos y hasta alguna pieza artesanal, como una forma de inmortalizarla. 

Doña Asunción es un orgullo salteño y verla en su paso lento a caballo por las calles de la ciudad, queda grabado para siempre en la retina.