Mi adiós a Marietta, la última tataranieta del General Güemes

El recuerdo de su sobrino nieto, orgulloso de esas tardes familiares en la casa que Marietta que supo cuidar desde la excelencia, el cariño y la humildad.

Por Martín Güemes

Marietta despedida — - (Facebook Martín Güemes)

Despedimos a mi tía abuela Marietta. Fue un movilizador para mi.

Se me puso la piel de gallina cuando vi a los hijos de los trabajadores de su finca llorando desconsoladamente.

Vestidos de gaucho la escoltaron con sus caballos desde la plaza de Chicoana al cementerio.

Ese fue, quizás, su último gesto de humildad. Eligió no estar en el mausoleo familiar del cementerio de la Santa Cruz. Eligió su tierra, estar cerca de La Calavera y su gente.

Marietta es despedida con afecto y escoltada hasta el cementerio

Cerca de esa casa que recuperó, cuidó y convirtió en nuestro destino de veranos, aprendizajes y recuerdos imborrables para mí y para todos mis primos.

Ahí aprendimos a andar a caballo. Entendimos lo que era compartir, en esos partidos de fútbol mixto donde siempre había lugar para uno más.

Ahí aprendimos el valor de la familia, del encuentro, de la charla sin apuro. Aprendimos a armar el pesebre criollo con musgo y ladrillo picado. Y en ese tabique de agua helada, alimentado por la acequia, disfrutamos de la sencillez.

Aún la recuerdo con su cervecita fría de la tarde, en su silla, tranquila, conversando con alguna nieta o hijo.

La recuerdo en esas cariocas furiosas, multitudinarias, llenas de risas, cuentos y anécdotas.

Cuando me acerqué a despedirla estaba cubierta por el poncho salteño. Me acordé de todo eso y lo único que me salió decir fue gracias.

 

Gracias de verdad.

Porque si no hubiera sido por ella, por como ayudó a mi viejo y a toda mi familia, quizás no estaríamos haciendo todo lo que hoy estamos pudiendo hacer.

Escuchar a la gente de Chicoana en el cementerio cuando la despedimos expresando ese mismo agradecimiento, fue también emocionante. 

Se puede decir con claridad que fue digna descendiente directa del General. No por nada se fue un 8 de febrero, justo el día en el que Güemes nació. Como me dijo entre lágrimas mi papá cuando se enteró: "el General la vino a buscar, la tomó de la mano y se la llevó".

Gracias Marietta.

Por tu generosidad, por tu humildad, por tu ejemplo.