El Barquito de Yaquino heladería artesanal en pleno centro salteño.
El secreto del sabor de sus helados

"Mi viejo murió hace dos años y ahora seguimos el negocio familiar": la historia detrás del barquito más querido de Salta

Un oficio que viajó desde Sicilia hace más de un siglo, atravesó cuatro generaciones y volvió a las calles salteñas gracias al impulso de una familia que se negó a perder su tradición heladera.

Juan Ancalle
por Juan Ancalle 30 Noviembre de 2025
30 Noviembre de 2025

Bostero y tano” son características que describen, cuanto menos en lo visual, al barquito que vende los históricos helados artesanales en pleno centro de Salta, negocio que hoy lo encabezan los hermanos Aliberti: Leo, Martín y Marcos

Los hermanos y una herencia Siciliana.
Los hermanos y una herencia Siciliana.

La heladería, una herencia de más de 100 años, comenzó con el desembarco de Juan Aliberti y su esposa Rosa, llegados desde Italia y escapando de la guerra, en 1915. .

Para ese entonces comenzaron con un carrito muy distinto, según la cuarta generación de heladeros: un carrito más pequeño, de empujar y con la bandera de Italia” que comerció los “artesanales” durante 20 años.

Según algunas encuestas, entre el 44% y el 37% de los argentinos son hinchas de Boca Jrs., aunque en el boca a boca de los xeneixes se suele decir: “bostero como el 87% de la población mundial” y esa fue la suerte de la segunda generación de los Aliberti, que como resume uno de los bisnietos de Juan, siguió con el “abuelo” Joaquín hasta 1987:

“A mi abuelo Joaquín, que le decían Yaquino, porque Joaquín en italiano es Gioacchino. Por eso, ya acá, lo salteñizaron”, comentó entre risas Marín, uno de los nietos Aliberti.

Y agregó que fue Yaquino, ya nacido en tierra salteña, el responsable de introducir la identidad que, por los colores, es lo que resalta a primera vista. “Doble suerte”, dirían algunos.

La receta pasó de Rosa a Juana, y de Juana a la madre de los hermanos, quien todavía hoy prepara helados sin conservantes ni esencias artificiales. Son helados totalmente naturales. Hacés el jugo de las frutas, deshojás las frutillas, licuás todo. Es artesanal de verdad”, cuentan.

Juan Carlos Aliberti fue quien sostuvo el negocio familiar durante la tercera generación y, en 1997, continuó con el expendio de “gelato”.

Comenzó a rotar en ciertos puntos del centro de la ciudad, uno de los más frecuentes fue la esquina de Vicente López y Santiago del Estero, con el barquito modernizado.

“En el año 97 volvieron ya con este carrito, ya con este formato, ya más moderno, con freezer. Antes con mi abuelo el carrito era más chiquito, nos manejábamos pechando, caminando y con ellos”, recordaron.

Según cuentan algunos de los clientes que disfrutaron en su infancia y disfrutan ahora en su adultez los helados de Juan Carlos, el poder salir de la escuela e ir al barquito “de siempre” era “una alegría inmensa”. Más de uno compartió que ese recorrido marcó la infancia de muchos.

En 25 de Mayo y Leguizamón, la esquina de hoy, pero donde antes también estacionó don Juan Carlos, los hermanos reciben a clientes, a veces más grandes que chicos, pero quienes más recuerdan al tercer Aliberti y comparten las entrañables anécdotas.

“Yo era la compañía de mi viejo. Con él aprendí a dar vueltos y limpiar. Siempre estuve ahí”, movilizado, recordó  Martín.

En 2017, el padre dejó de vender. Trabajaba en el IPV por la mañana y se dedicaba al barquito por la tarde. El desgaste, sumado a una máquina antigua que nadie sabía reparar, lo obligó a retirarse.

Mi viejo falleció en 2023. Eso nos motivó a volver.” Resumieron así la decisión de retomar una herencia  que parecía haber quedado atrás.

El pedido de la gente

Mientras la familia atravesaba el duelo, la ciudad también preguntaba por él. En redes sociales y en la calle se repetía la misma duda:
“¿Qué pasó con el barquito?”
“¿Por qué no vuelve?”

El Barquito heladería
¿Cuándo vuelve el de mandarina?", la pregunta más frecuente de los clientes.

Ese interés no pasó desapercibido. “Fue un empujoncito”, dicen. Encontraron finalmente un técnico capaz de reparar la máquina y empezaron a restaurar el carro que había usado el padre.

El regreso

Es el mismo barquito de mi viejo. Lo pintamos, lo maquillamos un poquito, y volvió a la calle.
Los hermanos acordaron turnos. Uno trabaja en cerámica con rotación de horarios, otro en la construcción, y el tercero combina el trabajo fijo con las tardes de heladería. La madre, mientras tanto, sostiene la producción desde su casa.

El Barquito heladería
“Yo le compraba siempre a tu abuelo”, afirmo un cosumidor.

La parada es la misma de siempre. Algunos vecinos llegan con hijos que ahora prueban los helados que ellos compraban cuando eran chicos. Para la familia, ese reconocimiento es también un alivio.

Fue una caricia para mi mamá. La gente se acuerda mucho del viejo”, reconocieron.

Con la receta italiana intacta y el mismo carro familiar renovado, hoy la heladería Yaquino vuelve a formar parte del verano salteño. Dulce de leche, chocolate y naranja siguen siendo los sabores más pedidos.

El Barquito heladería

Si querés, ya sería la quinta generación”, comenta uno de los hermanos, señalando al hijo pequeño que empieza a mirar el barquito con la misma fascinación que ellos tuvieron alguna vez.

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