El Día Internacional de la Mujer Trabajadora vuelve a encontrar a la Argentina en las calles. Aunque la efemérides se conmemora oficialmente cada 8 de marzo, este año la convocatoria principal en la Ciudad de Buenos Aires será el lunes 9, al igual que en Salta, a las 17, en la Plaza 9 de Julio.
Entre los principales reclamos que se expresarán durante la movilización salteña se encuentran: políticas públicas efectivas contra la violencia de género; fin de los femicidios y transfemicidios; Igualdad salarial; mejores condiciones laborales para las mujeres y también se plantearán demandas vinculadas al acceso al trabajo, la protección de las maternidades y la corresponsabilidad en las tareas de cuidado.
La movilización partirá desde el Congreso de la Nación hasta Plaza de Mayo a las 16.30, como forma de protesta contra el ajuste económico y lo que las organizadoras definen como una “política de hambre”.
Desde Ni Una Menos difundieron la convocatoria a través de redes sociales con un mensaje contundente: “Después del patético y violento discurso del presidente, mentiroso en todo lo que respecta a la realidad argentina de millones que están perdiendo el trabajo y se endeudan para vivir, no solo nos queda sentir vergüenza y asco: necesitamos movilizarnos”.
¿Se festeja o se lucha?
Cada año, el 8M reabre el mismo debate: ¿es un día para celebrar o para conmemorar en clave de reclamo?
Para Laura, docente de escuela pública, “no es un festejo, es una fecha de memoria y de lucha. Si hoy tenemos derechos es porque otras antes se organizaron. Y cuando esos derechos peligran, hay que salir otra vez”.
Carolina, empleada administrativa y madre de dos hijos, coincide en parte: “Me gusta que se reconozca el esfuerzo de las mujeres, pero no quiero flores ni descuentos en shoppings. Prefiero que se hable de brecha salarial, de cuidados y de violencia”.
En cambio, Mariana, emprendedora, plantea una mirada diferente: “Creo que se puede hacer las dos cosas: reconocer lo que conquistamos y también reclamar lo que falta. No todo tiene que ser enojo; también hay fuerza en celebrar que estamos más unidas”.
Desde el movimiento convocante, la postura es clara: el 8M no es una celebración sino una jornada de reivindicación histórica ligada a los derechos laborales y sociales de las mujeres y diversidades. En ese sentido, remarcan que la coyuntura económica actual profundiza desigualdades y precarización, impactando con mayor fuerza en quienes sostienen tareas de cuidado y trabajos informales.
Una fecha con historia y presente
El Día Internacional de la Mujer Trabajadora tiene raíces en las luchas obreras de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Lejos de una lógica comercial, nació como una jornada de protesta por mejores condiciones laborales, igualdad salarial y derechos políticos.
Hoy, en un contexto de ajuste, despidos y caída del poder adquisitivo, la consigna vuelve a resignificarse. Para muchas organizaciones feministas, el reclamo económico está íntimamente ligado a la agenda de género: autonomía, acceso al trabajo, políticas públicas y protección frente a las violencias.
“Los feminismos combativos son la rebelión que necesitamos”, concluye la convocatoria de Ni Una Menos para el 9M.
Entre quienes optan por conmemorar en espacios íntimos y quienes eligen marchar, el 8M vuelve a plantear una pregunta de fondo: ¿cómo se honra la historia de lucha de las mujeres? Para miles, la respuesta este año tiene un lugar y una hora concretos: en la calle.