La cicatriz tatuada debajo del ojo izquierdo de Nicolás Madrazo, así como Luffy de One Piece, da cuenta de cuán arraigado está en él todo lo referido al anime. Algo que consumió desde muy chico y que lo llevó a aventurarse, primero en el dibujo y luego en el mundo del tatuaje de forma impensada. Hoy, con 11 años emprendiendo en el rubro, Nico define al tatuaje en Salta con una palabra clara: “Difícil”.
En contacto con Gente de Salta, Madrazo aseguró que, aún con experiencia, el camino sigue siendo un tanto inclinado. Sobre todo por la necesidad de educar al cliente en un contexto donde circula mucha información, buena y mala, sobre el oficio. “Es muy difícil progresar un poco en Salta, pero no es imposible”, remarcó, y destacó que la constancia fue clave para sostenerse.
Esa perseverancia le permitió ir construyendo una clientela fiel, algo que hoy valora como uno de sus mayores logros. “Mis clientes vienen totalmente ciegos a tatuarse, sabiendo que el diseño que yo les voy a armar va a estar bien. Para mí eso es algo impagable”, afirmó.
Sin embargo, no oculta los momentos complejos: “Muchas veces quise tirar la toalla, me veía acorralado financieramente. A veces no llegaba ni a reponer insumos, pero le metí hasta volver a flote”.

Uno de los conflictos más frecuentes, señala, sigue siendo el precio del tatuaje. “La gente no es consciente de lo importante que es usar insumos de calidad, no solo por el trabajo visual, sino por una cuestión de salud”, explicó.
Y aclaró: “No nos llenamos de oro tatuando. Se cobra un precio base para cubrir materiales, higiene, el tiempo y la mano de obra”. En su caso, cerca del 90% de sus trabajos son diseños personalizados, construidos a partir de las historias y emociones de cada cliente.
Sobre el presente, Madrazo describe un año de subidas y bajadas en la agenda, marcado por la situación económica del país. “El tatuaje es un lujo y la gente no siempre lo prioriza. Lo entiendo y me amoldo”, señala. Con una agenda bastante atareada, Nico se muestra conforme con el ritmo actual y con la posibilidad de trabajar sin largas esperas. Con optimismo, resume su mirada hacia adelante: espera que el 2026 sea un año mejor, sosteniendo su trabajo en Salta, la ciudad que eligió y a la que sigue apostando.
Su punto fuerte
Desde su niñez Nico se ha visto fascinado por el mundo del anime, la ciencia ficción y la cultura pop, y de ahí surgieron también sus ganas por dibujar. “Crecí viendo todo eso y se convirtió en la raíz del por qué me inicié en el dibujo. Ver que con mis manos podía replicar esos personajes que tanto me gustan en papel fue algo emocionante, más siendo niño de 7 años. Hoy con 32, esa emoción sigue más fuerte que nunca y siento que tengo mucho poder de conocimiento en este ámbito, es algo que practiqué tantas veces y que conozco tanto que siento que es en donde mejor me puedo mover dentro del ámbito del tatuaje”, explicó.
Su inspiración provino de artistas foráneos y la idea de especializarse en este estilo nace al ver que no había nadie que haga algo así en Salta. “Me volvía loco ver esos trabajos y preguntarme cómo hacen estos tipos para lograr ese estilo. Y bueno, acá no había nadie que lo haga, nadie que me enseñe. Entonces tuve que empezar a prueba y error, lograr que la gente confíe en mí de a poco, con amigos o con tatuajes pequeños, y de a poco empezar a hacer cosas más grandes. Hoy en día ya me piden a veces piezas enteras, espaldas, brazos, piernas. Es algo que me gusta tanto, lo disfruto tanto, que siento que puedo reflejarlo también en mi trabajo, y que la gente esté siempre conforme con lo que hago”, manifestó.
No obstante, a pesar de tener su fuerte puesto en el estilo anime y cómic, Nicolás sale de ese lugar a veces para encontrarse con lo que le piden algunos clientes y también poder brindarles un buen servicio. Para los que deseen ver los trabajos de Madrazo, lo pueden encontrar en Instagram como nicozeppeli.tattoo.
Del papel a la piel
Para trabajar y mejorar su habilidad, Madrazo asistió a distintos talleres desde chico. Aunque siempre fue autodidacta y curioso por conocer nuevas técnicas y todo lo necesario para llegar al nivel profesional que tiene hoy.

Madrazo admite que no fue fácil la transición del papel a la piel, y que el tatuaje no era algo a lo que él haya apuntado desde siempre, pero que tuvo la suerte de estar en el lugar y con las personas correctas para comenzar a transitar ese camino.
“Me daba un poco de miedo al principio porque tenía en la mente que era algo permanente, y que implica agujas, sangre, dolor y muchas cosas que son ajenas al dibujo. Eso me frenaba. Pero luego comencé a frecuentar gente del ámbito de los tatuajes, tatuadores, gente tatuada y un amigo me insistió tanto en que pruebe con tatuar hasta que finalmente accedí”, relató.
Nico, aún con ese miedo, se largó y no detuvo su marcha que hoy lleva 11 años. Ese miedo evolucionó en una emoción movilizante, que lo lleva a tomarse cada trabajo con la seriedad que se merece y respetando el umbral de dolor de cada cliente. Pero recuerda que el punto de inflexión se dio cuando ingresó a un estudio de tatuaje como aprendiz.
Con tan solo conocimientos en el dibujo, dentro de ese lugar Madrazo vio de primera mano todo lo que implicaba el ser tatuador. Desde el manejo de la máquina, su composición, los insumos y la preparación del dibujo hasta trabajarlo en la piel. “Aprender a dibujar para tatuaje es algo muy distinto a dibujar en papel o dibujar en digital. Es una técnica que se aprende desde cero, porque ya hay que tener en cuenta que uno trabaja sobre un tejido vivo, un órgano, entonces implica conocer las heridas, conocer un montón de bioseguridad. Son muchos conocimientos además de lo artístico que hay que tener en cuenta”, contó.
Una escuela constante
Al no haber un lugar específico como una universidad o una institución para aprender todos aspectos del tatuaje, para Nico es importante instruirse de forma particular. No solo quedarse en el dibujo, sino darle la misma importancia como a cualquier carrera de grado u oficio.
“Yo tuve la suerte de tener alguien que fue como un maestro para mi, de aprender de él. Pero también hay muchas cosas que incluso él no me supo enseñar porque escapan de su conocimiento. Él se dedicaba a cierto estilo y yo quería trabajar algo totalmente diferente, entonces me vi en la obligación de seguir buscando por mi cuenta, aprendiendo, leyendo libros, consumiendo mucho tatuaje también, porque eso es importante. Es como una construcción gradual del conocimiento”, explicó.

Consultado sobre si ve que todos los tatuadores toman el oficio de esa manera, Nico admitió: “Siento que a veces al tatuaje le falta un poco esa chispa de la vocación. Tristemente siento que hoy al tatuaje se lo ve más por un lado comercial, o sea el lado de hacer plata fácil, que por el lado de la pasión. No digo que esté mal, pero yo siento si uno le está dejando una marca permanente a la gente, entonces tiene que también dar de su parte para que eso tenga algo de respeto hacia la profesión”.
Y añadió: “Nosotros hoy en día somos unos privilegiados, antes era muy complicado. A los tatuadores los perseguían, estaba prohibido, iban presos, lamentablemente el tatuaje empezó como una cuestión más de delincuencia que de otra cosa. Con el tiempo fue evolucionando hasta verse del lado artístico, entonces yo siento que hoy en día le falta un poco de eso también, de aprender un poco de las raíces y darle el respeto que se merece el oficio”.
La relación con los clientes
Al tratarse de algo que se va a llevar en la piel para siempre, cientos de personas han recurrido a Nicolás para plasmar esa idea que tienen en mente para recordar, hacer honor o simplemente celebrar algo. Las razones pueden ser variadas, pero el vínculo que se genera entre el tatuador y el cliente puede llegar a tornarse profundo según lo afirmado por Madrazo.

“La gente viene con muchas historias. Unas muy tristes, otras muy divertidas. Cada día y cada cliente nuevo que llega es una historia diferente. Yo siento como tatuador que a veces la gente nos confía demasiadas cosas, estamos durante horas y horas. A veces durante meses con proyectos grandes, entonces la gente llega a crear un vínculo de confianza con nosotros y prácticamente a veces nos ven hasta como un pseudo psicólogo. A mí me tocó ver gente que me contó historias muy tristes, pérdidas muy fuertes, abusos, violencia, como así también gente que me contaba que se iba a casar o que estaban por ser padres. Confían en vos a tal punto que hasta me dijeron que yo era el primero en saberlo, y que nadie de su familia sabía”, manifestó.
Y agregó: “Una vez que terminas de hacer el trabajo y ellos lo ven en el espejo, ves cómo se quiebran en llanto, cómo te abrazan, realmente es algo que a mí me gratifica mucho. Porque si bien yo vivo de esto, yo pago mis cuentas y todo con esto, a mí la emoción de ver a la gente contenta yéndose de mi estudio, es algo que realmente no tiene precio para mí”.

Hace poco a Nicolás le tocó vivir una situación particular. A meses de haber perdido a su padre, su hermana le pidió un tatuaje en honor ese ser querido que ambos perdieron, y Madrazo contó que trabajar en ese proyecto le generó un torbellino de emociones. “Para mí fue algo muy emotivo y muy duro también de trabajar. Si bien a mí me tocó tatuar muchas veces este tipo de cosas en otras personas, nunca me pasó de tatuar algo de alguien a quien yo mismo había perdido. Sí significó algo muy bonito en parte, pero al mismo tiempo muy doloroso. por que me resultó muy difícil atravesar todo el proceso de tatuaje. Sin embargo, me puso muy contento ver el resultado final y ver la emoción también de mi hermana, y sobre todo ver que haya confiado en su hermano para ese tipo de trabajos. La verdad que es un equilibrio entre emoción, nostalgia, varios sentimientos encontrados”, concluyó.
La gente interesada en ver sus trabajos o pedir un turno para una sesión, pueden encontrarlo en Instagram como nicozepelli.tattoo