Serafín Serpa, de 44 años, enfrenta una situación difícil en su local ubicado en la intersección de Dean Funes y España, en pleno centro. Una obra de gran envergadura, que domina la esquina, se ha convertido en una pesadilla. "Empezó en marzo, ya va a nacer el bebé", ironiza, con una mezcla de resignación y fastidio. Nueve meses de polvo constante invadiendo cada rincón de su negocio. Muestra, con cansancio, cómo la tierra se filtra y se instala en cada producto. "Mirá cómo me entra la tierra adentro", lamenta.
Recuerda con nostalgia el principio de año, cuando la fachada recién pintada prometía un respiro. La ilusión, sin embargo, duró poco. Los constantes golpeteos de la obra trajeron consigo algo más que ruido: "Aparecieron fisuras por los golpeteos que tenemos". La frustración es evidente, extendiéndose mucho más allá de las paredes agrietadas.
Impacto Económico
La pregunta sobre el impacto económico resulta casi obvia. La respuesta de Serafín es contundente: "Sí, sí, evidentemente sí". Los números, fríos e implacables, revelan una historia de vidrieras cerradas y frentes tapiados. "Tuvimos toda la vidriera cerrada, bueno, tuvimos el frente cerrado un momento también que hicieron la vereda". Un golpe tras otro. "Cuando se hizo la calle España nos tuvieron cerrados, que eso fue hace unos cuatro años. Después vino el COVID y ahora esto, que son nueve meses y no terminamos de recuperar".
¿Reclamos? "La verdad, no". Explica que intentó el diálogo. "Siempre hablamos con los ingenieros que pasaron dos ya, porque ya es la segunda ingeniera que está en la obra y siempre nos dicen dos semanas o una semana y bueno y esto sigue". La paciencia, no obstante, tiene un límite. "Calculo que ahora sí vamos a tener que hacer alguna nota para ver qué solución nos dan". Se percibe la urgente necesidad de un cambio, de una respuesta que aún no llega.
De Artesanía a Regalería: Una Transformación Forzada
Lo que antes era una próspera tienda de recuerdos, hoy se reinventa como regalería. "Sí, sí, esto es una tienda de recuerdos que, bueno, por la situación que tuvimos de todos estos cambios, COVID, que el turismo no es el mismo que antes, fue mutando un poco, quedó un 50% de artesanía, y se convirtió en una regalería más que nada ahora". La adaptación se convierte en una herramienta vital para la supervivencia en estos tiempos turbulentos.
Sin embargo, la adaptación no es suficiente. La obra persiste, la calle permanece desolada, y los clientes son cada vez más escasos. La necesidad de visibilidad lo impulsa a buscar alternativas, a explorar el mundo digital. "Por redes y después por Instagram, por TikTok... tratamos de ver la forma por los grupos que hay hoy en día de WhatsApp". El ingenio se agudiza ante la adversidad, pero la desesperación se hace presente. "Ya no sabemos la forma no sé, voy a salir al frente de la Plaza 9 de Julio a poner mis cosas para ver si me dan bola", expresa, con frustración. "Perdón mis palabras".
Un mensaje final, directo, a los responsables de la obra: "Que sean serios y que bueno, completen las obras en el tiempo y forma que dicen porque lo que nos dijeron que terminaba en cuatro meses, mirá, se convirtió en nueve meses". Pide "seriedad sobre todas las cosas". La paciencia se agota. "Uno mal que mal sigue tirando, tirando, pero ¿hasta cuándo llega nuestra paciencia?". La pregunta queda en el aire, cargada de incertidumbre y esperanza.
Vecinos cansados
Silvina Martínez, vecina de la zona donde están las obras, manifestó su hartazgo por la duración de los arreglos sobre la Dean Funes. “Yo tenía entendido que iba a durar entre 3 y 6 meses. La obra se terminó ya dos veces y ahora se vuelve a abrir el pavimento por tercera vez. No se puede creer”, señaló.
Y añadió: “Hoy nos despertamos con unos ruidos como con vasos y era por esto. Le pregunté a uno de los obreros por qué rompen por tercera vez, si ya estaba terminado. Y me dice porque van a poner adoquines, que se confundieron o que hubo otra contraorden”.
Martínez contó que la situación se hace difícil de sobrellevar porque a los ruidos de la obra, se le suman las bocinas de los autos por el tránsito obstruido, la suciedad que genera el polvo y que perjudica a la higiene y la salud de los habitantes del lugar. “Hay gente que tiene alergia o es asmática y la pasan mal”, manifestó.
La vecina también cuestionó al municipio por la incoherencia de todo: “Yo lo que me pregunto es ¿cuánto le cuesta al municipio o al Estado municipal hacer una obra tres veces? Romper tres veces, hay trabajadores, hay material, no sé eso cuánto cuesta y además el lucro cesante para los negocios que están a la vuelta y la incomodidad del tráfico”, cerró.