SociedadEl arte no sólo embellece la realidad

Roly Arias: "El dibujo no es la ilustración de un pensamiento, es un pensamiento en sí"

Autodidacta, inquieto y dueño de un universo visual inconfundible, lleva más de tres décadas transformando ideas, emociones y preguntas en imágenes. El reconocido dibujante salteño reflexiona sobre los ciclos creativos y la evolución de su obra

Silvia Guzmán Coraita
por Silvia Guzmán Coraita 8 Junio de 2026
8 Junio de 2026
Roly Arias, dibujante
Roly Arias, dibujante .

Durante más de tres décadas, Roly Arias construyó una identidad artística inconfundible en Salta. Dueño de un estilo cargado de color, símbolos y personajes que ya forman parte del imaginario cultural local, el dibujante atraviesa una nueva etapa creativa sin perder la esencia que lo acompañó desde la infancia: la necesidad casi inevitable de dibujar.

Sus obras, que hoy pueden visitarse en una muestra montada en el Hotel Design, frente a la Plaza Belgrano, reflejan una búsqueda diferente a la que muchos asocian con trabajos emblemáticos como Simplicito. En esta nueva serie aparecen referencias místicas, religiosas y elementos inspirados en la producción artística medieval, aunque siempre atravesados por el sello personal que caracteriza a Arias.

"Trabajo con mucho color, mucho color fuerte. Es algo que no puedo reprimir", cuenta entre risas, mientras explica que esta etapa forma parte de esos ciclos naturales que atraviesa cualquier creador. "Son las etapas de la vida. Por ahí te desconectás de algunas cosas, volvés a conectar con otras. Yo le digo continuidad discontinua", define.

La evolución estética de un artista suele despertar curiosidad. ¿Existe una idea previa que guía cada obra o es el propio proceso el que marca el rumbo? Para Arias, la respuesta es clara. "Hay una frase que les repito siempre a los chicos de mis talleres: el dibujo no es la ilustración de un pensamiento, es un pensamiento en sí", explica.

Y agrega una definición que resume gran parte de su filosofía creativa: "Yo no empiezo una obra diciendo 'quiero representar esto'. La obra representa lo que ella quiere. A medida que voy trabajando, me voy sorprendiendo con cosas que aparecen y que muchas veces no estaban previstas".

Su mirada rompe con la idea del artista que controla cada detalle de su creación. En cambio, propone una relación más intuitiva, donde el dibujo se convierte en un lenguaje propio capaz de revelar aspectos desconocidos incluso para quien sostiene el lápiz.

En tiempos donde la velocidad de la información parece imponerse sobre la reflexión, los artistas cumplen una función esencial. Son quienes traducen emociones, preguntas y conflictos colectivos en imágenes, canciones, relatos o formas capaces de permanecer en la memoria de una comunidad.

Roly Arias, dibujante
Roly Arias, dibujante

El arte no sólo embellece la realidad. También ayuda a comprenderla. Muchas veces pone palabras o imágenes donde la sociedad todavía no encuentra explicaciones. Por eso los artistas se convierten en una especie de cronistas emocionales de una época.

Y aunque las obras cambien con el tiempo, lo que permanece es esa capacidad de generar preguntas, despertar sensibilidad y ofrecer nuevas formas de mirar el mundo. En ese sentido, la trayectoria de Roly Arias representa mucho más que una carrera personal: es parte del patrimonio cultural construido por generaciones de creadores salteños.

El dibujante antes que el artista

En sus redes sociales y presentaciones públicas, Arias se define simplemente como "dibujante". No es casualidad.

"Yo puedo atestiguar claramente que he dibujado. Hay kilómetros de tinta que corrieron bajo esta palma. Lo de artista creo que es una instancia superior. Que alguien te diga artista es un elogio que uno no va a negar, pero a la hora de definirme, me defino por eso que se puede constatar: que he dibujado y por eso soy dibujante", explica.

La historia comenzó en la infancia. Su primer referente fue su hermano mayor, que dibujaba muy bien. "Trataba de imitar lo que él hacía. Nunca llegué a dibujar como él, pero seguí intentando", recuerda. Ese intento terminó convirtiéndose en una práctica constante. Durante toda la primaria y la secundaria dibujó sin descanso. Nunca tomó clases. Fue completamente autodidacta.

Sin embargo, al terminar el colegio eligió un camino muy diferente: se fue a Córdoba a estudiar Abogacía.

"Seguía dibujando todo el tiempo. Los apuntes estaban llenos de dibujos", cuenta.

Con el tiempo comprendió algo que hoy resume de manera sencilla: aquello que uno verdaderamente es siempre termina encontrando su camino. "Si es algo fuerte y verdadero, inevitablemente va a encontrar su cauce", reflexiona. La oportunidad apareció durante unas vacaciones en Salta. Una amiga le ofreció trabajar en una agencia de publicidad. Allí descubrió un mundo nuevo.

Roly Arias, dibujante
Roly Arias, dibujante

"Todo lo que yo hacía, dibujar, escribir, crear, era súper valorado. Lo que en la facultad de Derecho me convertía en un raro, acá me convertía en un capo", recuerda.

Desde entonces pasaron más de treinta años de trabajo, exposiciones, ilustraciones, talleres y búsquedas artísticas. Treinta años en los que aquel niño que intentaba copiar los dibujos de su hermano terminó convirtiéndose en una de las referencias más reconocidas del arte gráfico salteño.

Y aunque las etapas cambien, los temas evolucionen y los colores encuentren nuevas formas de expresarse, hay algo que permanece intacto: la certeza de que dibujar no fue una elección, sino una manera de estar en el mundo. En cada trazo, en cada personaje y en cada historia que pasó por sus manos, se refleja una forma particular de mirar la realidad, de interpretarla y de compartirla con los demás. Porque para los verdaderos artistas, el arte no es solamente una profesión ni un oficio: es una forma de habitar la vida.

Serie Tres días de Roly Arias
Serie Tres días de Roly Arias

La trayectoria de Roly Arias también deja una enseñanza sobre el valor de la sensibilidad en tiempos cada vez más acelerados. Sus dibujos acompañaron generaciones, despertaron sonrisas, reflexiones y emociones, demostrando que el arte tiene la capacidad de conectar a las personas más allá de las edades, las ideologías o las circunstancias. 

Su legado no se mide únicamente por las obras que creó, sino por la huella que dejó en quienes aprendieron a mirar el mundo con un poco más de imaginación, humor y humanidad a través de sus dibujos. Porque cuando un artista logra transformar una hoja en blanco en un puente hacia la emoción colectiva, su obra trasciende el tiempo y permanece viva mucho después de haber sido creada.

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