La Batalla de Salta se libró el 20 de febrero de 1813 en el Campo de Castañares, hoy zona norte de la ciudad. Allí, el Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano y de Eustoquio Díaz Vélez como segundo jefe, derrotó por segunda vez a las tropas realistas del brigadier Juan Pío Tristán, a quien ya había vencido meses antes en Tucumán. La rendición incondicional de los españoles 480 muertos, 114 heridos y 2.786 hombres que se entregaron al día siguiente, con la totalidad de su artillería y banderas consolidó el control patriota sobre buena parte del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

Tras el triunfo, Belgrano ordenó enterrar en una fosa común a los 480 caídos realistas y los 103 independentistas, y colocó sobre el lugar una cruz de madera con la leyenda “Vencedores y vencidos en Salta, 20 de febrero de 1813”. Días después, a pedido del propio Belgrano, el gobernador Feliciano Chiclana la reemplazó por otra cruz, pintada de verde, con la inscripción “A los vencedores y vencidos”.

El homenaje definitivo tardó en llegar. El 6 de marzo de 1813, la Asamblea General Constituyente había decretado la construcción de “un monumento duradero” cerca del campo de batalla, pero durante todo el siglo XIX esa orden no se concretó: la única marca del lugar siguió siendo la cruz, que en 1834 fue restaurada por el gobernador Pablo Latorre con un nuevo basamento, hasta que el deterioro y el paso del tiempo la quebraron y la hicieron caer a fines de ese siglo. Sus restos fueron recuperados por un grupo de seminaristas y el monseñor Piedrabuena, y hoy pueden verse en la Iglesia de La Merced.
El proyecto resurgió en 1899, cuando el entonces gobernador de la provincia ordenó por decreto “la restauración del monumento, de tal modo que resulte digno de los hechos conmemorados”, en un sitio destinado a parque. Los terrenos cuatro manzanas en el llamado Campo de la Cruz habían sido donados a la Municipalidad de Salta en 1884 por Ángel y Victorino Solá, quienes ratificaron la cesión en 1890 con el fin específico de construir allí el “parque 20 de Febrero”.

Se llamó entonces a concurso de proyectos, del que participaron siete propuestas. El 28 de febrero de 1901 resultó elegido el boceto del escultor catalán Torcuato Tasso, por su interpretación del acontecimiento de 1813. La piedra fundamental se colocó el 25 de mayo de ese año. El paisajismo del parque circundante quedó a cargo de Carlos Thays, el reconocido arquitecto paisajista francés naturalizado argentino, contratado por un donante particular. En el modelado de las figuras también participó la escultora tucumana Lola Mora.
La obra demandó varios años de trabajo. Finalmente se inauguró según coinciden distintas fuentes para el centenario de la batalla, el 20 de febrero de 1913 (una fuente cita 1910), año del Centenario argentino.
El conjunto escultórico, diseñado en su totalidad por Tasso y Nadal, se organiza en una estructura triangular. En la cúspide se eleva, sobre un monolito, la estatua de la Libertad, con una corona de laurel que simboliza el armisticio concedido por Belgrano a los vencidos. En la base del monolito se ubican las cuatro estatuas de los generales que comandaron la campaña: Manuel Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Cornelio Zelaya y Manuel Dorrego. Por encima de ese nivel, ocho leones y cuatro figuras femeninas custodian los vértices del primer cuerpo, mientras que cuatro coronas de laureles y águilas fundidas en los talleres franceses de Val d’Osne completan ese tramo de la obra.

Debajo, tallada en piedra, se representa la alegoría de las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Cuatro frisos narran distintos momentos de la campaña de Belgrano en el norte: la formación del ejército a orillas del río Las Piedras, el juramento de lealtad a la bandera en las márgenes del río Pasaje, la capitulación de Pío Tristán en Castañares y la fisonomía de la batalla del 20 de febrero de 1813.

El monumento fue declarado Monumento Histórico Nacional el 14 de julio de 1941. Hoy se levanta en el Parque 20 de Febrero, en la zona norte de la ciudad, rodeado de plazoletas que homenajean a las fuerzas armadas y de seguridad representadas por un avión, un tanque, un ancla y piezas de artillería distribuidas en el predio. Cada 20 de febrero, autoridades provinciales y municipales junto a representantes del Instituto Belgraniano se reúnen allí para los actos conmemorativos, que incluyen el izamiento de los pabellones nacional y provincial y la colocación de ofrendas florales al pie del monumento.