SociedadSalta y Tucumán habilitan que cada institución adapte las reglas según su realidad

Seis de cada diez chicos de 8 años ya tienen celular propio, pero la prohibición en las escuelas genera debate

Un informe revela que el 59% de los alumnos de tercer grado de primaria en Argentina posee teléfono celular. Mientras crecen las restricciones en las escuelas, los estudios muestran que reducen las distracciones en el aula, aunque no hay evidencia concluyente de que mejoren el rendimiento académico.

Silvia Guzmán Coraita
por Silvia Guzmán Coraita 23 Julio de 2026
23 Julio de 2026
Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los alumnos de tercer grado tiene teléfono propio.
Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los alumnos de tercer grado tiene teléfono propio. .

La presencia de los teléfonos celulares en la vida de los niños argentinos avanza a un ritmo cada vez más acelerado. Según un informe reciente, el 59% de los estudiantes de tercer grado de primaria, de alrededor de 8 años, tiene un celular propio, mientras que otro 23% utiliza el dispositivo de algún familiar. Esto significa que apenas el 18% de los chicos de esa edad no tiene acceso a un teléfono móvil.

Los datos surgen del informe “Celulares: ¿Prohibir o no prohibir?”, elaborado por Argentinos por la Educación junto a especialistas del Conicet y la Universidad Torcuato Di Tella, a partir de los resultados del operativo Aprender 2024.

El estudio no solo expone el crecimiento del acceso a la tecnología desde edades tempranas, sino que también analiza una de las discusiones más relevantes de la agenda educativa actual: ¿Prohibir o no el uso de celulares en las escuelas?

La investigación muestra que el acceso a dispositivos móviles se encuentra ampliamente extendido en todo el país, aunque existen diferencias entre provincias.

Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los alumnos de tercer grado tiene teléfono propio.
Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los alumnos de tercer grado tiene teléfono propio.

Las jurisdicciones con mayor porcentaje de niños con celular propio son Santa Cruz, Catamarca y Tierra del Fuego, donde más del 65% de los alumnos de tercer grado cuenta con un dispositivo personal. En el otro extremo aparecen Misiones y Formosa, donde la cifra ronda el 40%.

También se observan diferencias vinculadas al nivel socioeconómico. Mientras que el 63% de los estudiantes de los sectores de mayores ingresos tiene celular propio, la cifra desciende al 52% entre los alumnos de menores recursos.

La situación se profundiza en la adolescencia. Según datos de Aprender 2023, el 90% de los estudiantes de secundaria ya posee un teléfono celular propio.

Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los alumnos de tercer grado tiene teléfono propio.
Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 59% de los alumnos de tercer grado tiene teléfono propio.

El crecimiento del uso de celulares en edades tempranas llevó a que numerosos países y sistemas educativos impulsaran regulaciones para limitar su utilización dentro de las aulas. La preocupación gira en torno al impacto de los dispositivos sobre la atención, el aprendizaje, la convivencia escolar y la salud mental de los estudiantes.

De acuerdo con datos de la UNESCO, la cantidad de países que implementaron restricciones formales pasó de menos del 25% en 2023 a cerca del 60% en 2026. Sin embargo, la evidencia científica disponible no ofrece respuestas definitivas.

Uno de los principales hallazgos del informe es que la mayoría de las investigaciones coincide en que las prohibiciones reducen significativamente el uso de celulares y las distracciones dentro del aula.

Las políticas más estrictas, que limitan el acceso a los dispositivos durante toda la jornada escolar, logran disminuir notablemente el tiempo que los estudiantes pasan conectados. No obstante, los resultados cambian cuando se analiza el impacto sobre los aprendizajes.

Algunos estudios detectaron mejoras académicas, especialmente entre alumnos con bajo rendimiento o provenientes de contextos vulnerables. Otros, en cambio, no encontraron diferencias significativas aun en sistemas con prohibiciones estrictas. En los casos donde se registraron avances, estos fueron generalmente moderados.

La situación también es ambigua en relación con la convivencia escolar. Mientras algunas investigaciones observaron una reducción de casos de bullying, otras no encontraron efectos relevantes sobre el clima escolar.

A diferencia de otros países, Argentina no cuenta con una normativa nacional que regule el uso de celulares en las escuelas. Actualmente, 11 jurisdicciones del país —equivalentes al 45% de las provincias— implementaron leyes, resoluciones o protocolos propios, mientras que el resto aún no posee regulaciones específicas.

Informe de Argentinos por la educación.
Informe de Argentinos por la educación.

Las medidas varían según cada distrito

Por ejemplo, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Formosa establecieron restricciones amplias en los niveles inicial y primario.

En la provincia de Buenos Aires, las limitaciones alcanzan principalmente a la escuela secundaria. Por su parte, Mendoza permite el uso de dispositivos únicamente con fines pedagógicos y bajo supervisión docente.

Mientras tanto, provincias como Salta y Tucumán habilitan que cada institución adapte las reglas según su realidad y necesidades. El resultado es un escenario heterogéneo, con criterios diferentes según la jurisdicción y sin lineamientos comunes a nivel nacional. La investigadora del Conicet y coautora del informe, Andrea Goldin, advirtió que la discusión no debería reducirse únicamente a la prohibición.

"Los estudios controlados no parecen mostrar que la prohibición cambie los hábitos de los chicos. Más bien da la sensación de que se barre el problema bajo la alfombra", señaló Goldin.

Celulares en las escuelas.
Celulares en las escuelas.

Para la especialista, el desafío pasa por enseñar un uso responsable de la tecnología y redefinir el papel de la escuela frente a los cambios digitales.

En la misma línea, el sociólogo e investigador de la Universidad de San Andrés, Alejandro Artopoulos, sostuvo que la problemática debe abordarse desde una perspectiva más amplia vinculada a la salud mental. "Ni el prohibicionismo es una solución ni deberíamos culpar solo a los algoritmos", afirmó.

La especialista en educación y cuidados digitales Lucía Fainboim alertó sobre la naturalización del acceso temprano a los dispositivos móviles. "Me preocupa que hayamos naturalizado que un niño de ocho años tenga un celular propio", expresó.

Según explicó, las plataformas digitales buscan incorporar usuarios cada vez más jóvenes, mientras que las necesidades de la infancia apuntan a otros aspectos fundamentales como el juego, el movimiento, la autonomía y los vínculos sociales.

Para Melina Masnatta, experta en tecnología educativa, el debate no debería centrarse exclusivamente en prohibir o permitir.

"Más que discutir si prohibir o no, el desafío es preguntarnos cómo mediar el uso de la tecnología con criterios pedagógicos para mejorar la convivencia y los aprendizajes", destacó.

El informe concluye que el acceso a los celulares seguirá creciendo y que la discusión educativa ya no pasa únicamente por restringir los dispositivos, sino por definir cómo acompañar a niños y adolescentes en un uso saludable, responsable y productivo de la tecnología.

En un nuevo espacio de análisis y reflexión, Santiago Bilinkis aborda uno de los debates más presentes en la educación actual: la prohibición del uso de celulares en las escuelas primarias y secundarias

A partir de datos, investigaciones y experiencias internacionales, el tecnólogo y emprendedor invita a pensar si restringir los dispositivos realmente mejora el aprendizaje o si el desafío pasa por enseñar a niños y adolescentes a convivir de manera saludable con la tecnología. Una mirada profunda sobre un tema que genera cada vez más discusión entre familias, docentes y especialistas.

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