En un contexto donde la comparación constante y los modelos predefinidos parecen marcar el ritmo, hablar de identidad propia se vuelve casi un acto disruptivo. Sol Depresbítero viene trabajando hace años en una idea que atraviesa todo lo que hace: entender quién sos no es un lujo, es la base de cualquier crecimiento real. Su enfoque combina intuición, experiencia y psicología cognitiva para acompañar procesos profundos, donde el objetivo no es encajar, sino construir una versión auténtica y sólida de uno mismo. En esta entrevista con Gente de Salta, reflexiona sobre propósito, desarrollo personal, liderazgo y los desafíos de crecer sin perder esencia.
Desde muy chica, su historia estuvo marcada por una sensación clara de diferencia. “Desde muy chica sentí que no encajaba en lo esperado. Mientras otros seguían un camino más lineal, yo tenía una forma distinta de ver, pensar y vincularme. Durante mucho tiempo eso tuvo un costo: sentirme fuera de lugar”, recuerda. Sin embargo, con el tiempo esa incomodidad se transformó en fortaleza.
“Con los años entendí que esa diferencia no era un problema, sino mi mayor activo. No quería parecerme a nadie, quería desarrollar mi propia versión en profundidad”.
Ese proceso dio lugar a uno de los conceptos que hoy atraviesa su mirada: la “llama interior”. Según explica, “cuando entendés qué te mueve y hacia dónde vas, dejás de adaptarte y empezás a construir con dirección”.
Aceptar su propia intensidad fue otro de los grandes desafíos en su camino. “Mi personalidad y mi energía. Durante mucho tiempo intenté moderarlas para no incomodar o para que otros brillaran”, cuenta. Pero esa estrategia, lejos de ayudarla, la limitaba. “Aprendí que achicarse nunca es la respuesta. Hoy esa misma intensidad es lo que me permite generar impacto, leer escenarios con profundidad y acompañar procesos reales en otras personas”.
A la hora de trabajar con otros, uno de los principales obstáculos que identifica es la dificultad para reconocer lo propio. “Lo primero es bajar el ruido externo. Muchas personas no ven su diferencial porque están muy atravesadas por comparaciones o referencias constantes”, explica. Desde su formación, suma una mirada técnica: “Desde la psicología cognitiva sabemos que la percepción no es objetiva: está mediada por sesgos, experiencias y modelos mentales”. Por eso, el proceso tiene una base clara: “El trabajo empieza en ordenar, observar y poner en palabras. Lo único no se inventa, se descubre. Y después se estructura para que pueda convertirse en algo concreto”.
En cuanto al desarrollo personal, Sol pone el foco en una habilidad que considera clave y poco trabajada: “La autoconciencia real. No solo desde lo intuitivo, sino entendiendo cómo funciona la propia mente: cómo percibimos, cómo tomamos decisiones y qué sesgos nos condicionan. Sin eso, cualquier crecimiento queda en la superficie”.
Su recorrido incluye también momentos de gran dificultad, que marcaron su forma de ver la vida. “Tuve muchos momentos de incertidumbre. Emprendí desde muy chica y no todo sale bien. A eso se suma algo muy propio: soy hipersensible y muy emocional, y eso también tiene un costo”, comparte. Hubo etapas especialmente complejas: “Hubo momentos donde estuve en situaciones difíciles, incluso de tocar fondo. Y salir no fue fácil, tampoco lo hice sola: hubo soporte familiar, contención y decisiones conscientes para volver a ordenarme”.
De ese proceso, rescata aprendizajes concretos: “Hubo pilares muy claros: la perseverancia, el cuidado personal y algo clave, saber pedir ayuda a tiempo”. También destaca una fuerza interna que la sostuvo: “Sostener una dirección, incluso cuando no todo está claro. Ahí aparece algo que desde la psicología se entiende como pulsión de vida: esa fuerza que empuja a seguir, a reconstruirse y a avanzar aun en contextos adversos”.
Con el tiempo, su mirada sobre las dificultades también cambió. “Entendí algo importante: no es solo lo que te pasa, sino cómo lo interpretás. Cuando trabajás sobre esa mirada, cambia la forma en la que atravesás cualquier dificultad”.
Finalmente, al hablar del vínculo entre lo profesional y lo personal, propone una perspectiva distinta: “No lo veo tanto como un equilibrio, sino como una expansión”. Y concluye: “Siempre quiero crecer, superarme y ser mejor persona, y no creo que eso esté en contra de la vida personal. Al contrario, cuando a uno le va mejor, eleva también a su entorno. Uno mejora su metro cuadrado y eso se expande”.
Sobre liderazgo e influencia
¿Qué tipo de líder creés que sos hoy y cómo fue evolucionando?
Hoy me defino como una líder estratégica e intuitiva, con base conceptual fuerte. Y esa combinación no siempre fue así.
Empecé siendo muy ejecutora. Hacía, resolvía, avanzaba. Con el tiempo fui entendiendo que mi mayor valor no estaba en el hacer, sino en el pensar: ordenar el caos, leer lo que otros no ven, darle forma y dirección a algo que todavía no existe del todo.
Tengo una sensibilidad muy afinada para leer personas, contextos y oportunidades. Lo que cambió es que ahora eso lo respaldo con estructura, con psicología cognitiva, con método. Ya no es solo intuición: es intuición con marco. Ahí está mi evolución real.
Lo que más me frustra trabajando con otros es la falta de honestidad consigo mismos. Puedo trabajar con cualquier punto de partida, pero no puedo construir sobre algo que la persona no está dispuesta a ver. Tengo estándares altos y espero crecimiento genuino. Eso a veces incomoda, pero es lo que realmente eleva.
Y lo que más me devuelven después de trabajar juntos no es “me sentí contenida”, sino “me sacudiste” o “me moviste algo”. Para mí ese es el mejor indicador de que algo real pasó. No gestiono tareas: trabajo en identidad. En cómo las personas se ven, piensan y se posicionan. Eso es lo que me interesa.
¿Qué buscás despertar en las personas con las que trabajás?
Que puedan verse con claridad. Que conecten con su propia esencia, que entiendan qué quieren, cuál es su valor real y cómo llevarlo al mundo. Trabajo con mucha responsabilidad en ese proceso, desde un vínculo muy humano, de alma a alma, entendiendo que detrás de cada estrategia hay una persona, una historia y una forma única de ver el mundo.
También es clave cómo se comunican: ser intencional, entender al otro y construir mensajes que realmente generen impacto.
¿Qué te sigue desafiando hoy, a pesar de todo lo que lograste?
Seguir expandiendo sin perder profundidad. Me interesa mucho llevar el trabajo de marca personal a otro nivel, integrando cada vez más la psicología cognitiva para salir de lo superficial y que tenga impacto real en cómo las personas piensan, deciden y se posicionan.
Y a la vez, me dan muchas ganas de escalar eso: llevarlo a nivel internacional y que el mensaje llegue a más personas, a millones si es posible. No desde algo vacío, sino desde algo que realmente ayude, que genere claridad y que tenga un impacto positivo en la vida de otros. Soy una persona muy agradecida. Por el camino recorrido, por las personas que estuvieron, por todo lo que aprendí incluso en los momentos más difíciles. Y creo que esa gratitud es parte de lo que me mueve a dar: cuando sentís que recibiste mucho, querés que eso llegue a otros.