Mayra Alejandra Rojas, de 32 años, vive en Pichanal, en el norte de Salta, y desde hace cinco años quedó postrada en una silla de ruedas tras sufrir un accidente cerebrovascular (ACV). Madre de dos hijas, su cuidado quedó a cargo de su propia madre, una mujer mayor que se divide entre atender a Mayra y a sus nietas, haciendo malabares para cubrir todas sus necesidades.
Hace meses, la única silla de ruedas de Mayra se rompió, dejándola prácticamente confinada a su casa, sin poder salir siquiera a la vereda. Además, la falta de recursos y la ausencia de asistencia por parte del municipio le impedían acceder a consultas médicas o fisioterapia.
Mayra recordó que hace dos años, cuando asumió el intendente Jalit, le había pedido personalmente la silla, y él le respondió: “mañana te la llevo”. Tres años después, la promesa nunca se cumplió. En un gesto desesperado, la familia pidió ayuda a Kayaya Ruiz, referente social comprometido con las comunidades aborígenes, quien rápidamente hizo público el caso para conseguir apoyo.
“Ya no sonríe, está desnutrida y, aun así, quiere volver a caminar —contó Ruiz—. Le llevé mercadería, frutas, yogur y algunas cosas más para que coma, y conseguimos una silla usada y viejita, pero necesita una mejor para poder moverse por estas calles hasta el hospital”.
Lo que para la política fueron palabras que se las llevó el viento, la solidaridad de vecinos y referentes sociales convirtió en un acto concreto que devolvió movilidad y esperanza a Mayra y su familia. Gracias a la difusión del caso por parte del medio Alerta Norte, finalmente se logró conseguir la silla de ruedas que Mayra tanto necesitaba. Sin embargo, quedaba el desafío de trasladarla desde Orán hasta Pichanal, una tarea que la comunidad y los voluntarios asumieron con compromiso, frente a la total inacción del Estado local.
Gracias a la solidaridad de la comunidad, también se logró financiar 12 sesiones con una masoterapia. “Veo que quiere volver a caminar y, con mi fe, creo que puede. Mayra no puede mover una mano y apenas los pies, queda poco de la mujer que era hace cinco años, pero cuando llegamos con la mercadería se puso tan contenta”, agregó Ruiz.
La historia de Mayra es un ejemplo de cómo la solidaridad puede cambiar vidas, sobre todo cuando la asistencia oficial falla.