El conflicto entre Teresa Constantini y su exmarido parece, a primera vista, una disputa legal por el uso de un apellido. Sin embargo, detrás del expediente se esconde una discusión mucho más profunda sobre la identidad, la memoria y la construcción de una trayectoria personal.
Teresa Costantini es directora, actriz, guionista y productora, con más de 40 años de trayectoria y reconocimiento internacional. Desde hace casi seis décadas es conocida públicamente con ese nombre. Sin embargo, en diciembre de 2025, su exmarido, el empresario Eduardo Costantini, con quien estuvo casada durante 28 años, inició acciones judiciales para que deje de usar su apellido y avanzó con el pedido de nulidad del matrimonio religioso. Siempre alejada de la exposición mediática, Teresa decidió contar públicamente el dolor y el desconcierto que le provoca esta situación.
En una entrevista con María Laura Santillán que recibió con sorpresa un mensaje vinculado al pedido de nulidad de su matrimonio religioso y a la exigencia de dejar de utilizar el apellido Constantini, con el que se la conoce desde hace décadas.
"Me llegó un WhatsApp de una abogada canónica que me dijo que lo estaba acompañando en el pedido de nulidad del matrimonio. Sentí algo muy fuerte. Durante mucho tiempo me pregunté por qué me había dolido tanto", relató.
La respuesta, según ella misma explicó, está relacionada con la historia compartida durante casi treinta años de matrimonio, los hijos en común y la vida que construyeron juntos. "Fue durísimo recibir eso de un compañero de casi 30 años", afirmó.
Pero la cuestión excede el plano sentimental. La defensa de Teresa sostiene que el apellido fue utilizado de común acuerdo durante los 28 años que duró la relación y que, con el tiempo, dejó de ser simplemente un apellido marital para convertirse en una marca de identidad profesional.

La propia directora recordó que antes de casarse tampoco utilizaba el apellido paterno como principal identificación pública. "Siempre había sido Susana Correa, no López Navid, con lo cual no me resultó raro ponerme el apellido de casada cuando el documento me obligaba al de Constantini", explicó.
Esa afirmación introduce uno de los puntos más sensibles del caso: la diferencia entre el apellido como vínculo familiar y el apellido como construcción social. Porque después de décadas de actividad artística, premios, películas, entrevistas y reconocimiento público, Teresa Constantini ya no es solamente una persona que lleva un apellido. Es el nombre con el que el público la identifica.
La situación también impactó en el entorno familiar. Según contó, sus hijos vivieron la noticia como un verdadero shock y fueron quienes más la impulsaron a resistir el pedido.

"Fue durísimo para ellos. Fue un shock espantoso. Son los que más están apoyándome para que diga que no", sostuvo.
En definitiva, el expediente judicial abre un debate que trasciende a la familia Constantini. ¿Hasta dónde llega el derecho de una persona sobre un apellido? ¿Puede borrarse una identidad construida durante décadas por una decisión posterior? ¿Qué pesa más: el origen legal de un nombre o la historia que una persona construyó alrededor de él?