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Un dinosaurio del tamaño de una gallina obliga a reescribir 150 millones de años de historia

Un equipo de paleontólogos del CONICET, junto a colegas de Estados Unidos, descubrió en Río Negro un fósil de 95 millones de años excepcionalmente preservado. El hallazgo, publicado en la revista Nature, reescribe la evolución de los alvarezsaurios y desafía teorías instaladas desde hace décadas.

Redacción  Gente de Salta
por Redacción Gente de Salta 26 Febrero de 2026
26 Febrero de 2026
Alnashetri arriba de un Priosphenodon.
Alnashetri arriba de un Priosphenodon. Crédito: Gabriel Díaz Yantén.

En el norte de la provincia de Río Negro, en el área fosilífera de La Buitrera, Bajo capas de roca rojiza, donde hace 95 millones de años hubo desierto y vida pequeña que corría entre sombras, un equipo de científicos encontró algo más que huesos.

Makovicky, Apesteguia y otros miembros del equipo mueven el fósil.
Makovicky, Apesteguia y otros miembros del equipo mueven el fósil.

El ejemplar, casi completo y delicadamente preservado, pertenece a Alnashetri cerropoliciensis, un diminuto dinosaurio carnívoro del Cretácico Superior temprano. Su historia acaba de ser publicada en Nature, la revista científica más influyente del mundo. 

El nuevo fósil de Alnashetri no es el primero. En 2004, en la misma formación rocosa, el mismo equipo había descubierto un ejemplar fragmentario. Esta vez, el hallazgo es distinto: conserva casi todo el esqueleto faltan apenas el techo del cráneo, partes de la cola y porciones del lado derecho y permite observar detalles anatómicos hasta ahora desconocidos.

Los alvarezsaurios, grupo al que pertenece, surgieron hace unos 150 millones de años. Eran pequeños, de cuerpo liviano, cabeza reducida y dientes numerosos y diminutos. Sus brazos, en las formas más tardías, se redujeron hasta quedar prácticamente en un solo dedo robusto con una garra poderosa. Esa morfología llevó a muchos paleontólogos a pensar que excavaban termiteros y se alimentaban como osos hormigueros prehistóricos.

La hipótesis dominante sostenía que la miniaturización del grupo fue consecuencia de esa especialización insectívora. Pero el nuevo ejemplar pone en jaque esa idea.

Alnashetri arriba de un Priosphenodon.
Alnashetri arriba de un Priosphenodon.

“Hasta ahora se pensaba que el grupo se había ido especializando en la mirmecofagia, es decir, en comer hormigas y termitas, y se consideraba que esta era la razón de que se hubieran vuelto pequeños”, explica Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y responsable directo del hallazgo. “En Alnashetri vemos que su mano sigue siendo todavía la mano de un dinosaurio carnívoro relativamente típico y que sus dientes son los de un predador normal que no se alimenta de hormigas. Sin embargo, era también un dinosaurio diminuto, del tamaño de una gallina aproximadamente. Esto nos muestra que estos dinosaurios no se hicieron pequeños en relación al cambio de dieta, sino que siempre fueron de escaso tamaño”.

Setenta centímetros de longitud la mitad cola y apenas un kilogramo de peso. Un cazador mínimo en un mundo dominado por gigantes.

El análisis filogenético ubica a Alnashetri en una posición sorprendentemente primitiva dentro del linaje, incluso más basal que algunas formas conocidas del Jurásico Superior.

Detalle de Alnashetri.
Detalle de Alnashetri.  Crédito: Gabriel Díaz Yantén.

“Las hipótesis filogenéticas recuperan a Alnashetri como uno de los alvarezsaurios más basales, incluso más basal que algunas formas conocidas del Jurásico Superior. Esto implica que, apenas se origina el grupo en Pangea se dispersó a través del supercontinente”, señala Jorge Meso, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG).

El dato no es menor. Sugiere que el grupo surgió antes de la fragmentación de Pangea y que sus distintas ramas evolutivas ya se expandían cuando los continentes aún estaban unidos. La Patagonia, en ese mapa antiguo, no era un extremo sino un pasillo.

El estudio permitió además reinterpretar fósiles guardados en colecciones internacionales. Un pequeño terópodo de la Formación Morrison, en Wyoming, y Calamosaurus foxi, hallado en la Isla de Wight en el Reino Unido, pueden ahora ser comprendidos como parte del mismo linaje.

Durante años, el gran enigma fue la distribución geográfica: la mayoría de las especies conocidas provenían del Cretácico Superior tardío, hace unos 70 millones de años, en regiones tan distantes como Argentina y Mongolia. Había un vacío en los registros más antiguos. Alnashetri viene a llenar ese hueco.

El estudio histológico, realizado por Ignacio Cerda, permitió determinar que el ejemplar tenía al menos cuatro años al morir y que su crecimiento ya se había desacelerado. Era casi adulta. Más aún: los análisis sugieren que “Alna” como fue apodada era hembra y que ya había desovado al menos una vez.

“Una de las características más importantes de los miembros de este grupo es que, a lo largo del linaje, la mano se va acortando en longitud. Este acortamiento es acompañado del engrosamiento y mayor robustez del primer dedo mientras que los dígitos laterales se van reduciendo”, agrega Meso.

Pero en este caso, la mano todavía conservaba proporciones más clásicas. No era aún el instrumento especializado de sus descendientes.

Restos de Alnashetri Foto: gentileza investigador.
Restos de Alnashetri - Foto: gentileza investigador.

“El hallazgo y estudio de un nuevo ejemplar tan bien preservado y completo de un alvarezsaurio que vivió en Sudamérica hace unos 95 millones de años es importante porque nos permite comprender cómo y dónde evolucionó este enigmático linaje de dinosaurios carnívoros, y cómo se diversificó en diferentes continentes. El nuevo ejemplar también suministra información fundamental sobre la evolución corporal del grupo, al cuestionar ideas previas, como la constante miniaturización a lo largo de la evolución”, concluye Apesteguía.

El trabajo fue encabezado por Peter J. Makovicky, de la University of Minnesota, The Field Museum y Stony Brook University, junto a Jonathan S. Mitchell, del Coe College, y contó con el apoyo de la National Geographic Society. Por parte del CONICET participaron también Federico A. Gianechini, del IMIBIO-SL.

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