Después del duro golpe sufrido en la final del Torneo Apertura ante Belgrano, River Plate volvió a la acción y dio la cara en la última fecha de la fase de grupos de la Copa Sudamericana. En el Monumental, el equipo de Eduardo Coudet goleó 3 a 0 al ya eliminado Blooming de Bolivia, un resultado que no solo le aseguró el liderazgo del Grupo H, sino que lo posicionó como el segundo mejor primero del certamen, apenas detrás de Botafogo.
La noche tuvo además un fuerte condimento identitario: el "Millonario" terminó el partido jugando con 11 futbolistas surgidos de sus divisiones inferiores.
El clima en las tribunas: entre el pase de factura y el aliento
El encuentro estaba lejos de ser un simple trámite. River necesitaba asegurar la cima de su zona y, fundamentalmente, demostrar una reacción tras la frustración en Córdoba. A pesar de que el marco no parecía el más atractivo, miles de hinchas dijeron presente en Núñez para evaluar la respuesta del equipo.
La previa estuvo marcada por la tensión. Cuando la voz del estadio anunció la formación, el termómetro de las tribunas se hizo sentir:
Los más reprobados: Fabricio Bustos, Lautaro Rivero, Maxi Salas, Germán Pezzella, Giuliano Galoppo, Kevin Castaño y, en menor medida, Kendry Páez e Ian Subiabre recibieron silbidos.
El DT: Eduardo "Chacho" Coudet fue destinatario de algunos chiflidos tenues, mechados con aplausos.
Los ovacionados: Lucas Beltrán, Franco Armani, Lucas Martínez Quarta y el juvenil Joaquín Freitas fueron los únicos que se llevaron palmas unánimes.
Sin embargo, una vez que la pelota empezó a rodar, el público dejó de lado las quejas y alentó sin parar durante los 90 minutos.
Un primer tiempo incómodo y el empuje de los pibes
Para la ocasión, River estrenó una camiseta especial por su 125° aniversario (cumplido el pasado lunes), con un diseño donde los sponsors se lucían transparentes. En lo futbolístico, la primera mitad fue compleja y bastante insípida. Si bien el local dominó la posesión, le costó profundizar. La máxima chance estuvo en los pies de Maxi Salas, quien falló un penal a los 10 minutos estrellando su remate en el palo.
Lo mejor del arranque estuvo en la frescura de los juveniles:
Silva: criterioso en el eje de la mitad de la cancha y con personalidad para rematar.
González: punzante en sus proyecciones por el lateral.
Freitas: movedizo en ataque (metió el pase previo a la jugada del penal que Enoumba le cometió a Galván).
Este rendimiento inevitablemente abrió el debate de cara al pasado reciente: ¿qué hubiera pasado el domingo en la final si Coudet confiaba más en los chicos en lugar de aferrarse al viejo axioma de que "los pibes no ganan campeonatos"? La falta de oxígeno en el medio y la lesión de Acuña en Córdoba se sintieron ante la falta de variantes que anoche demostraron estar a la altura.
Ráfaga de goles y fiesta completa en el segundo tiempo
La historia cambió por completo en el complemento. De entrada, Martínez Quarta rompió líneas desde el fondo y pinchó una pelota notable para dejar mano a mano a Maxi Salas, quien tuvo su revancha: controló de zurda y definió de derecha para abrir el marcador.
Con el 1-0 y la tranquilidad del resultado, River se soltó. Minutos más tarde, el árbitro peruano Roberto Pérez cobró un penal inexistente sobre Freitas; a pesar del llamado del VAR, el juez ratificó su decisión frente a la pantalla y Fausto Vera lo canjeó por gol.
Para decorar el resultado, Silva frotó la lámpara y selló el 3 a 0 con un tremendo remate desde afuera del área, firmando así su primer tanto oficial con la banda roja.
El dato: Con las modificaciones del tramo final, River terminó el partido con 11 futbolistas de la casa (con la salvedad de Joaquín Freitas, quien debutó en Acassuso a los 15 años pero completó su formación en Núñez desde la Quinta División).
El cierre de la noche trocó los silbidos iniciales por aplausos, cantos de apoyo y el clásico pedido de campeonato.

